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Mario García, el intendente electo que se postuló aunque su madre no quería

El dirigente de Lavalleja gana confianza con Lacalle Pou; tiene un auto clásico Mercury y durante años llevó quinceañeras a sus cumpleaños y novias a sus bodas en Minas

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11 de octubre de 2020 a las 05:00

En su comité de las calles Aníbal del Campo y 18 de Julio, en el centro de Minas, Mario García estaba sentado solo, en silencio, cuando todavía era sábado y faltaban pocas horas para que abrieran los circuitos de las elecciones departamentales del 27 de setiembre. No había militantes. Tampoco amigos ni vecinos. Ni siquiera ruido. Eran solo él y un cuadro con la imagen de Luis Lacalle Pou y Beatriz Argimón de fondo en medio de un ambiente desértico en suelo serrano. 

Aunque a dos semanas la historia es conocida, era la primera vez que se postulaba a la Intendencia de Lavalleja y, aunque partía como favorito, se le notaba nervioso. Sin nadie a su alrededor, miró su celular, lo bloqueó, lo dejó algunos segundos en su bolsillo, pero volvió a prenderlo y apagarlo unas tres o cuatro veces por minuto. 

Estaba inquieto. Caminaba de izquierda a derecha mirando un punto fijo y solo frenaba para barrer. Barrió por varios minutos hasta que se sienta a descansar. Pero ya es tarde. Es tarde para pensar y su sonrisa desaparece. García no está.

El día de las elecciones fue otro. Se despertó a las 6.30 de la mañana y salió a la calle una hora más tarde para abrir las puertas de su comité. Sobre las 11, llegó al circuito 1 del Banco de Previsión Social (BPS) para acompañar a votar a su madre, que parecía algo perdida. “La acompaño desde hace años”, recordó en diálogo con El Observador. Y García está de nuevo. Está en su zona de confort y todos los presentes se apoyan en él.

“¿Dónde queda mi circuito?”, “¿hay lugar para sentarse?”, “¿dónde hago la fila?”, son algunas de las preguntas que le hacen. Sin importar si se adelantan a su madre en la fila, o si su delegada le insiste con sacarse una foto, los pedidos le llueven, y a veces no le corresponden. Pero, ¿qué más da? García asumió que para ser intendente tiene que poder con todo.

Rodeado de sobrinos, hermanos y su esposa, esperó los resultados de las elecciones departamentales por televisión, desde la casa de su madre. Allí, su sobrino actualizó a cada minuto los datos de la Corte Electoral como un adolescente que refresca desesperado su inicio de Instagram. Pero no es en vano, porque apenas ven que la tendencia es irreversible, se largan a festejar y los celulares quedan a un lado.

"¡Se siente, se siente, Mario intendente!", “¡olé, olé, olé, olé, Mario, Mario!”, corearon unos 200 militantes mientras esperaban, con poco ánimo de seguir las recomendaciones sanitarias, que García caminara las cuatro cuadras que separan a la casa de su comité para darle las felicitaciones por ser electo intendente.

Llovía y el cielo estaba rodeado de nubes. Un gélido viento abrazaba Minas y los bombos del Club Atlético Peñarol —equipo del que es hincha— musicalizaron desde la Plaza Libertad de Minas una noche fría, en la que la política le robó el protagonismo al fútbol y en la que García fijó una sonrisa de oreja a oreja.

 

Un saludo con el diputado frenteamplista Javier Umpiérrez, un breve discurso y el silencio de aprobación del rival político bastaron para que García levantara su cabeza, cambiara su expresión, y mirara a la nada con un gesto de orgullo. 

Aplausos en el comité. Aplausos desde la calle. La caminata hacia la plaza principal la hizo con una bandera de Lavalleja colgada en la nuca que le duró hasta la vuelta a su casa.

“¿¡Qué dice amigo!?”, “muchas gracias”, fueron sus palabras más repetidas durante un trayecto que acaba en un discurso que, por su inmediatez, sonó espontáneo.

Casi tan espontáneo como su acceso a esta entrevista, a la que entra vía Zoom mientras viaja como acompañante en un auto que va de Montevideo a Solís de Mataojo.

Prendió su cámara. Saludó y se mostró animado. Entre risas aclaró que no maneja él, sino un chofer. Y terminó su primera intervención con un recuerdo de sus inicios en política. “Me invitaron. Le pregunté al que me invitó qué era la política para él y me dijo ‘es la principal herramienta para ayudar a los demás’. Y a la cancha, fue inmediato. Me incorporé a la Agrupación (Aparicio Saravia), fui candidato y tuvimos una muy buena votación”, rememoró.

Padre por primera vez hace siete meses, siente que no ha disfrutado de su hija como debería. El cansancio y el estrés son justificaciones que García, consciente de su falta de tiempo, reconoce. Pero ya había sido alertado por su madre: ella no quería que fuera candidato a intendente porque pensaba que lo criticarían.

Una vez más, García habló —como el día de su triunfo, pero esta vez detrás de la pantalla— como un personaje medido, preciso, que por momentos cae en el cassette de lo políticamente correcto. Su lenguaje es formal, casi tanto como aquel que escuchaba en la facultad donde no perdió ni un solo examen, y su vestimenta también. Sus dotes de abogado están en casi todas sus frases, aunque, con el paso de los minutos y ya descontracturado, soltó un recuerdo de chiquilín. "En el liceo era un guarango”, comentó. 

Al entrar en confianza su tono cambió. Fue cada vez más melódico y menos estructurado. El atardecer se va pero una muletilla no se va nunca: siempre usa la tercera persona del plural para referirse a sí mismo. Un “estamos”, “planteamos”, “seguimos”, reemplaza un “estoy”, “planteé” y “sigo” cuando habla del primer proyecto de parque acuático en Sudamérica, que planea instalar en Lavalleja. Estimó que toda la obra costará US$ 10 millones, aunque espera financiamiento externo. Así las cosas, pese a que ya lo propuso en campaña y a que tiene el visto bueno del gobierno, no aseguró que lo vaya a realizar en su período.

“Hoy no hay seguridad de nada para nadie”, afirmó, y agregó que está costeando un “estudio de factibilidad económica” de su bolsillo para determinar los costos y beneficios del plan que ya le propuso al presidente Luis Lacalle Pou y “le gustó mucho”.

Cuando junto a Lacalle Pou eran diputados, en el período 2010-2015, formaron una relación que García define como “muy cordial” a partir de una coincidencia: sus despachos estaban enfrentados. Y la política volvió a encontrarlos años más tarde cuando en el 2019 migró de Alianza Nacional, sector de Jorge Larrañaga que integraba desde 2004, hacia Todos para dar su respaldo a Lacalle Pou en el tramo final de la campaña interna.

Pese a la cercanía y al vínculo que busca seguir cultivando, el día de su triunfo no atendió ninguna de las llamadas que el presidente le hizo. ¿El motivo? “La efervescencia colectiva”, explicó. Sin embargo, luego le agradeció por Whatsapp pese a que trata de molestarlo “lo menos posible” porque “entiende la situación en la que está”.

Aunque admitió que los análisis políticos no son su fuerte, García se animó a hacer varias reflexiones entre la luz del sol que cae, la oscuridad que abraza su Ford Fusion y el brillo de una pantalla de iPhone que no puede más de alto. “Creo que este presidente (Lacalle Pou) ha logrado que la gente se sienta orgullosa de él sin importar si lo votaron o no. Actúa como la gente espera de un presidente de la República”, sostuvo.

También contestó sobre el último mandato de la intendenta saliente de Lavalleja, Adriana Peña, quien gobernó por diez años, y le puso un puntaje del 1 al 10 sin demasiadas dudas: “5”, dijo.

Además, criticó al gobierno del expresidente y senador José Mujica, a quien aclara que solo conoce como político. “Muy mala gestión”, “transformación con saldo negativo”, “resultados paupérrimos” y “un país mucho peor de lo que encontró”, son los calificativos que empleó para describir un mandato que, a su juicio, es “el peor” de los últimos 15 años.

"El peor cocinero del mundo"

García es tan político que saluda con un beso y un abrazo pese a tener el tapabocas puesto. Es ese que por sus raíces —su padre fue edil dos veces— tiene a esa rama instaurada en su esencia. Pero por momentos escapa de lo formal. Por momentos habla como un joven y suelta confesiones que exponen sus limitaciones: “Soy el peor cocinero del mundo”, bromea.

“Pretendía hacer un pancho, que no me salió, una hamburguesa que se me prendió fuego el sartén y dije 'ta, si algo que definitivamente no es para mí, es la cocina'". Pero en la parte más dura, que es la limpieza, me defiendo bien y barriendo tengo nivel competitivo porque es una terapia que tengo”, apuntó.

Su otra terapia es correr. Sale "cada vez que puede" y en general hace diez kilómetros. Hace ya varios meses que, por la campaña, no compite en carreras, pero participó de varias San Fernando, San Antonio, y otras organizadas en La Paloma y Minas. El intendente electo aseguró que, aunque de joven hacía atletismo, salir a trotar con 51 años es de las pocas cosas que le quedan de la época juvenil.

Durante los fines de semana muestra otra faceta que pocos dirigentes le conocen: lleva gratis a quinceañeras o novias a punto de casarse en un Mercury que era de su padre y que, salvo a su sobrino, no se lo presta a nadie. Los pedidos lo abruman desde que lo arregló en 2003, pero ahora es la primera vez que, por la pandemia, “el servicio está parado”. 

A partir de noviembre, si los casos de coronavirus bajan y las fiestas regresan, García podrá volver a ofrecer su auto clásico para estos paseos. Pero, además de ese pasatiempo, asumirá como intendente. Cuando eso se le menciona, su cara cual niño que recibe un regalo de cumpleaños se mezcla con la seriedad de un hombre que parece consciente de la relevancia que implica el cargo. Ahora, además de las exigencias de su madre, esposa o hija de siete meses, tendrá, durante los próximos cinco años, demandas y responsabilidades por gobernar a un departamento entero.

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