Consultada por AFP, McKinsey respondió afirmando que "la sostenibilidad es una prioridad fundamental" y que está “comprometida” a ayudar a sus clientes a descarbonizarse. "Estamos orgullosos de apoyar la COP28 aportando nuestra visión y análisis estratégicos, así como nuestra experiencia sectorial y técnica", declaró la compañía, que se ha visto involucrada en diversas controversias y suele escudarse argumentando que su papel es el de un mero asesor.
Según las fuentes consultadas durante la investigación periodística, las consultoras competidoras de McKinsey que operan en Dubái trabajan con miras a encontrar soluciones climáticas reales en los encuentros preparatorios de alto nivel.
"Estaba muy claro desde un el comienzo que McKinsey tiene un conflicto de intereses", aseguró una fuente que participó en las discusiones. "Dan consejos al más alto nivel que no son lo más deseable para el presidente de la COP, como líder de un acuerdo climático multilateral", apuntó una de las fuentes. “En lugar de eso, le dicen a la presidencia lo que la presidencia quiere escuchar como responsable de una compañía petrolera”, añadió la fuente.
Uno de los expertos convocados por AFP para analizar un borrador elaborado por Mckinsey y filtrado a la prensa señaló que parece “escrito por la industria petrolera para la industria petrolera". "Esto, claramente, no es un camino creíble rumbo al cero neto de emisiones”, afirmó Kingsmill Bond, del centro de reflexión Rocky Mountain Institute, organización enfocada en promover innovaciones rentables para la eficiencia energética.
Consultada por AFP, la oficina de prensa de la COP28 sostuvo que "McKinsey apoya la COP28 aportando ideas y análisis de forma gratuita" y añadió que “es simplemente incorrecto” que la compañía haya presentado o promovido escenarios incompatibles con los objetivos climáticos mundiales.
El Acuerdo de París de 2015 pide a los países contener el calentamiento global a +1,5 ºC respecto a la era preindustrial, y el grupo asesor de científicos de la Naciones Unidas (ONU) asegura que la economía global debe alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 para conseguirlo.
Sin embargo, los analistas dicen que la hoja de ruta propuesta por McKinsey a Jaber permitiría a las firmas de combustibles fósiles continuar extrayendo demasiado petróleo y gas para cumplir este objetivo.
El uso de gas y especialmente de petróleo que sugiere el documento para 2050 -es decir: de 40 a 50 millones barriles diarios- es el doble del que plantea la hoja de ruta de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), afirma Jim Williams de la Universidad de San Francisco, uno de los principales expertos en modelar trayectorias de descarbonización.
Este escenario de la consultora debe implicar "o bien niveles mucho más masivos de tecnología de emisiones negativas", que retiran el CO2 del aire, "o un abandono más rápido del carbón y el gas", asegura el antiguo geólogo de British Petroleum, Mike Coffin, responsable del equipo de Petróleo, Gas y Minería en Carbon Tracker, organización sin fines de lucro con sede en Londres que investiga el impacto del cambio climático en los mercados financieros.
El borrador de la consultora para la COP28 también argumenta que hasta mitad de siglo se necesitarán US$ 2,7 billones en inversiones en la industria del gas y el petróleo. "Incluso con la situación actual y sin políticas climáticas adicionales, podemos esperar que la demanda mundial de petróleo alcance su punto máximo esta década", explica el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol.
Grandes empresas de combustibles fósiles, animadas por los altos precios y los beneficios conseguidos tras la guerra de Ucrania, se echaron atrás en sus compromisos de transición a energías renovables y, en algunos casos, doblaron su apuesta en su principal negocio.
"Nos quedaremos anclados en lo que sabemos que se nos da bien", admitió el presidente de ExxonMobil, Darren Woods, al socio de McKinsey Thomas Hundertmark en una entrevista el mes pasado para justificar por qué la firma se mantiene alejada de la energía eólica y solar.
McKinsey sostuvo en 2021 que aspiraba a ser "el mayor catalizador del sector privado por la descarbonización". No obstante, ese mismo año, su cabildeo por clientes de combustibles fósiles generó una rebelión en sus propias filas. Más de 1.100 de sus empleados firmaron una carta interna en la que adviertieron del "riesgo significativo para McKinsey y nuestros valores en caso de seguir el rumbo actual".
"Nuestra inacción sobre las emisiones de los clientes plantea un serio riesgo a nuestra reputación. Durante años hemos dicho al mundo que sea valiente y que se alinee al camino de emisiones de 1,5 ºC; ya es hora de que sigamos nuestro propio consejo", escribieron los empleados de la consultora.
McKinsey argumenta que la empresa se ha comprometido a ayudar a sus clientes a alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050, lo que implica comprometerse con "sectores que emiten muchas emisiones" y que “abandonarlos no contribuiría en nada a resolver el desafío climático".
Al acelerarse el calentamiento, muchas empresas, en especial las multinacionales, contratan consultoras para detectar oportunidades y riesgos relacionados con el clima. "Necesitamos la ayuda de las consultoras porque tenemos que ponernos en marcha muy rápidamente", sostiene Bob Ward, director de política y comunicación del Instituto Grantham de Investigación sobre Cambio Climático y Medio Ambiente en la London School of Economics.
"Sin embargo, es esencial que trabajen activamente por la transición en lugar de intentar frenarla debido a los intereses creados en algunos sectores, como la industria de los combustibles fósiles", aclara Ward.
Los grandes actores del mundo de los negocios globales, en especial los llamados especialistas en estrategia, como McKinsey, Boston Consulting Group y Bain, contratan a los mejores graduados universitarios y les proponen sueldos exhorbitantes para elaborar planes para sus clientes.
Estructurada como una firma legal, McKinsey tiene unos 35.000 empleados en todo el mundo, incluidos 2.500 socios y 700 socios senior semiautónomos. El año pasado reportó ingresos por unos US$ 15.000 millones y promueve los cuestionados mercados privados de carbono de sus clientes, como las petroleras Chevron y British Petroleum, la firma energética Drax y el gigante minero Rio Tinto.
McKinsey sostiene que ha ayudado a clientes del sector de la salud a desarrollar su capacidad solar, a proveedores de energía eólica a ser más competitivos y al menos a un país en desarrollo a abastecerse de más electricidad con energías renovables, pero sin brindar mayores detalles.
"Si queremos asegurar una reducción controlada de la producción de combustibles fósiles, no podemos hacerlo si quienes ayudan a las compañías a ganar dinero con la producción de combustibles fósiles continúan participando de la COP”, advierte Pascoe Sabido, investigador del centro de estudio Corporate Europe Observatory.
Sabido advierte que hay un "punto ciego" regulatorio sobre el papel de las consultoras en el manejo de la crisis climática. "Los grupos de presión y los amaños que ocurren entre telones son mucho más peligrosos porque hay mucha menos responsabilidad", dice el experto.
McKinsey fue noticia en los últimos años. En los dos últimos tuvo que pagar cientos de millones de dólares luego que varias demandas judiciales de autoridades locales la acusaran de fomentar una epidemia de sobredosis de opioides al asesorar a empresas farmacéuticas, un caso en el que McKinsey niega cualquier irregularidad.
Numerosos estudios han demostrado que los gigantes del petróleo y el gas sabían de la probable trayectoria e impactos del calentamiento global desde los años 1970, según investigaciones de sus propios científicos, al tiempo que sembraban dudas sobre la ciencia climática que planteaba las mismas conclusiones.
“McKinsey es capaz de hacer un buen trabajo ayudando a sus clientes a navegar la transición energética, pero ese trabajo palidece en comparación con lo que hace por la industria petrolera", comenta un exconsultor de McKinsey que pidió no ser identificado por un acuerdo de confidencialidad.
"Trabajan para los grandes contaminadores del mundo", argumenta al exempleado de la consultora. "Se la puede presentar como la consultora más poderosa de petróleo y gas del planeta que se presenta como un firma sustentable, que asesora a clientes contaminadores para mantener el statu quo", concluye el exconsultor.
(Con información de AFP)