La novela de aprendizaje es un género literario que describe la transición de un personaje desde la niñez hasta la adultez. En este tipo de narrativa, el personaje principal generalmente atraviesa una experiencia de desengaño o dolor que le permite crecer y evolucionar. Tras 40 años de democracia en Argentina, ¿Habremos aprendido a votar? ¿Seremos ya adultos o seguiremos siendo niños y volveremos a ser engañados?
Sostengo que podemos aplicar el modelo de la novela de aprendizaje a las últimas cuatro décadas de la política argentina. A lo largo de este tiempo, hemos sido testigos de personajes novelescos que, apareciendo desde la política, han permanentemente engañado a un pueblo, que cada vez es más pobre y cada vez vive peor.
A continuación, mencionaré dos ejemplos icónicos de “Don Quijote” (una obra que algunos consideran una 'novela de aprendizaje') y los relacionaré con un reciente evento en la política argentina. En una famosa escena, Don Quijote confunde molinos de viento con gigantes malvados y se lanza a combatirlos. En otro momento, confunde rebaños de ovejas con un ejército enemigo y se enfrenta a ellos con determinación. De manera similar, en una entrevista reciente, un destacado funcionario argentino fue consultado sobre la pobreza y respondió mencionando la capacidad del país para poner satélites en órbita.
Maquiavelo afirmaba que las personas juzgan más por lo que ven que por su inteligencia, ya que todos pueden ver, pero pocos pueden comprender. En Argentina se puede ver y hasta palpar el barro, el hambre, la pobreza. Asimismo, la inteligencia nos permite reconocer que los argentinos están descendiendo un escalón socioeconómico cada día. No solo observamos este declive, sino que también lo sentimos y
comprendemos.
En la literatura clásica hay un momento en el que se devela la trama y es el reconocimiento, revelación o “anagnórisis”, que generalmente se produce al final de la novela. Por ejemplo, cuando Odiseo al llegar a Ítaca fue reconocido por una criada a partir de una cicatriz en su muslo.
El reconocimiento de un personaje por parte de otro en una obra dramática es lo que provoca el desarrollo del conflicto. Lo interesante y asombroso en estas elecciones presidenciales en Argentina es que hasta hace unos años el votante se enfrentaba a la anagnórisis del candidato tras aproximadamente un año de haberlo elegido. Pero ahora parece ser que hay un candidato que se presenta sin disfraz y es Javier Milei. En esta ocasión, el reconocimiento del carácter de un candidato se da antes de la elección. El aprendizaje es inaudito porque todo el conflicto sucede antes de la trama (si tomamos los cuatro años de una eventual presidencia como la trama). Todo está claro desde el principio. Históricamente los candidatos llegan a la política disfrazados de amables, de empáticos, caminan calles con barro, tocan, besan, prometen y acarician con miradas de “Soy el camino”.
¿Servirá este modelo de no anagnórisis post eleccionaria de Milei? ¿Será demasiado riesgosa esta empresa nunca antes acometida por la política de mi país?
Después de 40 años de democracia el pueblo argentino parece al menos haber aprendido a detectar mentirosos, engañadores y filibusteros del disfraz. Quizás por eso Milei decida presentarse sin máscara alguna. Y eso resulta inquietante para muchos.
Para finalizar, volvamos al principio. ¿Cómo muere Don Quijote? Como Alonso Quijano (nombre real del personaje): “Señores —dijo don Quijote—. Yo fui loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno”. En última instancia, cabe preguntarnos si la política tradicional morirá en esta elección siendo como Don Quijote o si se despojará de su máscara y morirá como Alonso Quijano. Los ciudadanos de a pie no son ya los más engañados, puesto que lo que está en juego es palpable para ellos.
Los políticos son tanto engañadores como engañados. Engañan al pueblo y, al mismo tiempo, se engañan a sí mismos, creyendo que son Don Quijote cuando todos sabemos que morirán siendo Alonso Quijano.