11 de marzo 2015 - 18:00hs

Hace unos años El Observador publicó un artículo sobre cómo varias publicidades y películas tomaban locaciones de Montevideo como simulación de otras ciudades.

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En Los enemigos del dolor, la película del uruguayo Arauco Hernández que se estrena hoy en las salas locales, un alemán llega desde Berlín a Montevideo a finales de los ochenta o principios de los noventa en busca de algo. No sabemos qué. Es un personaje desterrado en un territorio hostil. No habla español y se mueve por intuiciones. Solo tiene un número de teléfono, y todavía le falta una cifra.

La capital uruguaya, según como la muestra Hernández y el ojo de su director de fotografía, el alemán Thomas Mauch (quien filmó con Werner Herzog Aguirre, la ira de Dios y Fitzcarraldo, entre otras), bien podría ser Berlín Oriental. O Budapest. O Bucarest. O cualquier capital de una decadente Europa del Este levantándose de la ruinas del poscomunismo. O ningún lado, porque las similitudes terminan por anular un poco la autenticidad.

¿Es esta una película uruguaya? Es una película que transcurre en Uruguay, aunque ese Uruguay pueda ser intercambiable.

“Uno de mis temores siempre fue fallar en el retrato del alemán. Estar metiendo las narices en una cultura de la que yo conocía poco. Sin embrago la película abrió en Locarno, Suiza, y nadie pareció notar que había sido dirigida por un uruguayo que no hablaba alemán”, dice Hernández en entrevista con El Observador, al destacar las cualidades camaleónicas de lo filmado.

Con respecto a la “cercanía” de las ciudades, el director confiesa que hubo una intención premeditada de que el protagonista se moviera en apariencia, ya que su viaje físico no lo hace escapar de su viaje mental, interior. “La idea era narrar la historia de un hombre que cruza el mundo para llegar al mismo lugar, un limbo en el que está condenado a enfrentar todo lo que cree haber dejado atrás y todo lo que ha traído. Un viaje en el que cruza el espejo para enfrentarse consigo mismo”, declaró.

Hay un par de películas alemanas que no transcurren en Alemania pero que la mano germana de sus directores se nota detrás de cámaras. Bagdad Café, de Percy Adlon y, sin dudas, París, Texas, de Wim Wenders. Los enemigos del dolor abreva en ese cauce.

Paris, Texas de Wenders siempre estuvo bollando en mi cabeza. La idea de una película que narra el final de una historia que comenzó mucho tiempo atrás y ahora solo asistimos a su conclusión. Más que directores o películas, lo que intentaba emular era el sentido de libertad de la nueva ola del cine alemán de los setenta. Buscaba sumergir a la película en esa libertad estilística y narrativa”, explicó Hernández.

La idea de la película le surgió a Hernández en 2006, cuando estudiaba en Nueva York. Desde entonces hasta hoy, día del estreno comercial (la película se preestrenó la semana pasada), pasaron nueve años. Esto es bastante común en la filmografía uruguaya: la dilación de los tiempos entre los procesos de culminar el guión, filmar, posproducción y tratamientos técnicos, todo ello con dependencia de ganar o no concursos que otorguen fondos.

Durante nueve años, ¿no fue una carga mantener con vida a los personajes de la película sin que se movieran en la pantalla? “En esos nueve años realicé una docena de películas como director de Fotografía. Pasé años viajando de un lugar a otro. Así que, más que una carga, Los enemigos se volvió un refugio. La labor cinematográfica es un trabajo profundamente colectivo y contra reloj. Volver al escritorio y sentarme a escribir era la forma de volver a un proceso íntimo en el que podía encontrarme con mis obsesiones en paz. Los personajes se volvieron verdadera compañía”. Como si la película fuera una isla. O una ciudad de la que es difícil saber su nombre.

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