The Sótano > THE SOTANO/ EDUARDO ESPINA

Muerte líquida

La propuesta de los organizadores es: pague $ 3 mil y tome hasta morir

Tiempo de lectura: -'

17 de noviembre de 2017 a las 04:55

A la ficción y a la realidad les encantan los excesos. En Rollerball, la original de 1975, dirigida por Norman Jewison (maestro cuando quería),los jugadores mueren en el violento juego que se parece a varios deportes y que tiene a la muerte como protagonista de fondo. Es una de las películas más visionarias que ha hecho Hollywood.

En 13 Tzameti (2005), filme francés original y alucinante, se cuenta la historia de Sébastien, inmigrante pobre que para ganar dinero debe apostar su propia vida, jugando a la ruleta rusa. Si la bala en el tambor del revolver no le toca a él, sigue vivo y con más plata en el bolsillo. La premisa se basa en historias supuestamente verdaderas.

El Nathan's Hot Dog Eating Contest es un torneo de carácter anual que premia a la persona que pueda comer más panchos. El estadounidense Joey Chestnut, de 33 años, se coronó campeón mundial el pasado 4 de julio, luego de ingerir 70 panchos en 10 minutos. Por dinero, el ser humano es capaz de arriesgarse a todo. Competencias extrañas, en las cuales los participantes ponen en riesgo su vida, proliferan por todo el mundo, y cada vez más, pues la posible muerte de quienes se animan a participar se transformó en espectáculo "de interés general". La muerte vende.

Triste y horrendo, pero es así. En un boliche montevideano planean realizar el 2 de diciembre próximo el "Primer Torneo Nacional de Bebida", que obliga a los participantesa tomar 24 litros de cerveza, cuatro litros de caipiriña, dos litros de whisky, dos litros de grapa y un litro de tequila, si quieren ganar un premio de 120 mil pesos, cantidad miserable, pues son apenas US$ 4 mil (no da ni para comprar dos pasajes de avión a Europa) y es la vida la que está en juego.

La tremenda aberración del certamen se verifica a partir del hecho de que, para colmo, encima "cada jugador debe pagar $ 3.000" de inscripción. O la era de la idiotez vive su apogeo en Uruguay y no nos habíamos dado cuenta, o los descerebrados son más de los uno podría haber imaginado. ¿A quién se le ocurre pagar para intentar suicidarse a la vista de todos? Al menos los maestros japoneses hacían harakiri en público con respeto, con elegancia incluso.

Comentarios