24 de marzo 2022 - 16:04hs

Gideon Rachman

"Dime cómo va a acabar esto" es una de esas cosas que la gente dice en las películas … y a veces también en la vida real. Es la pregunta crucial sobre la guerra en Ucrania, pero que a veces queda oculta por el dramatismo y el horror de los acontecimientos cotidianos.

Justo antes del estallido de la guerra, la mayoría de los expertos militares esperaban una rápida victoria militar rusa. Eso resultó ser un error; y habrá más sorpresas. Así que todas las predicciones deben hacerse con humildad.

Dicho esto, hay tres escenarios en Ucrania que actualmente parecen más probables. El primero — que es a la vez el más trágico y el más probable — es que esta guerra continúe durante muchos meses. La segunda posibilidad — digamos que podría ser del 30 por ciento — es que se llegue a un acuerdo de paz. El tercer escenario — que quizá tenga un 10 por ciento de probabilidades — es que se produzca algún tipo de agitación política en Rusia, que implique el derrocamiento del presidente Vladimir Putin y un nuevo enfoque hacia Ucrania.

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El escenario de la guerra larga y dura supone que ni Rusia ni Ucrania son ahora capaces de lograr la victoria total y que ninguno de los dos está dispuesto a conceder la derrota. Putin lucha por salvar su vida política y los ucranianos por salvar su país.

Tras casi un mes de conflicto, Rusia no ha logrado tomar el control de ninguna de las principales ciudades de Ucrania y ha sufrido grandes pérdidas de hombres y equipos. Los rusos pueden estar a punto de conquistar el estratégico puerto de Mariúpol, pero sólo si lo destruyen en el proceso.

La creciente brutalidad de las tácticas rusas, que se puede apreciar plenamente en Mariúpol, es una guía para el futuro. Conforme se desesperan, los rusos pueden volverse aún más feroces. Hay indicios ominosos de que el Kremlin está considerando el uso de armas químicas ya utilizadas en Siria.

Pero Kiev tiene aproximadamente seis veces la población de Mariúpol. Rodear la capital de Ucrania, bombardearla hasta que se rinda y luego tomar el control de la misma parece estar más allá de las capacidades del ejército ruso. Incluso la captura de Odesa, lo cual le permitiría a Rusia controlar efectivamente el litoral ucraniano, podría llevar meses e implicar la destrucción de la ciudad portuaria que sirve de cuartel general de las fuerzas navales ucranianas.

Además de causar terribles bajas, una guerra prolongada aumentaría constantemente el riesgo de escalada. La presión sobre los líderes occidentales para que intervengan aumentaría conforme empeoren las atrocidades. Es probable que los gobiernos estadounidense y europeos sigan resistiendo esa presión. Pero la intensificación de la ayuda militar a Ucrania puede desdibujar la línea entre la intervención y la no intervención, aumentando el riesgo de un choque directo entre Rusia y Occidente.

Las terribles pérdidas para ambas partes, ahora y en el futuro, deberían aumentar las perspectivas de una paz negociada. Rusos y ucranianos han estado en discusiones casi desde el comienzo del conflicto. Los ucranianos parecen haber aceptado que no entrarán en la OTAN y que serán un Estado neutral. Ésta era una de las principales demandas de Rusia y podría permitirle a Putin alegar algún tipo de victoria.

Hay otras grandes cuestiones que siguen sin resolverse. El estatus de Crimea ocupada por Rusia y de Donetsk y Lugansk, que Rusia reconoce ahora como Estados independientes, no está acordado. Un acuerdo de paz podría implicar algún tipo de compromiso creativo que acepte el statu quo actual, sin hacerlo permanente.

Incluso si se llegara a un acuerdo sobre estos temas, quedarían otras cuestiones muy difíciles. Ucrania — comprensiblemente — quiere ahora algún tipo de garantías internacionales de seguridad.

Pero si eso se pareciera a un ingreso en la OTAN con otro nombre, podría no ser aceptado por Rusia o, de hecho, por los propios gobiernos de la OTAN. Rusia podría exigir el levantamiento de las sanciones occidentales como condición para retirar sus tropas. Pero EEUU y la Unión Europea (UE) se mostrarán reacios a acabar con el estatus de paria de Rusia, mientras Putin siga en el poder.

La suposición actual en Washington es que los rusos probablemente no están negociando de buena fe. Incluso el anuncio de un alto el fuego es probable que se trate con escepticismo, ya que Rusia puede aprovecharlo como una oportunidad para reagruparse militarmente.

Pero si Putin sigue empeñado en la guerra, puede cometer otro error catastrófico. La presión sobre la economía y el ejército rusos no hará más que aumentar en los próximos meses. Algunos analistas militares creen que el ejército podría quedarse pronto sin municiones y sin tropas. Hay escasez en las tiendas y los precios suben.

Las muestras de disidencia pública continúan en Rusia, a pesar del riesgo que corren los manifestantes. El propio Putin se ha dedicado a denunciar airadamente a los traidores y quintacolumnistas. Al parecer, algunos altos cargos de los servicios de inteligencia han sido puestos bajo arresto domiciliario.

AFP Mujer detenida en Moscú tras manifestarse contra la invasión a Ucrania

Por otro lado, convertir toda esta confusión y pánico en un golpe de palacio efectivo contra Putin es una tarea muy difícil. El líder ruso es muy cuidadoso con su seguridad, tanto que no parece dispuesto a permitir que se acerquen a él ni siquiera sus ayudantes más cercanos.

Las voces disidentes fueron purgadas del Kremlin hace mucho tiempo. Habrá desacuerdo y angustia en todo el sistema ruso, pero coordinar eso para que produzca un complot efectivo para destituir a Putin puede no ser posible.

Así que esas son las tres opciones: una guerra prolongada; un acuerdo de paz; o un golpe de Estado en Rusia. Esperemos lo primero, trabajemos para lo segundo y deseemos lo tercero.

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