El presidente tiene unos días para pensar qué lugar da a sus socios políticos y cuánto de sus propuestas integra a los planes de su gobierno, que es el gobierno de toda esa base partidaria amplia y multicolor. No tiene que hacerlo por la presión de una eventual fractura en la coalición, porque los partidos miembros tienen un incentivo determinante para permanecer aliados hasta el final: no hay 2024 sin 2021.
Lo mismo podrá decirse en el 2022 y en el 2023.
Colorados, Cabildo y el Partido Independiente saben que su futuro político depende de la suerte de este gobierno y saben que para 2024 no hay otro esquema posible que la revancha entre bloques, y que los votantes de un lado y otro no perdonan que dinamiten sus posibilidades por poner en juego la unidad interna de cada bando.
Este verano se habló de “perfilismos” porque Manini Ríos llevó a la Torre la idea de apoyar a pequeñas empresas y porque Sanguinetti hizo la presentación pública del paquete de medidas económicas del Partido Colorado, aunque eso no debe alarmar, porque está en la lógica de la política, y en todo caso le da a la “multicolor” variedad de propuestas, para comprender a públicos distintos, como bien sabe hacer el Frente.
Más prolijo sería que Cabildo y el PC presentaran esas ideas en la interna y no públicamente, pero estos partidos se quejan de no contar con un ámbito para hacerlo y Lacalle Pou no ha dado respuesta. Su idea original fue la de hacerlo en el Consejo de Ministros pero Manini no agarró, Talvi huyó, el Partido de la Gente se esfumó…
Si no tiene que hacerlo por riesgo de ruptura, ¿por atender los planteos de los socios? Porque corresponde que lo haga y porque precisa hacerlo si quiere lograr éxito en la gestión.
La “multicolor” cumplió con las reformas acordadas (LUC), con el Presupuesto y varias leyes más, pero faltan cuatro años de gobierno y para que la gestión supere el desgaste natural y el impacto de la pandemia en la economía, y sobre todo para que sea exitosa, el presidente precisa mejorar la articulación con sus socios, para avanzar en reformas y evitar que la oposición aproveche desencuentros del oficialismo para incidir políticamente.
Lacalle Pou tiene la chance de ser el primer presidente en llegar a la elección siguiente, con la base de coalición intacta y eso tiene alto valor político.
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Veamos las experiencias de gobierno con acuerdo entre partidos que se dieron desde la recuperación de la democracia.
1985-1990. Sanguinetti ganó las elecciones de 1984 con 41% del Partido Colorado, por lo que precisaba alianza para votar leyes. Ferreira fue liberado el 1º diciembre y en su discurso destacó que “el deber de todos es asegurar la gobernabilidad del país” y ofreció garantías para eso: “estamos dispuestos a votarle en el Parlamento al gobierno que presidirá el Dr. Sanguinetti, todo aquello en que coincidamos y todo aquello –a condición de que no comprometa principios esenciales– en lo que, aunque no coincidamos, resulte indispensable para proporcionarle al nuevo gobierno la posibilidad de moverse, de gobernar”.
El presidente electo procuró el armado de un gobierno de “unidad nacional” pero el planteo no prosperó, porque solo la Unión Cívica aceptó integrar el gabinete, y la alternativa fue de incluir ministros blancos que no representaban al partido, sino a título personal (Iglesias como canciller y Ugarte en Salud), lo que se conoció como gobierno de “entonación nacional” y hubo acuerdo para aprobar leyes, incluso la polémica de “la caducidad”. La alianza fue desentonando al acercarse la elección de 1989.
1990-1994. El Partido Nacional ganó en 1989 con 39% y el presidente electo Luis Alberto Lacalle se propuso instalar un gobierno de “coalición a la europea”, pero no le fue sencillo e insistió en formas más flexibles. Logró acuerdo más suave con todos los blancos y las tres corrientes coloradas (pachequismo, la 15 y el Foro Batllista) sobre la base de acuerdos en reformas institucionales, ajuste fiscal, plan económico, seguridad social, relaciones laborales, educación y plan social, que se conoció como la “coincidencia nacional” de gabinete ministerio compartido (cuatro colorados). Con el ajuste fiscal de marzo ya se produjo la primera fractura (el sector de la UCB liderado por Millor) y la reforma de empresas públicas y otras medidas derivaron en nuevos alejamientos.
1995-2000. El segundo gobierno de Sanguinetti logró un acuerdo de mayor alcance, ya que el nuevo presidente de los blancos, Volonté, compartía la ida de coparticipación y así nació “la coalición de gobierno”, que tuvo larga duración, pero siempre con el desenganche de cada partido en el tiempo cercano a la campaña electoral.
2000-2005. Ya con el régimen de balotaje, el Frente Amplio fue el lema más votado en 1999 y eso obligaba a colorados y blancos a una alianza electoral para votar unidos en balotaje, lo que se haría con el paraguas de un acuerdo programático entre Batlle y Lacalle, que implicaba integración en el gabinete y bancada mayoritaria en el Parlamento, lo que debido al título del documento firmado (“Compromiso para formación de un gobierno nacional”) quedó como el gobierno de “compromiso nacional”.
2005-2020. El Frente Amplio llegó al gobierno en el momento justo, cuando su tendencia creciente lo llevó a más del 50% del electorado, por lo que ganó en primera vuelta y con mayoría de bancas en Senado y Diputados, y no precisó acuerdos extrapartidarios para votar sus leyes. Todo se concentró en negociaciones internas, que no fueron sencillas pero que demostraron un exitoso ejercicio de disciplina partidaria.
2020-2025. Lacalle Pou trazó una estrategia que comprendía la búsqueda de coincidencias programáticas para trabajar en un programa común a varios partidos, no solo los fundacionales blancos y colorados, sino que abarcara a la centroizquierda del PI. No le fue fácil cumplirlo y debió tejer política un entramado variopinto, que se llamó “coalición multicolor” pero se firmó el “Compromiso por el país”, como acuerdo programático que luego se convirtió en la ley de Urgente Consideración.
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No se trata de un gesto del presidente a los socios, sino de encontrar una mejor coordinación política entre líderes de la “multicolor”, que no es sencilla pero sí necesaria para el gobierno. El presidente es el presidente y eso no se delega, pero Lacalle Pou tuvo 28,6% de los votos en primera vuelta y la bancada blanca responde a ese resultado.
En la interna blanca surgirán planteos, reclamos, de algunas figuras que también precisan mostrar perfil y también quieren incidir en las decisiones, y aunque Lacalle Pou tiene oficio para manejarse en esos tironeos, precisará concentrarse en capitanear el barco.
El presidente es Lacalle Pou y eso no se comparte, pero el gobierno es de un conjunto político y eso debe reconocerse. La forma que encuentren para mejorar en articulación política entre los socios determinará el resultado de la coalición, que no solo llegue intacta hasta 2024, sino que sea efectiva en su rol de gobernar.