Ser millonario no es un requisito excluyente para invertir en una startup. El caso uruguayo de la fintech MiCheque, que logró levantar US$ 500 mil de 56 personas que invirtieron desde US$ 5.000, es prueba de ello.
Educar a tus inversores
“Hola, ¿cómo estás? Te escribo porque estás registrado como inversor en nuestra plataforma y estoy seguro de que esta oportunidad puede ajustarse a tus intereses como inversor”. Ese mensaje envió el emprendimiento MiCheque a 1.000 usuarios de su plataforma y así fue como logró levantar US$ 500 mil en su segunda ronda de inversión.
“En lugar de salir a buscar inversores ángeles que tengan el perfil ya establecido, que son más o menos los mismos de siempre, abrimos la oportunidad a un conjunto de miniinversores. Era sobre todo una prueba”, contó a Café & Negocios el CEO de MiCheque, Milton Rodríguez. El piso para invertir en MiCheque, en este caso, fue de US$ 5.000. El formato elegido por los emprendedores para esta ronda fue el de notas convertibles. Conocieron el modelo a través de uno de sus socios en España y decidieron adaptarlo a Uruguay.
Su principal característica es que permite invertir en una startup “sin grandes trámites ni burocracias”. “No necesitan acordar una valuación. Se evita esa negociación y directamente va por tres características: vencimiento, descuento y techo de valoración”, explicó. A cambio del dinero, el inversor recibe acciones por el valor que tengan en el corto o mediano plazo.
En el mail enviado se adjuntaron artículos sobre las notas convertibles y otros sobre la empresa como oportunidad de inversión. La repercusión fue tanta que enviaron a los interesados un podcast del autor de Neurona Financiera, Rodrigo Álvarez, para responder a todas las consultas. “Al principio abrimos una ronda por US$ 200 mil y cuando nos dimos cuenta habíamos pasado los US$ 230 mil”, recordó Rodríguez. Por eso, continuaron hasta alcanzar los US$ 500 mil.
En la etapa de captación, invitaron a los interesados a una charla informativa. “No aceptamos a nadie que quiera invertir que no quiera ir a una charla informativa”, indicó Rodríguez. Entre los inversores, el 99% no tenía experiencia invirtiendo en startups.
En la charla se habló de los planes de la empresa pero, sobre todo, de lo que implica invertir en un emprendimiento. “Entendíamos que había una responsabilidad enorme invitando a personas a invertir en una startup de explicar dónde se estaban metiendo y cuál era el riesgo”, añadió el emprendedor.
Desde US$ 50.000
Según explicó la directora de Xcala, Isabelle Chaquiriand, los inversores ángeles se involucran en un emprendimiento una vez que este se valida y empieza a buscar fondos para crecer.
Un inversor ángel es aquel que decide invertir su patrimonio y ahorros personales en emprendimientos. Pero lo clave es que, además de aportar el capital, suma conocimiento y experiencia. Suelen ser personas que conocen del negocio en que invierten. En la región, estas inversiones típicamente van desde los US$ 50 mil hasta los US$ 200 mil, y pueden llegar a los US$ 500 mil, según la directora de Xcala.
Añadió que uno de los “secretos” de ser inversor ángel es poder diversificar los riesgos invirtiendo en varios emprendimientos. “Salvo que tengas un patrimonio alto, la manera de hacerlo es invirtiendo con otros”.
Para diversificar los riesgos, existe la opción de formar parte de redes o clubes de inversores ángeles, o bien de un fondo de inversión (como IC Ventures o Tokai). La diferencia entre un fondo y una red o club es que el primero suele ser “más estructurado” y se hacen, generalmente, inversiones mayores, aunque también existen fondos que invierten capital semilla. En los fondos, el dinero de sus integrantes se junta y se destina a inversiones, a la vez que cada socio acompaña a un emprendimiento de acuerdo a su experiencia o área de expertise. En las redes o clubes, por su parte, las decisiones son “más individuales”.
“Podés coinvertir o no, pero parte de la gracia de participar de una red es la posibilidad de diversificar tu riesgo y aprender de otros”, subrayó Chaquiriand.
El inversor ángel, en tanto, obtendrá un retorno cuando logre revender su participación en la empresa.
En la región, el tiempo promedio en el que un inversor ángel participa de una startup es de entre cinco y siete años. “Su negocio es hacer un aporte de capital para, cuando ya está rodando el emprendimiento, cuando multiplica su valor varias veces, vender su participación y recuperar la inversión que hizo multiplicada”, explicó.
Lo que se viene
Hay una modalidad de inversión que se hará realidad en Uruguay una vez que se reglamente la ley de emprendedores: el financiamiento colectivo o crowdfunding.
Este mecanismo, cuya regulación es uno de los pilares de la ley, permitirá que cualquier ciudadano invierta en proyectos que se presenten a través de estas plataformas, a cambio de una participación en la empresa, el adelanto de un producto o cualquier otra recompensa que el emprendimiento proponga.
La directora de Xcala, Isabelle Chaquiriand, define al crowdfunding como “la inversión ángel llevada al bolsillo de todo el mundo”.
Desde el lado del emprendedor, es “una manera muy atomizada” de llegar a determinado capital, ya que permiten invertir de a pequeñas cifras en proporción a la capacidad de riesgo de cada inversor. No obstante, opinó que las plataformas “complementan la confianza generada en el mundo offline” y que no sustituyen a clubes y redes de inversores. “Al final de cuentas, la inversión es un tema de confianza en que los emprendedores van a llegar al plan que tengan pensado, que cuando el emprendimiento se complique sus emprendedores van a ser capaces de mover el rumbo y adaptar el plan para sacarlo adelante”.
No obstante, el consejero jurídico de startups y vicepresidente de Fundación da Vinci, Bruno Berchesi, entiende que el crowdfunding, de acuerdo a las potestades que da la reglamentación, “quedará muy limitado”.
El director de Da Vinci, Sergio Delgado, apuntó que en la reglamentación “seguramente se cuide que no haya abusos del instrumento”. “Hay que ver si habrá responsables intermedios, porque el emprendedor se une con el microinversor en una plataforma que gestiona alguien.
Qué responsabilidad tendrá?”, se preguntó. Según Berchesi, en el texto de la ley, cuando se habla de crowdfunding, “se deja todo a la oportunidad y conveniencia del Banco Central de Uruguay (BCU)”. Para el abogado, al BCU le preocupa que sea un canal por donde se realicen estafas. “Armo un video y soy alguien con un pitch copado, lo pongo en la plataforma, pido dinero, la gente invierte y resulta que es todo una estafa. Como son fondos privados, el BCU dice que para levantarlos tenés que cumplir determinados estándares”, señaló Berchesi.
El consejero jurídico de startups cree viable que una vía de regular las plataformas de crowdfunding es mediante la participación de instituciones que “velen o patrocinen a los emprendedores” como, por ejemplo, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) o la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE). “Eso le da cierta tranquilidad al BCU de que no son unos improvisados, son gente seria que viene recibiendo fondos del Estado. Ese puede ser un camino inicial”, subrayó.