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Peor para la realidad

Tras el informe de Ineed, es necesario, y de manera urgente, que en el próximo período de gobierno se recupere el nivel educativo que Uruguay supo tener 

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04 de agosto de 2019 a las 05:00

El contundente informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) sobre “El Estado de la Educación en Uruguay 2017-2018” publicado esta semana generó lo que ya acostumbra generar: el desprecio por parte de las autoridades educativas. No era para menos: los resultados del informe bianual revelan que solo 4 de cada 10 jóvenes consiguen finalizar todo el ciclo obligatorio y ello a los 23 años, pues a los 18 años solo el 25% lo termina. Para peor, a los 19 años, el 22% presenta rezagos y el 42% abandonó el sistema educativo.
Pero las malas noticias no terminan ahí. El informe señala que existe una notoria inequidad, no para acceder a los distintos niveles de enseñanza, sino en la trayectoria y aprendizaje de los alumnos. Y eso afecta a los sectores de menores niveles económicos, donde la deserción es mayor que en el total de la población estudiantil.

Otro capítulo que nada bien cae en las autoridades de la enseñanza, es la constatación del ausentismo de los maestros de primaria, donde un quinto de ellos falta mas de 20 veces al año.

Además el Ineed señala que muchos de las personas que quieren formarse como docentes son quienes tuvieron resultados más bajos en las pruebas PISA y a su vez tienen un nivel socioeconómico y cultural menor.

A ello se agrega (o contribuye) el hecho de que los salarios de los docentes son bajos en relación a los de otras profesiones. Y si bien hubo una importante mejora en los últimos años, la diferencia, aunque menor, sigue existiendo.

Por lo demás, el Ineed señala que la ANEP no cumplió tres de las cuatro metas que se habían fijado a principios del período: no se logró que el 68% de liceales en edad oportuna (16 años) egresen del ciclo básico; no se logró que en bachillerato el 38% de los estudiantes egresaran en edad oportuna (19 años) ni que entre los rezagados (21 a 23 años) el 60% egresaran, cuando en los hechos solo lo hizo el 43%. Solo se cumplió la meta de que en educación media básica de rezagados, la tasa de egreso fuera superior al 75%.

Con estos datos era lógico esperar la reacción de las autoridades y ella no se hizo esperar. El presidente de ANEP, Wilson Netto, tiró la pelota fuera del campo diciendo que en la educación pública las mayores mejoras en los últimos 40 años se dieron en los 10 más recientes, cuando el informe no hacía comparaciones con lo ocurrido hace cuatro décadas. Además Netto señaló que el informe “no genera aportes”, “no aborda ninguna política” de las que llevó a cabo este gobierno, y  no “las evalúa” ni “las investiga”. Y para remachar su disconformidad con los resultados, Netto señaló que el informe “es incoherente” y “poco aporta”.

Es la típica reacción que ocurre cuando habiendo diferencias entre la realidad y la teoría que uno sostiene, al final uno concluye que ello es malo para la realidad. Es la actitud negativista. Entre lo que dice mi teoría y lo que dice la realidad, me quedo con mi teoría y descalifico la realidad que invalida mi teoría

No es este el mejor método para mejorar, ni en la educación ni en la vida. Aceptar y asumir la realidad es el primer paso para cambiarla. Negarla, es un paso al fracaso. Y con la educación no se puede ni pensar en darlo porque está en juego lo  más valioso que tenemos como nación: el futuro de nuestros hijos.

La soberbia es mala consejera. El repudio o negación de los hechos es el peor compañero de ruta. Este es el tipo de actitudes que han entorpecido la reforma de la educación. Tanto el famoso cambio de ADN que prometió el presidente Vázquez al inicio de su segunda Presidencia y como el impresionante énfasis del expresidente Mujica al inicio de la suya cuando proclamaba a los cuatro vientos “educación, educación, educación” y lo repetía tres veces por si había algún distraído en sus filas partidarias o en los gremios docentes. Y a nadie le cabe duda que sus palabras se las llevó el viento o cayeron en oídos sordos.

Otro ciclo electoral se avecina. Otros gobiernos o coaliciones de gobiernos pueden venir, pero ya el tren no pasará muchas más veces. Y aún empezando pronto, se demorará más de dos décadas en recuperar la destrucción de la arquitectura docente que este país supo tener con orgullo hasta mediados del siglo pasado.

Y además de recuperar lo lamentablemente perdido, apremia la necesidad de preparar la educación de las próximas generaciones. Es bueno recordar que lo importante no es proporcionar más y mejores conocimientos que, en última instancia, también los robots pueden adquirir sino inculcar valores, cultura de trabajo, capacidad de interacción y trabajo en equipo, formación ética de la persona que son patrimonio de la humanidad y que nunca podemos descuidar. 

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