30 de junio de 2014 20:16 hs

Seis días después de la mordida que dio la vuelta al mundo, Luis Suárez empezó a pensar en el día después y dio marcha atrás. Coordinado con sus abogados y los de la AUF (encabezados por el neutral Alejandro Balbi), que ajustan en Europa los detalles de la apelación ante la FIFA, el delantero tomó su cuenta de Twitter y pidió disculpas a Giorgio Chiellini y al mundo del fútbol, por “los efectos físicos de un mordisco”, ocurrido en el partido ante Italia. Además prometió “públicamente a que nunca volverá a ocurrir un incidente como este con mi intervención”.

“Después de unos días de estar en casa con mi familia, he tenido la oportunidad de recuperar la calma y de reflexionar sobre la realidad de lo que sucedió en el partido Italia-Uruguay celebrado el 24 de junio de 2014”, escribió el jugador de Liverpool, en un tono más propio de los abogados de su defensa que a la suya propia. Palabras muy calculadas, que no terminaron de reflejar una culpabilidad absoluta, pero sí mostrar otra cara para disminuir la pena de nueve partidos con Uruguay, y sobre todo los cuatro meses alejado de la actividad futbolística.

“Con independencia de las polémicas y de las declaraciones contradictorias que se han producido en estos días, todo ello sin haber querido interferir en el buen hacer de mi selección, lo cierto es que mi compañero de profesión Giogrio Chiellini sufrió en el lance que tuvo conmigo los efectos físicos de un mordisco y por ello: 1) Me arrepiento profundamente, 2) Pido perdón a Giorgio Chiellini y a toda la familia del fútbol. Me comprometo públicamente a que nunca volverá a ocurrir un incidente como este con mi intervención”, indicó el jugador de Liverpool en la parte medular del comunicado.

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Otro camino
Con eso, Suárez y sus abogados decidieron dar vuelta la página. La primera estrategia de la AUF, basada en negar la mordida, había resultado en un rotundo fracaso, que llevó incluso a que la FIFA fuera aún más dura que lo que podía calcular en un principio, debido a su falta de arrepentimiento (ver página 5). De cara a la apelación, que se dará en las próximas horas –tiene tiempo hasta mañana en la tarde– era necesario dar un giro drástico. Fue el turno entonces de bajar un cambio y dar marcha atrás en la estrategia, para pasar a reconocer lo que el mundo vio y lo que el jugador –y muchos uruguayos hasta ahora negaban–: que había mordido a Chiellini.

La defensa conjunta de Suárez se llamó a un pacto de silencio, según pudo saber El Observador. Sin embargo, la intención es lograr que el jugador deje de ser un desterrado futbolístico, que le permita no solo volver a entrenar y hasta poder concurrir a estadios, y poder negociar con normalidad con los clubes que pretenden su ficha. Porque si bien la sanción no impide que la transferencia se haga, una baja en la pena la haría mucho más lógica y apetecible.

El pase a Barcelona
Por estos días, lo que suena con fuerza es la posibilidad de que lo fiche el Barcelona, y ayer la prensa española especuló con que las palabras de Suárez buscaban cerrar la transferencia a los culés. Tanto el madrileño Marca como el catalán Sport informaron que lo que le piden los blauguranas al uruguayo para seguir con la operación es un pedido de disculpas que ayude a su apelación, para que al menos haya una reducción de la pena. De cumplirse eso será el tiempo se sentarse a negociar con el Liverpool, dueño de su pase. Siempre según la prensa española, Barcelona pretende que el incidente baje su cotización hasta los 40 millones de euros, aunque el DT de Liverpool Brendan Rodgergs ya aclaró que el equipo no lo dejará solo, y que quiere que la estrella siga con el equipo, lo que no hará fácil la negociación.

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