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Petróleo, cocaína, prohibiciones y regulaciones

Se debe intentar bajar la dependencia del crudo y evitar que la droga cobre más poder

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05 de enero de 2020 a las 05:00

Me dispongo esta semana a ordenar mis reflexiones en torno a la cocaína, que parece fluir en volúmenes cada vez mayores en el mundo, tener cada vez más poder, ser capaz de liberar a Morabito y que salga caminando tranquilamente de la Cárcel Central y disponerse a asistir a productores endeudados y desesperados de Uruguay, dispuestos a camuflar el polvo blanco bajo embarques de soja.

Leo el buen libro de Antonio Ladra sobre el narcotráfico en Uruguay y avanzo en esa monumental investigación del periodista italiano Roberto Saviano, titulada CeroCeroCero. Como la cocaína gobierna el mundo. El libro puede producir el mismo efecto de la cocaína. Uno es capaz de no dormir por seguir leyéndolo. Así que es ideal para una semana de feriados.

Ya todos lo sabemos, pero cuánto más profundizamos, más evidente resulta que la llamada guerra contra las drogas es una catástrofe que ha arrasado en América Latina con miles y miles de vidas, ha corrompido diversos estamentos de la sociedad, la policía, los militares, los aduaneros, los políticos. Por supuesto, algunos, no todos. Pero cuanto más dinero acumula más capacidad de soborno tiene. Saviano explica que el rubro sobornos es principal en los costos del complejo agroindustrial cocalero.

Sobran pruebas de que si hay una estrategia que ha sido desastrosa es la prohibición. Y sin embargo eso de regalarle el monopolio de sustancias a los grupos mafiosos es defendido con tanto ardor que no puede dejar de sorprender. Muchachos, tranquilos, vuestro monopolio persistirá tanto o más que el de Ancap. Varios grupos y personas plantearon que levantar la prohibición era algo que de modo alguno podía estar en cuestión.

Quienes seguimos a Popper y a su criterio de sociedades abiertas a la circulación de ideas, partimos de un método distinto: todo debe ser evaluado, discutido, sujeto a innovaciones. En eso estaba cuando al llegar a la página 106 del libro de Saviano me encuentro con un párrafo esclarecedor.  El periodista se pregunta porqué se mete a investigar algo que pondrá su vida en peligro por el resto de sus días –vive con custodia policial permanente desde que publicó su libro Gomorra–. Qué lleva a un periodista a meterse en un fenomenal lío.

Esta es la respuesta que se da a sí mismo. “Estar dentro del tráfico del polvo blanco es la única perspectiva que me ha permitido entender las cosas hasta el fondo…la enorme fuerza del dinero y la crueldad. La absoluta impotencia de todas las enseñanzas orientadas a la belleza y a la justicia de las que me he nutrido… El mapa del mundo se trazaba ciertamente con el petróleo, el negro, ese del que estamos acostumbrados a hablar, pero también con el petróleo blanco como lo llaman los capos nigerianos. El mapa del mundo se construye sobre el combustible, el de los motores y el de los cuerpos. El combustible de los motores es el petróleo, el de los cuerpos es la coca”.

Jueves de noche, me entero que EEUU ha asesinado a Qassem Soleimani, el militar más importante de la revolución iraní, un Ché Guevara de la revolución islámica, igual de cruel, pero mucho más inteligente, formado, estratega brillante. Soleimani era el cerebro militar de Hezbollah, el cerebro detrás de la expansión de la influencia iraní fuera del territorio de su país, el que fue enviado cuando el ISIS parecía invencible. Fue a Irak y Siria y se los comió en dos panes. Fue el arquitecto y mariscal de campo de la victoria de Assad sobre las guerrillas sunitas, hoy acorraladas en Idlib.

La guerra que desde hace más de 1.000 años libran incansablemente los musulmanes sunitas contra los musulmanes chiítas se yuxtapone con la guerra fría. EEUU, Arabia Saudí e Israel de un lado, Irán, Siria y ¿Rusia? del otro.  Unos meses atrás los iraníes, a través de sus aliados del Yemen destozaron la mejor refinería de los saudíes. Ayer pagaron la factura. Como los carteles mexicanos o colombianos resuelven sus disputas, así estados nacionales resuelven las suyas,

El mundo ha entrado en un nuevo espiral bélico de los que Medio Oriente genera, como si estuviera planificado, cada aproximadamente 10 años. Para EEUU y Arabia Saudí será un buen negocio. Vendrá una represalia iraní, seguramente alterará la producción, el destilado o la logística del petróleo, los precios subirán y las petroleras embolsarán miles de millones mientras el espanto de la guerra destroza miles de vidas. Y usted en la estación de servicio, hace su contribución a las arcas de algún dictador del mundo.

Iba a reflexionar sobre las dificultades inherentes a una posible legalización de la cocaína, tan radicalmente diferente al cannabis, felizmente legalizado en Uruguay. Pero es más urgente discutir cómo salirnos del petróleo lo antes posible.

Irlanda, un país que compite con nosotros por el posicionamiento de país “natural” está terminando la redacción de leyes que impedirán que se vendan automóviles con motor a combustión a partir de 2030. La carrera por salir de las energías fósiles allá es de vértigo. Aquí no ha pasado gran cosa.

Tesla termina un año de espectacular crecimiento y sus acciones marcaron este viernes un nuevo récord. Anunció una baja de 16% en el precio de su Sedan 3 en China, a US$ 42.900. Todavía puede ser caro. Pero los chinos de la empresa Great Wall lanzarán en India modelos cuyos precios van de US$ 8.680 a US$11.293. Y no son solo automóviles. Amazon ha lanzado una furgoneta futurista y lo mismo ha hecho una nueva empresa Rivian, que está captando cientos de millones de dólares para desarrollar sus 4 x 4 eléctricas.

No creo que como en Irlanda Uruguay pueda restringir la venta de automóviles a combustión en 2030. Pero es claro que en el futuro, sistemáticamente, cuánto menos petróleo mejor. Que las energías que nos muevan sean el sol y el viento, que concretemos nuestro “Green deal”.

Hoy estamos lejos y por lo tanto vulnerables. ¿A cuánto estará el precio del petróleo en marzo? ¿Qué represalias tomará Irán? Nuestros costos, nuestro nivel de actividad, nuestra recaudación impositiva dependen de factores externos e incontrolables.  Calentamos el planeta hasta niveles de altísima peligrosidad. Si Ancap se creó con objetivos de soberanía nacional, ahora habrá que pensar su obsolescencia programada por las mismas razones. Soberanía es que nos arreglemos lo mejor que podamos con nuestro viento y nuestro sol, las ramas de los eucaliptus, lo limpio y renovable. Electrificar el transporte.

Mantener lejos al polvo blanco y al viscoso líquido negro son objetivos ambos parejamente importantes. Las prohibiciones, como parte de las estrategias que minimicen el uso, son siempre discutibles.

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