Si hay una raza de perros incomprendida, esa es la de los pitbull. Con fama de agresivo y peligroso, este animal ganó su nombre entre los años 1700 y 1800, cuando se cruzaron las razas del bulldog con la del terrier, resultando en el híbrido pitbull terrier. A estos los metían en fosas para luchar, primero con toros, luego con ratas y, ocasionalmente, con otros perros, según cuenta el veterinario Pablo Sehabiaga. De ahí el sufijo “pit”, de la palabra anglosajona para “fosa”.
Su fama siguió manteniéndose en la línea de lo peligroso o agresivo cuando comenzaron a utilizarse como perros de pandilleros, con collares de pinchos y posturas agresivas. Esto llevó a que se convirtiera en una raza prohibida en varios lugares, como en algunas partes de los estados de Florida y Denver, en Estados Unidos, e incluso en países enteros como Gran Bretaña y Nueva Zelanda.
Los pitbull terrier, sin embargo, son como cualquier otro perro. Su carácter depende de la forma en que sea criado y socializado por sus dueños, como los especialistas han repetido en muchas oportunidades.
Innumerables son los estudios que intentan detectar la existencia de un gen de la “agresividad” que determine una razón por la que los pitbull tienden a reaccionar violentamente. Sin embargo, según Sehabiaga, es difícil que la genética sea la culpable.
Primero, “habría que determinar por qué la agresividad se da hacia personas de cierto tamaño, con ciertas características”, señaló. Estos estudios son una forma de buscar algo que justifique los errores que uno mismo cometió durante la crianza del perro.
Lo que dice un nombre
La socialización del perro comienza con la elección de un nombre. Sehabiaga explicó que los perros se adoptan para cumplir una función y que el nombre que se elige para el mismo es un claro reflejo de lo que se quiere que el perro sea. Como explicó el especialista, muchos pitbull tienen nombres como Killer (asesino) o Tyson, en clara referencia al boxeador.
Por otro lado, también se elige el nombre del perro teniendo en cuenta las características primarias del animal. “Si tengo un cachorro que muerde todo y le pongo Killer, de alguna manera, subjetivamente, avalo ese comportamiento”, enunció.
Otro punto que hace que estos animales muestren una predisposición agresiva es la forma en que sus dueños los presentan. Es difícil que un perro con collar de pinchos, orejas cortadas y músculos muy desarrollados con suplementos alimenticios predisponga positivamente a quien se lo cruce.
Socialización
Todos los perros tienen un período de socialización que dura desde las tres semanas hasta los tres meses. Durante este período se debe exponer al animal a la mayor cantidad de estímulos externos para que se vuelva más social. Son normales los casos en los que se trata de mantener a los perros lo más lejos posible de la gente para evitar problemas, pero lo cierto es que esto hace que, cuando el perro vea a alguien desconocido, reaccione negativamente, según explicó Sehabiaga. Esta reacción puede desencadenarse tanto con un ladrón como con una nueva amistad o con el repartidor de pizzas.
Los estímulos deben ser muy variados, pero nunca violentos. “No es llevarlo a un partido de baby fútbol y que esté expuesto a pelotazos”, dijo Sehabiaga. Ejemplos positivos son los niños (que se mueven muy rápido y tienen voces agudas), los ancianos (que tienen movimientos lentos y a veces también torpes), así como también elementos como bastones o paraguas, que pueden aparecer en la vida diaria del perro.
También es bueno exponerlos a otros perros de distintos tamaños, razas y géneros, para que entienda que lo que está del otro lado no es una amenaza. Esto es especialmente importante cuando son separados en una edad muy temprana de sus hermanos y su única compañía fueron los humanos.
Relación con los niños
La socialización del animal incluye no solo adaptarlos a la presencia de los niños, sino demostrarles que estos no son una amenaza, algo importante con cualquier raza de perros. Por ejemplo, si cuando el niño está despierto se desplaza al perro y se intenta mantenerlo alejado “por las dudas” y, cuando el niño está durmiendo, todo el cariño vuelve al animal, este entenderá que el pequeño es un obstáculo entre el cariño de los dueños adultos y él.
El estímulo que se debe dar es el contrario. Tratar de ignorar o dar la mínima atención al perro durante el día y, cuando aparece el pequeño, darle un premio, darle de comer, jugar con él cariñosamente. Cuando el bebé se va a dormir, volver a ignorarlo. El resultado será que el perro interpretará que el niño es la clave de su felicidad.
Elegir un compañero
Algo que el especialista subrayó fue la poca conciencia que se tiene al elegir la raza de perro que se quiere adoptar. “Muchas veces traen el perro y después hacen las preguntas. Ahí el problema ya no se puede solucionar. Lo ideal es tener una consulta previa con un veterinario para determinar qué raza es la ideal para el estilo de vida”, dijo Sehabiaga.
En este sentido, los pitbull requieren mucha atención, ya que precisan hacer ejercicio y tienden a contraer alergias, así como enfermedades óseas y estomacales.
Los cachorros absorben todo estímulo al que sean expuestos. Esto también sucede con los comportamientos agresivos. Es un silogismo simple. Si un perro es criado agresivamente, será peligroso. Si no, no será peligroso. Así que, si a alguien hay que culpar, no es a esta raza incomprendida, sino a los estímulos violentos a los que ha sido expuesto por parte de los seres humanos. Después de todo, son como Popeye: fornidos, pero con mucho amor.
Crédito foto: Hugo Quintero, Flickr (CC).