17 de marzo 2022 - 15:58hs

Martin Wolf

Está naciendo un nuevo mundo. La esperanza de unas relaciones pacíficas se está desvaneciendo. En su lugar, tenemos la guerra de Rusia contra Ucrania; amenazas de un apocalipsis nuclear; un Occidente movilizado; una alianza de autocracias; sanciones económicas sin precedentes; y un enorme choque energético y alimentario. Nadie sabe lo que va a pasar. Pero sí sabemos que esto tiene todas las apariencias de ser un desastre.

Es natural buscar un culpable. Para muchos, la culpa se le puede atribuir a la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Europa central y del Este. Una de las voces más destacadas es la de John Mearsheimer, el distinguido académico "realista", quien culpa a la decisión de EEUU de abrirle a Ucrania la posibilidad de adhesión a la OTAN en 2008. Yo estoy de acuerdo y en desacuerdo.

El error fue la ambigüedad. La oferta solo debería haberse hecho cuando Ucrania pudiera incorporarse como miembro de pleno derecho. Pero yo apoyé la expansión de la OTAN hacia los antiguos satélites rusos porque "las buenas cercas hacen buenos vecinos". Rusia sabe que si invade a un miembro de la OTAN, habrá guerra. Ese no fue el caso de Ucrania. Por eso, este ataque parecía una opción fácil para el déspota del Kremlin.

Más noticias

En cuanto a por qué Vladimir Putin lo hizo, una respuesta es que él dirige un régimen fallido. Solo el imperio puede justificar su gobierno. La economía rusa, dependiente de las materias primas, ha quedado muy por detrás de la polaca. Es un paraíso para los rentistas. Hoy en día, esos rentistas son los matones de Putin y los "oligarcas" de la época de Boris Yeltsin. Ucrania también ha fracasado económicamente. Pero es democrática. Para Putin, esa aspiración es intolerable.

Tras la caída de la Unión Soviética, muchos anticipaban un mundo guiado por la cooperación y por el intercambio mutuamente beneficioso. Pero el conflicto de las grandes potencias siempre estaba a la espera de abrirse paso. EEUU estaba embriagado por su "momento unipolar". China se volvió más poderosa y autoritaria bajo Xi Jinping. Putin sopesó sus crecientes resentimientos, por último invadiendo un país del que se cree dueño. Se escuchan ecos de la Primera Guerra Mundial. En aquel entonces, fue Austria, el socio más débil, y no Alemania, quien inició el conflicto. Hoy, es Rusia, el socio más débil en su alianza con China.

El apoyo prometido por China corre el riesgo de convertir los peligros creados por la guerra de Rusia en una catástrofe. Transformaría al mundo en dos bloques, con costosas consecuencias económicas y de seguridad. Sin embargo, un Occidente movilizado sigue siendo mucho más fuerte. El impacto de las sanciones occidentales así lo demuestra. Un Occidente unificado empequeñece a Rusia en todos los aspectos, excepto en personal militar y en ojivas nucleares. Incluso añadiendo a China, el Occidente es significativamente más poderoso, excepto en número. No obstante, hay que evitar, en la medida de lo posible, un choque a largo plazo entre el Occidente y un bloque autoritario formado por Rusia y China. Sería enormemente peligroso.

Actualmente, entonces, vemos un mundo en transformación. Consideremos los retos que tenemos por delante.

Lo más obvio es que debe ponerse fin a la guerra en Ucrania, la cual es un ataque simultáneamente a un país pacífico, a una democracia y al orden mundial. China debe tratar de ayudar a sacar a Rusia de su atolladero. No es difícil entender por qué China apoya a Putin. Entre otras cosas, sus líderes seguramente comparten su desprecio por las democracias. Sin embargo, estos son enormes errores. Tal como la historia a menudo lo ha demostrado, las sociedades libres son poderosas, una vez movilizadas, porque cuentan con el apoyo de su pueblo.

También es esencial gestionar la crisis económica que se avecina. La combinación de guerra, crisis de suministro y alta inflación es desestabilizadora, como el mundo aprendió en la década de 1970. La inestabilidad financiera ahora parece también muy probable. Sin embargo, las autoridades monetarias no pueden ignorar la alta inflación. Así que los gobiernos tendrán que emplear un apoyo fiscal selectivo para los vulnerables.

Además, el Occidente debe reforzar sus defensas, en todos los frentes: el militar, el energético, el cibernético y el económico. Es inevitable, por desgracia, que en un conflicto con enormes ramificaciones las exigencias de seguridad sean lo primero. Este no es el mundo que ninguna persona cuerda desea. Pero es en el que actualmente vivimos. Es vital que la Unión Europea (UE) se convierta en una verdadera potencia de seguridad. La UE holgadamente posee la escala económica y demográfica para servir de contrapeso a Rusia. El Reino Unido después del Brexit debe participar lo más plenamente posible. EEUU necesita esa ayuda europea, ya que también tendrá que lidiar con la preocupante China de Xi.

A pesar de estas necesidades apremiantes, deberíamos intentar no abandonar todo lo logrado en las últimas tres décadas. No estamos en guerra con los rusos y los chinos comunes, quienes simplemente aspiran a un futuro mejor. Al contrario, a largo plazo puede que ellos resulten ser nuestros aliados. Las sanciones deben ser selectivas, en la medida de lo posible. El futuro del comercio y de otros intercambios pacíficos dependerá, sin embargo, de cómo — y, no menos, después de cuánto tiempo — termine esta crisis.

En particular debemos recordar las preocupaciones más amplias que todos los seres humanos compartimos: el medio ambiente global, la gestión de las pandemias, el desarrollo económico, y la paz en sí. No podemos sobrevivir sin cooperación. Si la locura de Putin ha demostrado algo es precisamente eso. Un mundo regido por "la ley del más fuerte" no es un mundo en el que podamos vivir con seguridad. Tal como lo demuestran las amenazas nucleares de Putin.

Después de la batalla de Austerlitz en 1805, William Pitt, el Joven, clarividentemente dijo: "Enrollen el mapa de Europa; no será necesario en estos 10 años". La guerra de Rusia contra Ucrania similarmente ha transformado el mapa de nuestro mundo. Parece seguro que enfrentemos un prolongado episodio de estanflación, con significativos efectos potenciales en los mercados financieros. A largo plazo, es probable que surjan dos bloques con profundas divisiones entre ellos, así como una acelerada reversión de la globalización y el sacrificio de los intereses empresariales a la geopolítica. Incluso una guerra nuclear es, desgraciadamente, concebible.

Reza por un milagro en Moscú. Sin él, el camino por delante será largo y difícil.

Temas:

Opinión Financial Times guerra rusia ucrania crisis económica inminente OTAN economía rusa Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos