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Bruno está convencido de que la educación es clave para generar arraigo en las zonas rurales.

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Por qué un maestro rural argentino ganó un premio otorgado a líderes de la ruralidad

Durante la pandemia, el maestro Daniel Bruno mantuvo a sus alumnos de escuelas rurales conectados a las aulas dando clases a través de una radio FM

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27 de junio de 2021 a las 05:00

El maestro Daniel Bruno, que en la pandemia mantuvo a sus alumnos de escuelas rurales conectados a las aulas dando clases a través de una radio FM, recibirá el premio “El Alma de la Ruralidad”, que el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) otorga a “Líderes de la Ruralidad de las Américas”.

El premio es parte de una iniciativa del organismo especializado en desarrollo agropecuario y rural para reconocer a hombres y mujeres que dejan huella y hacen la diferencia en el campo de América Latina y el Caribe.

Bruno vive en San Roque, una pequeña ciudad de la provincia argentina de Corrientes –en el noreste del país–, desde la que aboga para que la educación formal ponga el acento en capacitar a los jóvenes en la producción de alimentos y a mejorar la formación en el medio rural para generar y oportunidades de desarrollo personal y colectivo que colaboren a frenar el proceso migratorio hacia las ciudades.

Además de recibir como reconocimiento el premio “El Alma de la Ruralidad”, los “Líderes de la Ruralidad” destacados por el IICA serán invitados a participar de diversas instancias asesoras del organismo especializado en desarrollo agropecuario y rural.

“Se trata de un reconocimiento para quienes cumplen un doble papel irremplazable: ser garantes de la seguridad alimentaria y nutricional y al mismo tiempo guardianes de la biodiversidad del planeta a través de la producción en cualquier circunstancia. El reconocimiento, además, tiene la función de destacar la capacidad de impulsar ejemplos positivos para las zonas rurales de la región”, dijo el Director General del IICA, Manuel Otero, al lanzar la iniciativa.

En el marco de la misma, el IICA trabaja para que el reconocimiento facilite vinculaciones con organismos oficiales, de la sociedad civil y del sector privado para la obtención de apoyo para sus causas.

“Hablamos de personas cuya impronta está presente en cada alimento que consumimos –adonde sea que éstos lleguen–, en cada parcela de tierra productiva y en las comunidades que habitan los agricultores y sus familias. Son hombres y mujeres que dejan huella y son el alma de la ruralidad porque producen, plantan, cosechan, crean, innovan, enseñan y unen”, consideró Otero.

“Son personas que encarnan liderazgos silenciosos que es preciso visibilizar y reconocer. Son, por sobre todas las cosas, ejemplos de vida. Porque transforman, superan adversidades e inspiran”, agregó.

El IICA trabaja junto a sus 34 Representaciones en las Américas para la selección de los primeros #LíderesdelaRuralidad.

Los resultados de la primera etapa de la iniciativa serán presentados ante el Comité Ejecutivo del IICA, una de las instancias de gobierno del Instituto.

No es sencillo ser docente en el medio rural.

El caso del maestro Bruno

“Donde hay un maestro, hay esperanza”, afirma Bruno, el docente que en la pandemia conectó a sus alumnos a través de la radio.

Bruno nació, creció y vivió toda su vida en San Roque, una ciudad de unos 10.000 habitantes en la provincia argentina de Corrientes, en el noreste argentino.

Se trata de una zona cercana al río Paraná gobernada por la naturaleza y la ruralidad, con suelos fértiles y abundante humedad, en la que la producción agropecuaria es el medio de vida para la mayor parte de la población.

Los cultivos de arroz, de frutas y de hortalizas que sirven para autoconsumo y para comercialización son el sustento de los agricultores familiares, que trabajan en pequeñas parcelas de entre 20 y 40 hectáreas.

En la zona donde también abundan la ganadería vacuna y la actividad forestal.

Bruno, sin embargo, no se dedica la actividad agropecuaria, sino que siempre ha contribuido con su comunidad como maestro de escuela rural y periodista. Desde hace unos años es el docente a cargo de la materia “lenguaje artístico y comunicacional”, en la que les enseña a los estudiantes del colegio secundario Madre Teresa de Calcuta a perderle al miedo al micrófono y hacer radio.

Madre Teresa de Calcuta es un establecimiento educativo ubicado a 33 kilómetros de la ciudad de San Roque, en la localidad de Colonia Pando, a la que asisten los hijos de los agricultores familiares de la zona. Es muy común que esos chicos, cuando regresan del colegio, participen junto a la familia en los trabajos agrícolas, ya que las tareas son muchas y se requiere la colaboración de todos.

Esa tranquila vida rural de la provincia de Corrientes cambió a inicios de 2020, como en todo el mundo, a raíz de la pandemia de covid-19.

El maestro utilizó la emisora local de FM para dar sus clases.

Whatsapp no, FM sí

Cuando se suspendieron las clases presenciales en las escuelas, Bruno primero pensó en seguir en contacto con sus alumnos a través del teléfono celular y el Whatsapp, pero pronto advirtió que ese método enfrentaba obstáculos demasiado grandes.

“Hice un sondeo y supe que de los 44 chicos solamente 27 tenían Whatsapp. E incluso para ellos era muy difícil conectarse porque no existe red Wi-Fi en el campo y la señal de teléfono a celular veces es deficiente o bastante precaria. Tanto es así que uno de los alumnos, cada vez que tenía que enviarme la tarea, se subía a un molino para asegurarse la señal. Entonces había que sortear la brecha de conectividad con las escasas herramientas que teníamos”, cuenta Bruno.

En ese contexto difícil, para poder seguir las clases, Bruno decidió recurrir a la radio, más concretamente a la emisora FM de San Roque, la más escuchada en la zona.

No en todas las casas de las zonas rurales hay teléfonos celulares. Pero en casi todas hay una radio, que es una compañía que sigue ocupando un lugar muy importante en la vida cotidiana y la cultura de los agricultores. Por eso, dando las clases a través de la radio, aumentaban mucho las posibilidades llegar a todos los alumnos”, dijo.

El profesor está convencido de que la educación es clave para generar arraigo en las zonas rurales y oportunidades de desarrollo personal y colectivo que colaboren a frenar el proceso migratorio hacia las ciudades.

También sostiene que la educación formal debe poner el acento en formar a los jóvenes en la producción de alimentos y el desarrollo del potencial productivo del medio rural, para favorecer la prosperidad de las comunidades.

“Las escuelas técnicas son necesarias. Debería haber cada vez más, porque representan la oportunidad que tienen los chicos de profundizar sus conocimientos agrícolas, para llevarlos a sus casas, desarrollar nuevas prácticas y mejorar las vidas de todos”.

Los padres –dice Bruno– consideran muy importante que los chicos vayan a la escuela y no abandonen sus estudios. Incluso hay muchos mayores que en su momento no completaron su educación escolar y hoy tienen voluntad de estudiar. Por eso, a través de la radio, tengo el sueño de generar un proyecto que permita terminar el colegio a personas que la hayan interrumpido. Es muy difícil para mucha gente retomar los estudios en las escuelas, por las ocupaciones que tienen y porque a veces viven en zonas rurales alejadas”, contó.

A Bruno lo conocen todos en la zona. Desde hace 22 años maneja la radio FM San Roque y hasta llegó a incursionar en la política local. Hoy complementa las clases que da dos veces por semana a través de la radio con material escrito que vuelca en cuadernillos. Cada tanto recorre decenas de kilómetros en su camioneta, para que esos textos impresos lleguen a manos de sus alumnos.

“La educación –dice– favorece el anclaje e identificación de la gente con el medio rural. Sueño con seguir generando oportunidades no sólo para nuestros chicos, sino para las personas que quedaron en el camino y no pudieron terminar su escolaridad, por razones de trabajo o falta de condiciones adecuadas”, dijo.

Las oportunidades deben existir –concluye- y ser iguales para todos: para los chicos que viven en las ciudades, en los pueblos y en el campo. Por eso vamos a seguir contribuyendo con este granito de arena. Estoy convencido de que donde hay una escuela, o donde hay un maestro, hay una esperanza”, indicó.

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