Martin Wolf
Qué es lo mínimo que necesitamos de la cumbre del clima
Para que las emisiones mundiales de carbono disminuyan rápidamente, los negociadores deben tener en cuenta lo siguiente
Para que las emisiones mundiales de carbono disminuyan rápidamente, los negociadores deben tener en cuenta lo siguiente
Martin Wolf
¿Qué promesas deben hacer las partes reunidas en la COP26 de Glasgow para que haya una buena posibilidad de mantener el aumento de las temperaturas por encima de los niveles preindustriales en menos de 1.5°C, tal como lo ha recomendado el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)? La respuesta, como argumenté la semana pasada, es que deben ser mucho más ambiciosos: sobre todo, tienen que reducir las emisiones mucho más rápidamente.
No basta con ofrecer el voto de San Agustín de "castidad, pero todavía no". Las promesas de "cero emisiones netas" dentro de treinta años son demasiado fáciles. Es necesario, en cambio, reducir las emisiones en casi un 40 por ciento para 2030. La curva de las emisiones debe inclinarse hacia debajo de inmediato. Eso es económica y tecnológicamente factible, aunque es difícil. Dentro de diez años, será demasiado tarde para evitar daños irreversibles sin recurrir a la arriesgada geoingeniería de la que hablaba recientemente Gernot Wagner.
Entre 2017 y 2021, la proporción de las emisiones mundiales cubiertas por algún tipo de objetivo de lograr "cero emisiones netas" aumentó más de 65 puntos porcentuales a más del 70 por ciento. Sin embargo, las "contribuciones determinadas a nivel nacional" (NDC, por sus siglas en inglés) acordadas en la COP21 de París, en 2015, están lejos de ser lo suficientemente estrictas como para lograr las reducciones de emisiones necesarias, especialmente para 2030. En ese año, las emisiones prometidas superarán el límite superior impuesto por el máximo recomendado de 1.5°C en una proporción de entre 20 y 23 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalente.
Entonces, ¿qué debe hacerse? El informe de la Comisión de Transiciones Energéticas (ETC, por sus siglas en inglés) titulado "Keeping 1.5°C Alive: Closing the Gap in the 2020s" (Manteniendo la meta de 1.5°C viva: cerrando la brecha en la década de 2020), publicado el mes pasado, ha abordado esta pregunta. El informe ha recomendado un plan de seis puntos que debería servir de referencia para los debates en Glasgow.
Este plan consiste en: primero, significativas y rápidas reducciones de las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero extremadamente potente, aunque permanece relativamente poco tiempo en la atmósfera; segundo, detener la deforestación y comenzar la reforestación; tercero, la descarbonización del sector energético y, sobre todo, la eliminación gradual de la dependencia del carbón mucho más rápidamente de lo planeado; cuarto, electrificación acelerada del transporte por carretera; quinto, la descarbonización acelerada de la calefacción de edificios y de sectores en los que la "reducción es difícil", como el acero, el cemento, los productos químicos, y la aviación y el transporte marítimo de larga distancia; y, por último, mejoras aceleradas en la eficiencia energética en toda la economía, especialmente en los nuevos edificios, pero también mediante la modernización de muchos de los antiguos.
El informe ha dejado claro que implementar la mayor parte de esto será complejo. Pero que también es posible, con el apoyo adecuado de incentivos, regulación, mayor transparencia, fomento de la financiación necesaria, y generosa ayuda a los países emergentes y en desarrollo.
Consideremos algunas implicaciones concretas de este ambicioso enfoque para la próxima década. Una de ellas es particularmente obvia: las NDC deben ser mucho más estrictas y detalladas desde ya. Otra implicación es que los países emergentes más importantes — China, sobre todo, pero también India e Indonesia — deben comprometerse a detener la construcción de nuevas centrales eléctricas de carbón comenzando inmediatamente.
JOHANNES EISELE / AFP
Emisiones de carbono
Otra implicación es que acabar con la deforestación, y empezar a poner fin a nuestro actual uso del carbón, especialmente en la generación de energía, requerirá un sustancial y continuado flujo de subvenciones y subsidios por parte de los países de altos ingresos destinados a los países en desarrollo, probablemente de alrededor de US$100 mil millones al año. Esto es esencial si se quiere llegar a un acuerdo. Pero también es justo, dado el dominante papel de los países de altos ingresos en las emisiones del pasado y sus continuadas emisiones per cápita, las cuales siguen siendo relativamente altas.
De nuevo, será esencial financiar la inversión en sistemas de electricidad verde en el mundo en desarrollo. El capital social y la financiación de la deuda son demasiado costosos y limitados. Un elemento crucial será la distribución de riesgos entre el sector privado y el sector público mundial. Los bancos multilaterales de desarrollo deben desempeñar un papel fundamental. Según Adair Turner, el copresidente de la Comisión de Transiciones Energéticas (ETC, por sus siglas en inglés), los flujos necesarios pudieran ascender a US$300 mil millones al año, aumentando a US$600 mil millones para finales de la década.
Otra implicación es el refuerzo de los acuerdos internacionales para acelerar el camino hacia el logro de cero emisiones netas en los sectores enumerados anteriormente en los que la reducción es más difícil de lograr. El "mecanismo de ajuste en frontera por emisiones de carbono (CBAM, por sus siglas en inglés)" propuesto por la Unión Europea (UE) es un elemento vital en este sentido. No es proteccionista. Está diseñado para garantizar que la internalización de una externalidad global en algunas economías no conduzca a la expansión de empresas más contaminantes en otros países. El objetivo más importante de estos impuestos fronterizos debería ser lograr acuerdos sectoriales a nivel mundial.
La implicación final es que la electrificación es fundamental, con la electricidad suministrada de forma neutra en carbono, incluyendo mediante energía nuclear, en caso de que no se disponga de buenas alternativas a ella.
Éstas son, entonces, las cosas que deben hacerse si se ha de lograr el objetivo de reducir drásticamente las emisiones para 2030. Sin embargo, en términos más generales, los negociadores deben recordar otras tres cosas.
En primer lugar, el mecanismo de precios no sólo es un incentivo eficaz. También puede generar los ingresos necesarios para compensar a los perdedores. Sin embargo, en la actualidad, los precios del carbono suelen ser demasiado bajos y su cobertura es demasiado incompleta, tal como lo demuestra el "tablero interactivo sobre la fijación del precio del carbono" del Banco Mundial.
En segundo lugar, los legisladores deben recordar que, independientemente de cómo se produzca el ajuste, las luces deben permanecer encendidas y los hogares deben continuar teniendo calefacción.
Por último, realmente todos formamos parte de esto. Ningún país puede solucionarlo todo por sí solo, aunque China, EEUU, la UE, India y Japón serán fundamentales. Los países individuales serán los pioneros en determinar soluciones viables. Pero hay que llegar a acuerdos, especialmente entre China y EEUU. Del mismo modo, los países ricos deben ayudar a los pobres, tal como lo ha señalado el primer ministro de Bangladesh en el Financial Times.
Los tecnólogos han realizado una magnífica labor demostrando que podemos descarbonizar nuestras economías con suficiente rapidez. Ahora los líderes deben demostrar que entienden las implicaciones. Actuar con rapidez. Así es como se evita el desastre.