16 de enero de 2022 5:00 hs

Enero ha sido un fuego. Primero los mayores incendios de la historia, luego un tsunami de calor que marca el triste récord de la fiebre planetaria. Somos parte de la dramática historia contemporánea. La distopía del mundo recalentado, encovichado, y al borde de la mayor guerra de los últimos tiempos, los tanques rusos avanzando al corazón de la rebelde Ucrania en cualquier momento.

Hay que sacar enseñanzas urgentemente y aplicarlas, pero la humanidad no está preparada para eso. No sabe lidiar con problemas globales como el clima. El PBI manda. Brasil tala sus selvas, le viene la peor sequía en décadas, quemamos gasoil para generar energía eléctrica para los brasileños cuya red eléctrica ha estado al límite de sus posibilidades. Y quemamos el gasoil para mantener el combustible a un precio accesibles. Todos somos totalmente dependientes de quemar derivados del petróleo.  Queremos dejar de usarlo, pero no podemos. 

Negar el problema global da ventajas, permite optimizar el PBI sin que haya restricción alguna. Talar, poner ganado y cultivar soja, iniciar un ciclo de muy buena facturación. Rompiendo la fábrica de emitir oxígeno y capturar carbono que es una floresta nativa. 

La semana pasada Brasil anunció que por falta de presupuesto dejará de medir cuánto monte nativo tala en el Cerrado, la zona boscosa en el centro oeste del país. Dejar de medir. Como tener cáncer de pulmón y dejar de ir al médico para no ver sus mediciones.

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En algún momento nos preguntamos todos ¿qué aprenderíamos del covid? Ahora podríamos repetir la pregunta, ¿qué aprenderemos de los grandes incendios y del calor que nos ha agobiado a todos?

¿Deberíamos renunciar a comprar nuevos automóviles con motor a combustión? No desde una protesta política contra las empresas que hacen automóviles, simplemente haciendo el aporte ciudadano para que aceleren el cambio tecnológico.

¿Deberíamos compostar todo lo posible? Al fin y al cabo si usted no se divierte convirtiendo cáscaras de banana y manzana en tierra de la mejor mientras unas lombrices retozan por allí, se está perdiendo algo más que interesante. 

¿Deberíamos promover masivamente a las bicicletas, ya sean a pedal o eléctricas?  Que Montevideo y Amsterdam se parecieran más no es una mala idea. Más ejercicio en la gente, menos ruido y humo, más salud para todos.  

¿Deberíamos acelerar la recuperación de plásticos?  Obviamente que sí. Afortunadamente hay diversos grupos de jóvenes que están tirándole de las orejas a adultos optimizadores de ganancias de corto plazo para que entren en razón, o inventando un plasticoin tal vez iniciando un camino que asocie hacer el bien con el ecosistema de las criptomonedas.

¿Apreciaremos más a la biodiversidad?  Un incendio masivo e incontrolable ocurre por falta de biodiversidad. Lo uniforme en biología siempre es peligroso. Los irlandeses que plantaban muy pocas variedades de papa lo sufrieron horriblemente hace un par  de siglos. La forestación masíva tiene ese enorme riesgo. La escala de una plantación uniforme puede ser que optimice la economía, pero dispara los riesgos, como hemos apreciado en este mes.

En el excelente libro El Ministerio del Futuro, de Kim Stanley Robinson, una ola de calor como la de esta semana, pero en India genera un gran colapso porque la demanda de aire acondicionado supera lo que el sistema eléctrico puede sostener. Justamente lo que pasó esta semana en Buenos Aires. Claro, se pueden presentar muchas razones por las que la red de energía colapsa.  Pero en términos de distopía, imgine estar en un suburbio de Buenos Aires en un rancho sin aire acondicionado en enero con ola de calor. El caos social puede estar a la vuelta de la esquina.

Por más que las señales de un riesgo cada vez más notorio de colapso global sean cada vez más nítidas y nos indiquen que es más que urgente un rediseño de nuestras sociedades, será muy difícil que cambie el comportamiento global. Corea del Norte seguirá probando sus misiles, las potencias querrán seguir rivalizando entre sí, y los consumidores seguirán haciendo scrolling con sus pulgares mirando fotos en redes sociales.

Algo nuevo deberá surgir. Como dice Robinson en el portal Xataka, Todo el mundo con vida sabe cuál es la situación global (porque hay más teléfonos que personas, y la gente habla, así que hay pocas personas que desconozcan esta situación básica). Eso significa que una presión social general puede terminar estallando y que los representantes políticos tomen medidas a fin de evitar la catástrofe. La única forma en la que eso sucederá es mantener una batalla política continua en el sentido adecuado. Ese será el gran proyecto de nuestro tiempo: luchar por la gente del futuro».

Uruguay no precisa ningún estallido. Tiene por delante su gran proyecto, rediseñar su propia sociedad, usando la madera en la construcción, diseminando las energías limpias y el transporte eléctrico, las bicicletas, una producción agropecuaria que optimice capturas de carbono y biodiversidad. No es el proyecto de Uruguay, es el proyecto global de sobrevivencia para las generaciones futuras del que debemos ser vanguardia.

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