Las Tortugas Ninja retornaron en un filme con alguna buena escena de acción pero que presenta una historia poco emocional que maneja mal sus elementos narrativos
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En agosto, ese mes en el que parece imponerse el recuerdo de aquellas tonadas de otros tiempos, también suele aparecer cierto anhelo por aquellas cosas que hicieron a llorar o reír. Es que la nostalgia es poderosa y capaz de resurgir hasta las más extrañas memorias de nuestra infancia, con tal de volver a darnos un segundo más de alegría.
Con el estreno de Tortugas Ninja, todo indicaba que esto volvería a pasar y las personas que en la década de 1990 vieron las películas de o la serie animada presentada por un Maxi de la Cruz de rulos, pantalón caqui y remera por dentro en El club de las Tortugas Ninja disfrutarían nuevamente estos héroes neoyorquinos fanáticos de las artes marciales y la pizza. Lamentablemente, la nostalgia también es traicionera y esta nueva película es la clara muestra que algunas cosas es mejor dejarlas atrás.
Tortugas Ninja es un nuevo intento de Hollywood por adaptar la franquicia que tiene su origen en los cómics pero que se hizo popular a través de la televisión, el cine y los juguetes. Si bien el encargado de dirigir esta película es el cineasta sudafricano Jonathan Liebesman (Furia de Titanes 2), el verdadero responsable detrás de este desafortunado regreso de las tortugas humanoides es Michael Bay, el célebre y denostado director de la megataquillera saga de Transformers, que aquí se desempeña como productor. Como es de esperarse con las películas de Bay, Tortugas Ninja es un filme cargado de acción incomprensible, una trama inverosímil –incluso aceptando que los protagonistas son cuatro tortugas mutantes, adolescentes y ninjas– y personajes sin personalidad.
Pero el principal error de la película no son los cuatro protagonistas verdes, que en los adelantos ya se podían ver como seres monstruosos de tamaño colosal, alejados de su simpática imagen de la televisión. En pantalla resultan bastante entretenidas y su personificación, realizada a través de la técnica de captura de movimiento es creíble cuando interactúan entre ellas. El problema es que el guión decide centrarse en la historia de April O’Neill (Megan Fox), una joven periodista que descubre a las tortugas durante una pelea con los villanos del Clan del Pie en los puertos de Nueva York. No sólo la insulsa interpretación de Fox hace que todo el tiempo que se le dedica en pantalla se haga insufrible, sino que la elaboración de una historia de origen que la vincula con la creación de los héroes y su maestro y figura paterna, la rata Splinter, no tiene sentido alguno, más que agregar cierta conexión emocional entre los personajes humanos y los no humanos.
De todas formas, el filme tiene algunos logros. La rápida, entretenida y divertida dinámica entre Leonardo, Miguel Ángel, Rafael y Donatelo es lo más destacable del filme, junto con una secuencia de acción que involucra a un camión cayendo por la ladera de una montaña mientras las tortugas tratan se enfrentan a sus antagonistas.
En resumen, los pequeños encontrarán el entretenimiento que buscan, mientras que los adultos saldrán de la sala en busca de un mejor recuerdo en formato VHS.