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Sanguchitos, fútbol y protocolos reales: así fue la última visita del rey Carlos III a Uruguay

En 1999 el representante de la corona británica estuvo tres días en Uruguay en un viaje que repartió con Argentina

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10 de septiembre de 2022 a las 05:03

El avión aterrizó en el Aeropuerto de Carrasco a las 15:15 del 11 de marzo de 1999. Con rigurosa puntualidad, y mientras la bandera del Reino Unido y el Pabellón Nacional ondeaban desde la terraza del antiguo aeropuerto, dos funcionarios apresuraron sus pasos para llegar a desenrollar la alfombra roja antes de que el Príncipe de Gales tocara suelo uruguayo.

Vestido con un impecable traje azul, un sonriente Carlos descendió la escalera. Estrechó la mano del director de Protocolo, el embajador Carlos Barros, mantuvo un breve diálogo con [Didier] Opertti, saludó al embajador británico Andrew Maurray, y a su señora, y al embajador uruguayo en Gran Bretaña, Agustín Espinosa. Al final de la fila una niña rubia, secundada por otros dos niños, aguardaba al príncipe con un ramo de flores", escribió entonces Leticia Linn en las páginas de este periódico. Este sábado dejará de ser el príncipe de Gales y pasará a ser el rey Charles III del Reino Unido.

El presidente Julio María Sanguinetti, la primera dama Martha Canessa y el entonces príncipe Charles de Gales

El expresidente argentino Carlos Menem había visitado Londres en 1998, durante el gobierno del primer ministro británico Anthony Blair. El gobierno argentino decide entonces invitar al príncipe heredero como forma de retribuir la visita y afianzar relaciones después de las heridas de la guerra de Malvinas. Ahí entra a jugar Uruguay. Y el rol del embajador Espinosa. “Esta visita lo que pretendía era solucionar un delicado problema: que no se pudiera interpretar la visita del príncipe de Gales a la República Argentina como una concesión a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Entonces se neutralizaba con una visita al Uruguay”, explica ahora a El Observador. 

Una mañana, el director de las Américas del Ministerio de Relaciones Exteriores británico, Sir. Peter Westmacott, le plantea la necesidad de equilibrar la visita del príncipe de Gales a la Argentina y le pide que Uruguay invite formalmente al enviado de la corona. A la tarde ya tenía una respuesta: el presidente Julio María Sanguinetti había accedido a la invitación.

Después de tres días en Buenos Aires el príncipe llegó a Uruguay. 

A las 16:04 atravesó la puerta del Edificio Independencia, donde lo recibió Sanguinetti y subieron un piso hasta el Salón de los Espejos donde mantuvieron 45 minutos de audiencia privada en los que conversaron sobre cuestiones culturales y urbanísticas.

"Suele ocurrir que los personajes públicos tienen una imagen estereotipada, producto de diversas circunstancias y las diversas historias que han generado una cierta imagen del hoy rey Carlos III. Cuando uno se aproxima a él encuentra una persona cálida, amable e interesada; que en este caso hablaba de temas referidos fundamentalmente a sus preocupaciones: la ecología, el urbanismo, la arquitectura. Naturalmente no eran visitas políticas propiamente dichas, no eran para tratar temas propios del gobierno. El rol de estas visitas de la familia real son de presencia diplomática", recuerda ahora el expresidente en diálogo con El Observador.

El presidente Julio María Sanguinetti, la primera dama Martha Canessa y el entonces príncipe Charles de Gales

La presencia del príncipe de Gales en Uruguay también tenía como propósito agradecer al gobierno uruguayo el apoyo logístico que había brindado al Reino Unido durante la Guerra de las Malvinas para situaciones de emergencia humanitaria, cuando naves y aviones británicos hicieron escala para atender a heridos durante la guerra.

Durante el encuentro con el presidente Sanguinetti el tema “estuvo presente de un modo muy cortés y cuidadoso”. De hecho, durante su primera presidencia, Sanguinetti ya había recibido una invitación oficial para una visita de Estado al Reino Unido que había sido postergada. En 1993 fue el expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera el que visitó el Palacio de Buckingham.

Volviendo a Uruguay, en aquel encuentro Sanguinetti le regaló al príncipe un par de gemelos de oro blanco con un guerrero tallado y el libro Crónicas de Punta del Este. Por la noche lo recibió en la residencia presidencial de Suárez y Reyes. "Lo recibimos y le dimos una cena en la residencia de Suárez, en el Pabellón del Rosedal".

Ensalada de langostinos, medallones de lomo con legumbres y crocante de frutos rojos fue el menú con la se homenajeó al príncipe de Gales en los jardines de la Residencia de Suárez, con 110 invitados entre los que estaban –además de parte de la comitiva real– los ministros y los embajadores de Gran Bretaña en Uruguay y de Uruguay en Reino Unido.

El entonces príncipe de Gales durante su visita oficial en Uruguay

*

Carlos rodeó la Plaza Independencia y presentó una ofrenda ante el Mausoleo de Artigas. El operativo de seguridad no pudo con la curiosidad de los uruguayos que lograron sacarle fotos entre aplausos. La crónica del momento recoge que, entre la multitud, una señora le gritó: ¡Ahí va el príncipe que no amó a Diana!”. Lady Diana había muerto menos de dos años antes.

Luego recorrió las cuatro cuadras que separan la plaza del Cabildo de Montevideo, donde fue recibido por la presidenta de la Junta Departamental de Montevideo, Nelly Goitiño, y el intendente interino de Montevideo, Alberto Roselli, le entregó las llaves de la ciudad.

“La figura del príncipe se acerca más para nosotros al mundo de la leyenda que al mundo real. Nos preguntamos entonces, más allá de la imagen, quién es el ser humano que nos visita”, se preguntó la edila. “Me complace sumamente que la presidenta de la Junta de esta ciudad me considere un ser humano. Es algo que siempre me preocupó”, dijo Carlos después de agradecer los elogios.

El príncipe y su comitiva se alojaron en el Hotel Belmont, que se ubicaba –hasta su cierre definitivo en 2019– en el barrio Carrasco. El segundo día de la visita real, saliendo del hotel uno de los soldados de la guardia de honor se desmayó en el preciso momento en el que Charles ponía un pie en la vereda. El hombre cayó a los pies del príncipe, que rápidamente se agachó a pedir asistencia para el funcionario uruguayo.

En el mismo hotel organizó un almuerzo íntimo el último día de su visita con los integrantes de la comitiva que lo acompañaba.

El príncipe de Gales también aprovechó su paso por Uruguay para visitar el Instituto Anglo, que cumplía 65 años de presencia en Montevideo. Participó también de la inauguración de la empresa de embalaje Linpac Plastics y la escuela 154 donde dibujó junto a los niños. En la estación experimental Las Brujas, del INIA, probó un mate por primera vez.

Charles III en su visita al Instituto Anglo

Vistiendo un traje gris claro, camisa rosa y corbata a rayas también fue recibido por le embajador Andrew Murray y su esposa, junto a unos 30 empresarios uruguayos. “Voy a llevar a Gran Bretaña el mensaje de que es bueno hacer negocios en Uruguay”, dijo Carlos durante la recepción en la residencia del embajador.

Allí también compartió una anécdota curiosa sobre su vínculo con el Frigorífico Anglo: “Recuerdo que comía corned beef de Fray Bentos durante mi infancia. Comía, comía y comía, hasta que me salía por las orejas. Uno de los mejores momentos de mi vida fue cuando descubrí que podía freír el corned beef”, comentó entre las risas de los demás.

En el auto oficial muchas veces estaba Espinosa, que recorrió junto al príncipe la rambla de Montevideo y Punta del Este y recuerda que al hijo de Elisabeth II le llamaron la atención las construcciones en altura sobre la costa. "Siendo el príncipe de Gales un hombre muy amante del respeto al medio ambiente, la ecología y el mantenimiento de la bellezas naturales, tuvo expresiones bastante críticas sobre la edificación en altura de nuestra rambla".

En su último día en Uruguay visitó el Estadio Centenario antes de viajar a Maldonado. El representante del país creador del fútbol asistió desde el palco oficial al partido en el que la selección uruguaya sub 20 le ganó por dos goles al equipo del Instituto Nacional del Menor.

“¡Principe! ¡Carlitos!", le gritaban los niños que habían sido invitados al encuentro mientras el príncipe bajaba al césped. Vestido con traje azul, camisa celeste y corbata al tono el príncipe preguntó si Uruguay apoyaría la postulación de Inglaterra para el Mundial del 2006 y le preguntó al director técnico del equipo, Héctor "Lito" Silva, si efectivamente había jugado en aquel Mundial de Fútbol de 1966 en el que la selección charrúa conoció a la reina Elisabeth II antes de dar el puntapié inicial del torneo. Se fue del centenario con dos camisetas de la selección: para William y Harry.

*

El príncipe Charles se vio enfrentado a una bandeja de cerezas con queso y sanguchitos de miga en alguna biblioteca de Maldonado en una visita inesperada.

Horas antes había llegado al, recientemente inaugurado, Aeropuerto de Laguna del Sauce en donde una formación de personal de la base área lo recibió con tres “¡hurras!”.

En 1999 el gerente del aeropuerto era Gabriel Gurméndez, actual presidente de Antel, y recordó en diálogo con El Observador que la visita del príncipe en ese momento era un desafío porque era la primera vez que iban a tener un Boeing 777 aterrizando en Laguna del Sauce. Gurméndez le entregó un tomo de Nelsons's Favourite, un libro de Anthony Dean sobre el HMS Agamemnon que había peleado en la batalla de Trafalgar y se hundió en la bahía de Maldonado.

Todo estaba envuelto en el puntilloso protocolo real, desconocido y lejano para la sencillez republicana de los uruguayos. Una comitiva había llegado a Uruguay unos meses antes para planificar los detalles de la visita real: cada movimiento, horario y ruta que tomaría el enviado monárquico.

Charles III tras su llegada a Uruguay

El príncipe había expresado que quería conocer el Arboretum Lussich y visitó el Museo de Arte Latinoamericano de Maldonado. Aunque al frente del edificio, donde funcionó entre 1874 y 1929 el consulado británico, un cartel reclamaba la soberanía argentina sobre el archipiélago de las Malvinas.

En medio del recorrido, y de forma inesperada, el intendente de Maldonado Camilo Tortorella – que había sucedido a Domingo Burgueño después de su muerte a mitad de mandato – se le ocurrió romper con el protocolo y llevarlo a una biblioteca en donde le ofrecieron un catering más uruguayo: sánguches y cubos de queso con cereza. Regresaron al aeropuerto por un camino diferente al previsto, lo que generó un creciente nerviosismo entre la comitiva que lo esperaba al final de la alfombra del avión para salir exactamente a la hora programada.

“Dejando tras de sí un rastro de humor y desparpajo con los que durante 72 horas hizo trizas la formalidad del protocolo oficial, le príncipe Charles de Gales partió desde el aeropuerto de Laguna del Sauce", recuerda la crónica de 1999. Desde Maldonado partía nada más ni nada menos que a las Malvinas. El ahora rey de Inglaterra terminó así su primera y última visita al Uruguay.

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