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Se busca testigo de la realidad para los partidos políticos

Un testigo de la realidad en el equipo les ahorraría muchas situaciones humillantes y bochornosas a los políticos

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05 de julio de 2022 a las 09:00

Propongo crear el cargo de “testigo de la realidad”. Cada gobernante y dirigente político debería tener uno dentro de su equipo de asesores. El principal requisito: no ser un militante del mismo partido.

Debería ser obligatorio por ley, porque gobernantes y políticos solo se rodean de gente que los aplaude, que les palmea la espalda, que les vaticina victorias arrolladoras ante adversarios siempre nefastos y equivocados.

Un testigo de la realidad en el equipo les ahorraría muchas situaciones humillantes y bochornosas.

Por ejemplo, le habría hecho notar a quienes redactaron la declaración del Plenario del Frente Amplio del 4 de junio, analizando la situación del gobierno a mitad de su mandato, que entre las 675 palabras que emplearon no figuraba ni una sola vez el vocablo “pandemia”.

Pavada de olvido, solo posible en el microclima que se genera cuando en un grupo humano no hay nadie con independencia de criterio.

La declaración del plenario usó sí la palabra “emergencia”, aunque no en referencia a lo sanitario. Vivimos una emergencia en seguridad, se afirmó en el texto. Un “testigo de la realidad” les habría hecho ver a quienes lo redactaron que los datos de seguridad hoy no son peores que los que registró el Frente Amplio. Entonces, si no era “emergencia”, ¿cómo puede ser “emergencia” ahora?

Del otro lado pasa lo mismo, no se vayan a creer.

¿De otro modo cómo podía explicarse que en un homenaje por los 15 años del Plan Ceibal, con el presidente Lacalle Pou presente, se omita toda mención o imagen al impulsor y creador del proyecto, el presidente Tabaré Vázquez?

Un solo “testigo de la realidad” le habría hecho notar que hablar del plan Ceibal y no nombrar a Vázquez, es como hablar de la batalla de Las Piedras ignorando a Artigas.

Y, sin embargo, ocurrió.

Fue sin querer, se dijo. Seguramente. Porque lo que es absurdo y ridículo para cualquier persona con sentido común, es perfectamente posible en habitaciones cerradas a cal y canto, donde no queda una sola voz no ganada por la manija.

El resultado es que tenemos un debate político ajeno a los hechos.

Recibimos a diario una artillería verbal melodramática y tremebunda puesto al servicio de la nada: en un mundo que vuela, nosotros discutimos sobre portabilidad numérica, los tuits de la senadora Graciela Bianchi y lo que ocurre en el club Villa Española.

Un testigo de la realidad podría hacer notar que hay temas más importantes: cómo volver a tener un sistema educativo integrador, cómo orientar el país hacia la ciencia, cómo bajar los costos de un país insufriblemente caro para su gente sin bajar los salarios, cómo generar mejores empleos en un mundo donde el trabajo está cambiando a ritmo de vértigo.

Pero seguimos, claro, con Villa Española. Incluso tuvimos un fin de semana de reflexión sobre Villa Española. Fue un gesto autoritario que recuerda a la dictadura, dijo Marcelo Abdala, falto de un testigo de la realidad en su entorno. Mientras tanto, y con la misma evidente carencia, la senadora Bianchi defendió haber divulgado una foto falsa del presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, junto a Pablo Escobar.

“Senadora: si es falsa, está mal”, le habría dicho nuestro testigo.

Y nosotros los periodistas hablando sobre todo esto como si fuera importante, mientras el Senado se apresta a sesionar para analizar las “inconductas” de Bianchi.

¿Y el enfrentamiento al delito organizado, a las bandas criminales del narcotráfico, en el que a unos ya les fue mal y los otros ya comenzaron a descubrir que no les va a resultar nada fácil?

Eso podría unirlos para afrontar juntos al menos un problema importante.

Pero ni siquiera.

Un testigo de la realidad podría decir: ya basta.

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