25 de julio de 2014 19:10 hs

El desarrollo de un proyecto es excitante. El encanto que encierra provoca que uno se hipnotice y dedique todo su tiempo para concretarlo. Pero lo que el emprendedor no debe olvidar es que el proceso de creación de un startup es difícil y solitario, y que esa soledad puede resultar una carga pesada y perjudicial.

Para enfrentar esta situación, comenzaron a aparecer en Uruguay espacios de coworking. Se trata de una modalidad en la que un grupo de personas comparten un lugar físico con servicios básicos integrados con el propósito de desarrollar sus emprendimientos. No existen espacios fijos definidos y el fin principal es generar justamente un vínculo, propio de trabajar con otros.

Los coworkers vienen de áreas muy diversas: suelen ser jóvenes emergentes, freelancers y personas vinculadas al ecosistema emprendedor que desean interactuar entre sí para retroalimentarse con ideas, generar contactos y hasta potenciales negocios.

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Este fenómeno se expande de forma muy rápida a nivel mundial. En 2009, Brad Neuberg creó un espacio de trabajo colaborativo en San Francisco llamado ‘Hat Factory’, un loft en el que trabajaban tres freelance y más adelante lanzó ‘Citizen Space’, considerado el primer coworking en el mundo. Hoy existen más de 3.000 centros de este tipo, de acuerdo a la cuarta encuesta global de coworking.

Si bien hace años que existen en Uruguay empresas que alquilan oficinas como Plaza Business Center, Red Uruguay Business Center y Regus en el World Trade Center, entre otros, los espacios propios de coworking como tal aparecieron este año con la apertura, en abril, de Sinergia Cowork en Palermo.

Este jueves se inauguró otra opción en la zona de Pocitos: Co-Work Montevideo, que integra una red regional con base en Chile.

La colorida experiencia de sumar

Ingrese sin tocar timbre, reza el cartel a la entrada. La mañana transcurre tranquila en el espacio colaborativo ubicado en Gonzalo Ramírez 1676. Sinergia Cowork está compuesto por 1.500 metros cuadrados con una multiplicidad de espacios comunes.

En una de las mesas de planta baja dos jóvenes conversan en un volumen casi imperceptible. Otro hombre prefirió alojarse al fondo con su laptop y colocarse auriculares. En el piso de arriba, cuatro personas trabajan inmersos cada uno en su computadora, compartiendo la ronda de mate.

En los espacios de oficinas privadas, puede verse a través de los vidrios varios grupos de personas trabajando. La copiosa lluvia que cae en la capital es la razón para que sea una atípica mañana de baja presencia de cowerkers. No obstante, el lugar comienza a llenarse a medida que transcurre la jornada, según pudo constatar Café & Negocios Emprendedores, al pasar todo un día en Sinergia para experimentar de qué se trata ser parte de una comunidad activa y colaborativa.

A cuatro meses de su inauguración, 200 personas concurren al espacio diariamente entre coworkers, quienes trabajan en las oficinas y los que participan de alguna actividad.

Maximiliano Pérez, (miembro fundador de TECHO y director regional de Socialab); Federico Lavagna (director de El Viajero Hostels Sudamérica); Mateo Vilar del Valle y Alexander Hobbins; Emiliano Navajas; y Macarena Botta, quien está a cargo del lugar, decidieron instalar la cultura del coworking en Uruguay con el fin de reunir a emprendedores y profesionales de toda índole para crear una comunidad que comprenda el valor del trabajo colaborativo, de retroalimentarse e intercambiar tanto ideas como consejos.

El precio mínimo por las oficinas es de $ 12.000 más IVA por mes. En el caso de la modalidad de cowork, se paga según las horas que se utilicen. Se buscó especialmente que la tarifa fuera accesible para emprendedores. Hay un plan de 20 horas que cuesta $ 1.000, uno de 40 que está en $ 1.500 y el plan mensual, por el que se puede utilizar todas las horas que se deseen, en $ 2.500 (ninguno incluye IVA). Quienes escogieron ser parte de la comunidad son trabajadores freelance, starters que están desarrollando un proyecto, o emprendedores ya asentados. Todos comparten el sueño del emprendimiento propio y tratar de cambiar algún aspecto del país.

En la vanguardia

El ambiente en Sinergia es cálido, amigable y flexible. Resaltan los lugares abiertos y coloridos. Además de las oficinas privadas y el espacio de cowork, hay un playroom, dos salas de reuniones, de eventos y livings. Macarena Botta se aloja en la primera mesa del espacio y saluda a los recién llegados. Se toma unos minutos para charlar con cada uno y se pone a disposición.

En un rincón hay paquetes de galletas caseras y productos de De la tierra, empresa que se dedica a elaborar snacks y cereales. En la pared un cartel invita al consumo responsable :“Autogestión. Pone la plata en el frasco; sacá el cambio. Gracias por confiar”. Uno de los pilares en los que se basa Sinergia es justamente la confianza en el otro.

De consumidores a creadores

Walter Guardia (31) está en el primer piso concentrado en sus tareas. Es parte de MakerLab, un espacio de creación, investigación y desarrollo en arte, ciencia y tecnología. Trabaja con maquinaria de microfabricación y prototipado rápido. Entre las áreas de desarrollo está la impresión 3D.

Desde temprano está imprimiendo partes para construir una perforadora que en el mercado sale más de $ 700 y a él le costará $ 90. Se fascinó con esta tecnología hace unos años al participar de una charla. A partir de ese momento, no cejó en su esfuerzo para obtener una impresora 3D. Al poco tiempo logró importarse una.

Hoy en Sinergia hay cuatro impresoras de las cuales dos fueron hechas de cero, a partir del equipo de Guardia.

Esta tecnología permite replicar las piezas y crear lo que sea. Sí, hasta otra impresora 3D. “Nos pareció importante transmitir el conocimiento, que entiendan que no se necesita nada para hacerlo. Pasamos de ser consumidores a creadores”, asegura Guardia.

En una ocasión invitó a sus amigos a comer un asado y faltaban tenedores. Se resolvió la situación imprimiendo estos utensilios. Se puede hacer lo que sea, siempre que use el plástico como material, recalca el experto.

En una repisa pueden verse varios elementos creados por MakerLab. Hay muñecos, un llavero, fundas de celulares y hasta una tacita.

Nutrirse los unos a los otros


En otra de las oficinas conversan Germán Nocella (28), Daff Schneydher (31), –fundadores de ColoUr, que se dedica al retoque de color de producciones cinematográficas, de televisión y series–; y Diego Roche (31), uno de los fundadores de la productora fotográfica Panorama, quien está en busca de un consejo de ColoUr para un proyecto en el que está trabajando .

Esta sinergia se da continuamente, desde alguien que necesita un cable, una opinión y hasta recomendaciones de clientes, según Nocella, quien cuenta que se nutren mucho unos a otros.
Botta dice que este vínculo era el que se buscaba, pero que le impacta lo rápido que se dio.

“De forma natural, se da a diario. Había dos personas que no se conocían y hoy trabajan juntas. O preguntan por alguien que los pueda ayudar en tal área y se contactan. Entonces, se acortan los tiempos entre tener la idea y su ejecución”, expresa.

Añade que lo que busca Sinergia es democratizar el emprendedurismo. El bajo costo, el no pedir garantías y las posibilidades que brinda el espacio hace que se rompan barreras comunes. “Quisimos que el freelance tenga un espacio y pueda aprender, cocrear, generar nuevos trabajos, oportunidades. A su vez, que el emprendedor pueda hacer negocios con otro coworker”, explica.

La competencia aporta

En Estados Unidos y Europa los espacios de trabajos colaborativos funcionan muy bien. La necesidad de estos lugares en Uruguay estaba latente. Fue así que el equipo de Sinergia Cowork decidió tomar esa ‘receta’ para replicarla en el país.

Botta opina que es saludable que nazcan otros espacios de coworking: “Cuantos más hayan se genera más demanda en el mercado. Nosotros creemos en la colaboración, en sumar. Además, compartimos el mismo objetivo”.

Agregó que su diferencial está en la amplitud y la flexibilidad del espacio, ya que todas las mesas tienen ruedas e invitan al movimiento y la adecuación, además del buen clima que se respira. Recalcó que ofrecen mucho más que el coworking: tienen una red de mentores que vienen cada 15 días para donar su tiempo y ayudar a los emprendedores.

“Nos está yendo bien, pero este es un camino que se recorre. Hay que trabajar todos los días para que se sientan cómodos”, asegura.

Nuevos proyectos

Sinergia tiene varias novedades y proyectos a futuro.
En primer lugar, tiene pensado abrir un local a corto plazo en Punta Carretas y otro en Punta del Este. Está investigando las mejores zonas para hacerlo.

Por otra parte, tendrá una incubadora de empresas que se pretende que esté en funcionamiento en setiembre, con el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Los detalles están por definirse, pero el equipo fundador está muy “emocionado” con la idea.

Co-Work, trabajar en una mesa compartida

Hace tres años, Antonio García (30), Horacio Justiniano (35) y Sebastian O’Ryan (29) tenían el sueño de cambiar el mundo a través de la colaboración. Con esto en mente crearon Co-Work Chile, un espacio de trabajo colaborativo y aceleradora que acaba de arribar a Uruguay con la inauguración de Co-Work Montevideo en Tiburcio Gómez 1330 piso 3, Pocitos.

En Chile tienen cuatro espacios de coworking, pero querían expandirse hacia el exterior y escogieron a Uruguay como el primer país para hacerlo. Esto se debe a que consideraron que los emprendedores uruguayos son como la “tormenta perfecta”. “En primer lugar, tienen mucho talento. A su vez, nacen mirando al exterior. Desde el inicio enfocan el producto para internacionalizarlo. Por último, está su ‘garra’, ya que quieren posicionar a su país en el mundo. Estas tres cosas juntan son una bomba a punto de estallar”, aseguró a C&N Emprendedores O’Ryan, quien agregó que Co-Work apunta a aportar su grano de arena para que esto pase.

Los socios de Co-Work Montevideo son los chilenos García, Justiniano, O’Ryan y el uruguayo Mario Sánchez, fundador de GlobalizeU y de UNO WiFi.

Además cuentan con un equipo de colaboradores integrado por ejecutivos y emprendedores locales que ponen su red y experiencia a disposición para acelerar proyectos. Entre ellos se encuentran Jimena Silva (desarrollador de negocios independiente, ex AVP Credit Suisse Private Banking en Suiza y Uruguay), Thomas Kossmann (experto en comercio, socio de Prosperitas), Rodolfo Openhiemer (quien trajo McDonald’s a Uruguay y socio en Xn Consultores), Eduardo Mangarelli (director de Tecnología en Microsoft) y Mario Val (CEO en Intermedia).

Co-Work tiene capacidad para 100 personas. Se compone de 400 metros cuadrados, cuenta con espacios de trabajo abiertos, salas de reuniones, de eventos, comedor, lugares de encuentro informal y ofrece los servicios básicos de toda oficina. Además, está abierto todos los días, las 24 horas .

El estilo es de un espacio corporativo, muy similar a una oficina, más allá de sus peculiaridades. “Fue pensado de esta forma para que uno sintiera que estaba en su propia oficina; Co-Work es su lugar de trabajo”, resaltó O’Ryan.

Los planes se hacen a medida de cada persona dependiendo las horas, la cantidad de individuos por empresa y el plazo por el que se alquile. El rango de precios va entre
US$ 80 y US$ 320 por persona. “Estamos abiertos a hablar con los emprendedores, y si alguien no puede pagar ese monto podemos becarlos; obvio que con cierto límite. De otra forma, sería inconsistente con nuestro sueño de cambiar al mundo”, explicó.

Expertos en coworking

A partir de su experiencia en Chile, se volvieron especialistas en los espacios de colaboración. Solo tienen área de coworking, sin oficinas privadas, ya que esa dinámica fue probada en uno de los locales anteriores y no funcionó. “Coarta la colaboración, porque la gente al tener puertas tiende a encerrarse. Al final, no deja que hagamos lo que soñamos que es lo que llamamos la colaboración radical o antinetworking. Uno no debe proponerse hacer contactos para que lo ayuden, sino plantearse cómo puedo yo ayudar al otro”, explicó el fundador. Por eso, pretenden que personas de distintas empresas se sienten en una misma mesa e interaccionen. De esta forma, se potencian entre sí y les sirve a todos, continuó.

Uno de los aspectos que cuidan ante todo son las sillas. García se convirtió en un especialista en lo que refiere a mobiliario. Este cuidado se debe a que si uno tiene dolor de espalda, repercute en su humor y puede ocasionar que la persona sea improductiva. “Nuestros proactivos más caros son las sillas”, contó O’Ryan.

Por otro lado, la distribución de las mesas tiene una medida exacta, porque si se está muy junto se incita mucho el desorden, y si es muy separado hay demasiada libertad y no se produce interacción. Lo ideal es que se genere solo un poco de desorden para fomentar la creatividad, agregaron.

Asimismo, hicieron un estudio de mercado para saber en qué zona de Montevideo les convenía estar. Notaron que el uruguayo se preocupaba mucho por la seguridad, por eso eligieron el polo empresarial del WTC, dónde hay vigilancia las 24 horas.

Beneficios mutuos

Las startups uruguayas necesitan internacionalizarse por su escala de mercado. En Chile esto no es habitual, ya que tiene suficiente demanda interna. “Ese aprendizaje queremos transmitírselo al emprendedor chileno y viceversa. A su vez, podemos aportar con la externalización de los proyectos uruguayos para buscar un inversor de nuestro país de origen”, aseguró O’Ryan.

Añadió que su sueño es apoyar a los emprendedores latinoamericanos a que potencien sus empresas por toda la región.

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