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Un caso de posible fraude y estafa de un corredor de bolsa puso el tema en agenda.

Opinión > ANÁLISIS

Sobre fraudes y estafas en el mercado financiero

Una vez más, la misma receta: educación financiera; muchos de los fraudes no tienen como origen el apropiarse indebidamente del dinero

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08 de enero de 2022 a las 05:00

Dos artículos de prensa publicados el 19 de diciembre y el 4 de enero en El País dieron cuenta de una presunta estafa y fraude a clientes de un corredor de bolsa. Más allá de los detalles, que se irán conociendo en los próximos días, hay algunas conclusiones que se pueden sacar.

En primer lugar, esto no es algo generalizado. Según la memoria anual de la Superintendencia de Instituciones Financieras del Banco Central (BCU), hay más de 200 instituciones financieras que operan en el mercado de valores (contando bancos, asesores de inversión, gestores de portafolio, corredores de bolsa y agentes de valores) y esta situación estaría afectando a algunos clientes de un corredor de bolsa. 

En segundo lugar: los inversores tienen herramientas para que esto no les ocurra. Para empezar, confiando sus ahorros a una institución que tenga buena reputación y trabajar con un asesor calificado, y con altos estándares de ética y profesionalismo.

Para seguir, siempre revisar los estados de cuenta, asegurándose que se reciben de una fuente independiente al ejecutivo de cuentas con el que trabajan. Y no dar un poder a su ejecutivo para que retire dinero de la cuenta.

No es la primera vez que pasa algo así en Uruguay. Por el contrario, este hecho lamentable se da con relativa frecuencia en todas partes del mundo. Y el esquema es muy similar: un ejecutivo “de confianza” es el único interlocutor y les envía directamente (o entrega en mano) los estados de cuenta a los clientes. Estados de cuenta que fueron “dibujados” (falsificados) para esconder la realidad de las inversiones.

Aunque no tengo estadísticas, me animo a aventurar que esta situación se da cada vez con menos frecuencia. La disponibilidad del envío digital de la información y el acceso en línea a los estados de cuenta, una mayor transparencia (un porcentaje grande de clientes tenía en el pasado cuentas ocultas); clientes con cuentas “no declaradas” eran reacios a denunciar fraudes o errores operativos), un mayor profesionalismo de las instituciones financieras y de sus asesores, la existencia de más controles regulatorios y al interior de las firmas, y mayores niveles de educación financiera, explican que estos casos se den menos y, cuando se dan, salgan a luz más rápidamente.

Los inversores tienen derecho a preguntar cuando tienen dudas. Verificar que el estado de cuenta les llega por una fuente oficial, independiente del ejecutivo de cuentas. Averiguar dónde están custodiados sus activos y cuál es la seguridad de dicha custodia. Preguntar las calificaciones de los funcionarios que les asesoran (qué estudiaron, cuál es su trayectoria y la capacitación continua que realizan). 

El regulador uruguayo, al igual que la mayoría de los reguladores, exige tanto capacitación inicial como capacitación continua acorde a las tareas que se realizan. Entender las inversiones que tienen, el retorno potencial y los riesgos a los que están expuestos.

Muchos de los fraudes no tienen como origen el apropiarse indebidamente del dinero de los clientes, sino ocultar pérdidas.

Muchos de los fraudes no tienen como origen el apropiarse indebidamente del dinero de los clientes, sino ocultar pérdidas. Se originan cuando asesores “prometen” retornos que son irrealistas, o que no se cumplen. Y ocultan las pérdidas a través de estados de cuenta falsos, esperando que un “golpe de suerte” los vuelva al camino anhelado. Retirando dinero de la cuenta de un cliente para resarcir a otro cliente. Y lo hacen durante años, mientras crece la bola de nieve de pérdidas.

Estamos en un mundo de retornos extremadamente bajos. Si un bono en dólares del gobierno uruguayo a 10 años rinde aproximadamente 2,5%, es evidente que un activo que rinda 8% debe conllevar un riesgo considerable y una importante volatilidad. No es razonable esperar ganar 6%- 8% con poca volatilidad y bajo riesgo. Inversores con expectativas irrealistas, sumado a asesores que, para empezar, no explican a sus clientes el riesgo que están asumiendo, y luego no enfrentan circunstancias adversas cuando se dan, sino que por el contrario buscan ocultarlas, son el caldo de cultivo para estas situaciones.

Cuando todo va bien, muchas veces no se miran los riesgos. Mientras se sigan cobrando los intereses, mientras no se precise el dinero, mientras no se hagan preguntas, la cosa sigue. Hasta que algo pasa. El blanqueo en Argentina desenmascaró algunos fraudes. Clientes tuvieron que entregar estados de cuenta oficiales a la autoridad impositiva. Y cuándo los pidieron, estos no coincidían con los que tenían. O cuando otro miembro de la familia se involucra en el manejo financiero o se pide asesoramiento a otro asesor y se descubre la operativa.

Las empresas también tienen muchas herramientas para evitar estas situaciones. Para empezar, seleccionar cuidadosamente a sus colaboradores y darles la capacitación necesaria  —que incluye temas relativos a ética y estándares profesionales—. Y realizar los controles para identificar estas situaciones. Un robusto sistema de control interno que se apoya en las herramientas informáticas a disposición, y en auditorías internas y externas para, tempranamente, hallar situaciones irregulares.

El común denominador de los fraudes que se describen en esta columna son confianza con falta de controles. La situación que estamos viviendo no es generalizada, pero genera dudas sobre la credibilidad y la confianza del sistema. Son las circunstancias adversas las que nos fuerzan a realizar cambios y ajustes. Aprovechemos esta oportunidad y sus enseñanzas para, como inversores, hacer las preguntas y tomar recaudos.

La confianza es la base del sistema. Es un activo muy preciado que todos debemos preservar y cuidar. No desaprovechemos la oportunidad que nos da esta situación, a todos los actores del mercado de valores, para realizar los cambios que nos ayuden a seguir construyendo las bases de un mercado financiero más sólido. 
 

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