Opera en Uruguay y Argentina, y ahora con La Nave Multimodal tiene el foco en Brasil y en Paraguay. Sus principales clientes son multinacionales como Unilever, Nestlé, Phillip Morris, Pepsico, Coca Cola, FNC, Bimbo y Mercado Libre, entre otras.
También es la presidenta de la Fundación La Nave, que se encarga de capacitar al personal y generar programas de responsabilidad empresarial, la mayoría enfocados en empoderar a las mujeres.
El 50% de la plantilla de sus empresas son mujeres (incluyendo camioneras y choferes de elevadores). Con el programa Mujeres a la Cancha fomenta la formación de estas en el deporte, creó un centro de cuidados y una sala de lactancia en conjunto con el sindicato para que las trabajadoras no tuvieran que pasar la incomodidad que pasó ella (amamantó a sus dos hijos en la silla del escritorio dándose vuelta para que no la vieran porque su oficina era vidriada).
“Para las mujeres como yo, que necesitamos progresar personalmente porque ese es nuestro motor de vida —aparte de nuestros hijos—, es muy difícil ser aceptadas en la sociedad. No te visualizan como una madre modelo”, dice la empresaria. Pero ver que sus hijos -de 18 y 16 años- la toman como una referente la hace sentirse orgullosa. “Y soy feliz porque siento que soy buena madre, porque me realicé como mujer en lo que me gusta hacer, disfruto cada día las cosas que hago y devuelvo a la sociedad la oportunidad que tuve de resurgir de un lugar que nadie ve. A veces las personas que están muy abajo sienten que nunca van a salir de ahí y yo quiero mostrar que se puede, cuando se quiere, se puede”.
En 2019 inauguró el Centro de Cuidados “Crece desde el Pie”, para que las mujeres pudieran ir a trabajar y estar tranquilas de que sus hijos están en buenas manos. Tiene capacidad para atender a 120 niños de entre 0 y 12 años, al que pueden acceder tanto los trabajadores de sus empresas como la comunidad del barrio. Según Staricco es como un colegio de Carrasco en Barros Blancos”.
¿Cómo afectó la pandemia a la empresa y cómo la afrontaron?
Lo primero que tuvimos que hacer y lo que más nos costó fue poder tranquilizar al personal, que tenía muchas dudas y miedos. Estábamos en primera línea, porque la gente empezó a consumir más por internet y teníamos que salir a entregar quizá tres veces más de lo que estábamos entregando. Hicimos una capacitación y un protocolo interno, tomamos precauciones, trabajamos mucho con la prevencionista en cómo cuidarnos y cómo cuidar al cliente y la pudimos superar bien.
La tecnología fue el gran desafío del 2020: hubo que hacer un cambio de mentalidad interna e invertir mucho en sistemas y software, por el desborde de pedidos. La explosión de trabajo de marzo cuando empezó el covid-19 y la de diciembre no se mantuvo a esos niveles, pero quedamos arriba del promedio que teníamos entre un 20% y un 30% y pareciera que esto viene para quedarse.
¿Falta personal capacitado para el sector?
Totalmente, Uruguay no estaba preparado. Se sabía que se venía el desarrollo del e-commerce por lo que el mundo marcaba, pero se veía más lejos. La pandemia lo aceleró y no estuvimos preparados ni tecnológicamente ni con el personal idóneo en la utilización de las herramientas. Tuvimos que salir a acomodarnos para poder dar un servicio que todavía no es 100% bueno, en el que tenemos que seguir invirtiendo y trabajando en capacitación. Por eso, la fundación La Nave tiene ese rol de capacitar no solo a los empleados de nuestra empresa, sino que también está trabajando muy fuerte en la comunidad.
¿Alguna vez se sintió discriminada en el sector por el hecho de ser mujer?
Lo que siento es que tengo que demostrar cuatro veces más tener la razón cuando el hombre de una la tiene. Eso fue una de las cosas que más me costó. Siempre tengo que pasar la prueba de que estoy capacitada para algo en lo que realmente tengo experiencia y que sé hacer, y siempre te ponen en duda que seas capaz de hacerlo. Pero también con los años uno va ganando el respeto, que se gana con hechos y no con palabras.
Producto de todo eso es que quiero ayudar a que la mujer no le tenga miedo a un sector que es de hombres. Podemos hacerlo y hay muchas mujeres a las que les gusta este rubro que tiene muchas oportunidades de trabajo para ellas, porque el mundo se desarrolla con la logística, el comercio se mueve con la logística. Me parece fundamental ayudarlas e impulsarlas en un mercado laboral que requiere de puestos.
¿En qué consiste el proyecto de intercambio comercial con Argentina en el que trabaja?
Veía que estábamos perdiendo mercado. Uruguay a veces deja de ser competitivo por los costos y es un país que no tiene un flujo de movimiento de mercadería que haga que podamos tener una mirada para las inversiones. Así que, hace casi un año vengo trabajando en el desarrollo del cruce de mercaderías a través del puerto de Juan Lacaze —que no es algo nuevo—, con el diferencial de que no sean los choferes con los tractores los que cruzan, sino que los uruguayos hagan todo el tramo uruguayo y los argentinos el tramo de allá. Con esto se evita el cruce de personas (importante en tiempos de pandemia), el costo de tener un chofer tres días en otro país y se gana la rapidez: una carga que demoraba cuatro días en ir a Argentina la podremos llevar en dos y estaremos ahorrando un 20% del costo del flete.
Hoy estamos pensando en tener una frecuencia por día con un promedio de 60 semirremolques. A medida que vaya aumentando la demanda de carga, puede haber hasta dos frecuencias por día con un solo barco.
El puerto de Juan Lacaze es el que hoy está operativo para un buque de esas dimensiones y, aparte, es una comunidad a la que me gustaría hacer resurgir.
¿Qué es lo novedoso?
Que, para que tanto un uruguayo como un argentino puedan trabajar en los semirremolques (contenedores con ruedas), estos tendrán una matrícula del Mercosur.
Y también que se suma Brasil, porque somos hasta más económicos en el tramo Argentina, Brasil y viceversa, porque tenemos un transit time menor y costos menores. Estamos trayendo trabajo que hoy no pasa por Uruguay.
¿En qué etapa está el proyecto?
Argentina ya avanzó, de hecho, la semana que viene se juntan Aduana, Ministerio de Transporte, Gobierno y Sindicato para terminar la redacción final. En Uruguay estamos en proceso de redacción aún, pero entiendo que va a salir. Nosotros como empresa solo necesitamos que se firme esta matrícula y estaríamos prontos para empezar a trabajar en abril o mayo.
Para mí es un doble mérito haber conseguido esto porque es histórico para el Mercosur y porque una mujer lidera el proyecto.
Invertir en el futuro
Inspirada en su propia experiencia, Staricco inauguró en 2019 el Centro de Cuidados “Crece desde el Pie”, en Barros Blancos, para que las mujeres pudieran ir a trabajar y estar tranquilas de que sus hijos están en buenas manos. El centro tiene capacidad para atender a 120 niños de entre 0 y 12 años, al que pueden acceder tanto los trabajadores de sus empresas como la comunidad del barrio.
“Hicimos como un colegio de Carrasco en Barros Blancos, con psicomotricista, alimentación, control de aprendizaje, estímulos, todo para preparar a los niños para que tengan un futuro diferente”, explicó. Para Staricco, empresas y gobierno tienen que estar unidos y trabajar en conjunto. “El Sindicato Único de Transporte de Cargas y Ramas Afines (Suctra) administra el Centro, el Estado pone los educadores y nosotros la infraestructura y el mantenimiento. Desde la Fundación La Nave también apoyamos con talleres y con una olla popular que funciona en el Centro desde marzo”.
Actualmente están evaluando abrir un segundo centro de cuidados en la zona de los accesos a Montevideo.