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Tiene 21 años y creó una app que ayuda a hablar a personas con discapacidad

Háblalo es una herramienta de inclusión con más de 190 mil descargas creada por un joven argentino que busca cambiar el mundo con la tecnología

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09 de enero de 2021 a las 05:00

Ganó un campeonato mundial de robótica a los 17 años. Fundó una empresa a los 18. Con 21, además de técnico en electrónica y analista en sistemas, es el creador de una aplicación que alcanzó 190 mil descargas en todo el mundo. Mateo Salvatto, con casi la misma edad que quien escribe, habla como si tuviera 40 años de experiencia, quiere transformar el futuro de la sociedad argentina e intenta que su discurso llegue a los más jóvenes para acortar una grieta de la que responsabiliza a todos los políticos por igual. También dice que su país tiene todo el potencial para ser de primer mundo y que Háblalo, la plataforma que inventó para ayudar a personas con discapacidad, es solo el primer paso para cumplir uno de sus objetivos: mejorar la inclusión.

Cuando todavía era menor de edad, fue campeón nacional de Argentina peleando con robots. No tenía que usar a las máquinas para golpear a alguien como tal, pero debía diseñarlas para que, dentro de una especie de ring, su aparato soportara los ataques del oponente y lograra tirarlo manteniéndose dentro del área del juego. 

Al año siguiente, se consagró en Israel, donde la dinámica era algo distinta, pero no escapaba a la robótica que tanto le apasiona. Esa vez, junto a su amigo Matías, armó un pequeño auto eléctrico que, para ganar, tenía que cometer la menor cantidad de infracciones posibles. Así, la delegación argentina, de solo dos integrantes, sorprendió a los numerosos equipos de alemanes, rusos y estadounidenses y se llevó el premio mundial para su casa por primera vez en la historia.

Pero para Salvatto eso no bastaba. De a poco empezaba a dejar atrás la tecnología “por diversión experimental”, los primeros proyectos para “cagarse de la risa” con amigos, los robots de pelea y aquel primer cohete, llamado Asedón 108, que voló dos kilómetros en vertical cuando estaba en la secundaria. Incluso, también las competencias.

 

Sentía que podía más, que debía crear un proyecto propio y ejecutarlo en el corto plazo. Le llevó un buen tiempo pensarlo, algo así como un año. Hasta que el 2 de enero de 2017, después de pedirle US$ 25 a su padre, publicó Háblalo en Google Play, la primera aplicación de la tienda en funcionar como traductor instantáneo para, en principio, suplir las dificultades que tenían los pocos alumnos de su madre —una profesora que trabaja con sordos desde hace 35 años—, que muchas veces pasaban horas y horas para realizar un simple trámite en la farmacia o para comprar en el supermercado. 

“Está buena. Es una buena idea. ¿Quién la hizo?”, fue la primera reacción que tuvo ella cuando Salvatto bajó a su cuarto y le mostró el invento. “Yo la hice. De verdad”, insistió él después de que pasaran varios minutos sin que le creyera. A partir de allí, empezaron a trabajar juntos y eso fue de gran ayuda para el proyecto, que derivó en la fundación de Asteroid Technologies, compañía que encabeza junto a otros nueve socios.

Pese a tener tres empleos —es director ejecutivo de Asteroid, director de Innovación en ORT y conferencista— y a contar con un extenso conocimiento tecnológico, Salvatto dice que de no ser por el trabajo en conjunto y las sugerencias de discapacitados hubiera sido imposible avanzar en los ajustes de la aplicación. De hecho, recuerda que en los inicios tuvo que buscar en Youtube cómo crearla porque en su escuela, centrada en la electrónica, no le enseñaron ese tipo de cosas. 

“Me crié viendo cómo las personas con discapacidad sufrían para realizar tareas que para mí eran de todos los días, como pedir una dirección en la calle o ir a una consulta médica. Me daba bronca porque decía ‘loco, ¿cómo puede ser que creemos tecnología para que, mientras vos y yo hablamos, haya un robot dando vueltas, sacando fotos y mandándolas a la tierra, pero un sordo no puede hacer una denuncia? No tenía sentido”, recuerda y agrega: “A mí me enseñaron algo muy básico para hacer aplicaciones, pero tuve que mirar un montón de tutoriales para aprender y de ahí salió Háblalo”.

Su principal error, al inicio, fue creer que podía trabajar solo, con eventuales consejos de su madre, que aportaba tímidas instrucciones desde su lugar de docente. El problema era que se estaba olvidando de lo más importante: recibir feedback de los usuarios (las personas discapacitadas) para entender qué tipo de tecnología necesitaban para comunicarse mejor y así implementar cambios.

“El error más grande que me mandé fue creerme que yo podía desarrollar algo para una comunidad de la que no soy parte casi sin consultar. Yo hablaba con mi vieja sobre qué podía hacer, pero nada más. Pero ahí lo que tenía que hacer, que es una política de la empresa ahora, es sentarme con la persona con discapacidad y que me dijera ‘hacé esto, no otra cosa’, recuerda.

Ahora, más que una pequeña ayuda para pocos alumnos, Háblalo es una herramienta de inclusión con más de 190 mil descargas en Google Play —17 mil en Uruguay— que se ofrece a empresas para facilitar el diálogo entre vendedores y clientes en 53 países diferentes de todo el mundo.

¿Cómo funciona?

Una vez descargada la aplicación, el usuario debe registrarse e ingresar sus datos personales, el idioma que desea usar y si quiere o no crear atajos y pictogramas que sirvan como ejemplo durante un diálogo. Todo ese proceso puede hacerlo con o sin internet, porque la plataforma permite trabajar con ambas opciones y esa es una de las cartas más innovadoras que trae, además de incorporar 40 idiomas en simultáneo.

Lo siguiente que aparece, para los más aprendices, es un pequeño tutorial que explica cómo usar cada opción que trae Háblalo. Un pequeño cuadro de diálogo, con la palabra chat debajo, permite escribir y que la aplicación reproduzca de forma oral el texto mientras otra persona escucha. O a la inversa: alguien puede hablar frente al dispositivo y luego sus dichos se convertirán en texto. 

Otra opción que trae es la de diálogo por pictogramas. Desde allí el usuario podrá usar un dibujo ya creado, una imagen con texto o una foto que ingrese y, para darse a entender, la app lo reproducirá en voz alta. 

Los atajos, simbolizados con una flecha, permiten escribir frases cotidianas para que quienes tengan dificultades al hablar o escuchar puedan ahorrar tiempo. Desde estados de ánimo, acciones cotidianas, hasta ubicaciones frecuentes, los atajos se sitúan justo al lado de la alternativa Configuración, que permite ajustar colores, modificar nombre y otros datos personales, agregar o quitar contactos de emergencia, cambiar el tono o la velocidad de la voz, así como el lenguaje. En el siguiente video observamos cómo funciona.

A diferencia de lo que muchos conductores argentinos creen —o, al menos eso demostraron en sus programas—, el éxito de Salvatto no se limita a la creación de una aplicación. En realidad, tiene un buen número de seguidores que lo apoyan y reconocen por eso, pero sus discursos poco encajonados, sus charlas motivacionales a emprendedores —y poco comunes en personas de su edad— y una metáfora que usó en una charla TED al comparar las hamburguesas con la tecnología forman parte de un repertorio que, en algunas ocasiones, lo lleva a sacar más de un aplauso.
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"¿Por qué le ponen pepino a las hamburguesas? Esa es una pregunta que me vuelve loco, porque no lo entiendo”, comenzó diciendo en ese entonces. "¿Quién es el villano que crea estas cosas? (...) Siempre que voy a un local de comida rápida pido por favor que la hamburguesa no tenga pepino”, continuó. Gracias a la aplicación, “ahora los sordos van a poder pedir la hamburguesa sin el asqueroso pepino en el medio mucho más rápido”.

A partir de ese discurso comenzó a aparecer en diversos medios y la app, que tenía 10 mil descargas en ese entonces, “empezó a disparar”. Pero esos reconocimientos excedieron las palmadas, la vorágine virtual y las apariciones televisivas. Con el paso del tiempo, los transformó en premios. Por nombrar solo algunos, a finales de 2018 recibió el del MIT como uno de los jóvenes innovadores más influyentes de Latinoamérica, uno de la Universidad de Pekín, apareció en un documental de Google y un año más tarde ganó el de emprendedor social del año. 

 “Es un groso el chabón que inventó la valija con ruedas porque agarró dos cosas que existían”

Por todas esas razones, quizás, Mateo Salvatto sea el ejemplo que muchos padres argentinos, televidentes o incluso periodistas ven como un producto atractivo, formado, que buscan como guía para sus hijos y nuevas generaciones, sobre todo cuando, desde sus dotes empresariales, demuestra que liderar una empresa a tan corta edad en Argentina sí es posible. Aunque no dejan de ser cumplidos acertados, él prefiere atribuir su crecimiento personal a sus colaboradores y se limita a decir que solo tuvo la idea de combinar herramientas ya existentes en un mismo software. 

¿Por qué piensa esto? En realidad, la aplicación Háblalo usa una tecnología que ya estaba inventada, por lo que, tal y como reconoce, no es novedosa en ese punto. El traductor de Google, por ejemplo, es anterior a Háblalo, pero nunca tuvo una “interfaz cuidada” para facilitar la comunicación entre personas discapacitadas, simplifica Salvatto. ¿Esto quiere decir que Google hace las cosas mal? Pues, a su parecer no, sino que la función de esa herramienta es otra. Lo mismo sucede con el reconocimiento automático de la voz o, como le llama la empresa estadounidense, el dictado de texto a voz. Ese es otro mecanismo que ya existía y que la app incorporó para su uso. Pero ahí está otro de sus méritos. 

Las otras virtudes, más innovadoras quizás, radican en el uso de pictogramas, en la opción de poder utilizarla sin internet, pero también en el pensamiento de combinar esas variables con solo 17 años para buscar ayudar a quienes veía con limitaciones. 

Si bien hoy existen decenas de aplicaciones similares que cualquier usuario de Android podría descargar en reemplazo de Háblalo, su creador puede sacar pecho de que fue el primero en aparecer en la plataforma y en combinar esa tecnología.

“Háblalo no es tecnología de la NASA. De hecho, es tecnología que ya existía, aunque hay muchas cosas que nosotros innovamos y que no se habían visto. El hecho de que funcione sin internet ahora es más común, pero en su momento no se veía. Lo mismo los 40 idiomas en simultáneo. Lo que sí es cierto es que nosotros pusimos tecnología a disposición de gente a la que no se le había puesto. El traductor de Google no está pensado para que lo use una persona con parálisis cerebral, está pensado para traducir un idioma, y yo siempre digo lo mismo: alguien inventó la rueda, ¡alto invento! Alguien inventó la valija, ¡alto invento! Pero también es un groso el chabón que inventó la valija con ruedas porque agarró dos cosas que existían y dijo ‘loco, ponéselo’, dice.

“Quiero que Asteroid facture millones de dólares pero no para quedármelos yo, sino porque sé que con millones de dólares puedo ayudar a millones de personas”

¿Cómo genera dinero?

Salvatto trabaja junto a otros nueve colaboradores que, además de socios, son quienes lo ayudan a desarrollar las actualizaciones que recibe Háblalo. Sin ánimos de revelar cuántos miles de dólares factura Asteroid Technologies por mes, el joven, que vive solo y se mantiene con el salario que percibe de sus otros dos trabajos, prefiere no cobrar un sueldo y concentrar sus esfuerzos en reinvertir en equipos, en pagarle a sus empleados, aunque en un futuro ve con buenos ojos la posibilidad de vivir de la empresa. “Me encantaría enfocarme 100% en Asteroid y, obviamente, como director, tener un salario. Pero la prioridad hoy está en otro lado. Prefiero que ese dinero sea reinvertido. Algún día, cuando la empresa sea suficientemente grande y pagarme un sueldo no sea un problema financiero lo voy a hacer, porque el objetivo es vivir de la compañía”.

Esta organización, con fines de lucro, genera ingresos por publicidad, por cobrar un porcentaje a los comercios que la incorporan, pero no recibe dinero de quienes la descargan porque es totalmente gratuita. “Asteroid es una compañía con fines de lucro, pero no para nosotros. Los socios no cobramos sueldo, porque no es el objetivo. Yo quiero que Asteroid facture millones de dólares pero no para quedármelos yo, sino porque sé que con millones de dólares puedo ayudar a millones de personas. Por eso, cuando una empresa me pide una cotización le digo ‘mirá, el precio es este’ y trato de cobrar lo mínimo que necesito para no poner plata”, agrega Salvatto, quien sostiene una y otra vez que “lo importante” para él, desde el comienzo, era “encontrar gente que compartiera el objetivo, que es “ayudar a millones de personas con discapacidad”.

El objetivo de colaborar con personas con discapacidad, además de estar repartido por 53 países de manera virtual, es posible que se instale en Uruguay. O, al menos, a eso aspira, en el corto plazo mientras recuerda su reiterativa posición de que “la salida no es Ezeiza (por el aeropuerto)”.

“Me encantaría que Asteroid crezca en Uruguay, pensar en iniciativas para ese mercado y llevar Háblalo For Business, nuestro modelo de negocios, por la cercanía y para internacionalizar la compañía. Me ceba la idea y ojalá que se pueda hacer. Ahora, obviamente está todo complicado, pero es un país que me gusta mucho, por muchos factores”, explica.

La "bronca" con Apple y la decadencia del sistema político

Algunas empresas de tecnología son inspiración para Salvatto y su equipo. Otras, como Apple,  pese a tener “productos buenísimos” y sobrada capacidad para innovar, siente que se han quedado en el tiempo y que buscan incomodar al usuario. No por eso, rectifica, es que quiera que se fundan.

—Los que vivimos el mundo de la tecnología más de cerca sabemos que muchos de los productos que comercializan podrían valer la mitad de precio. Tienen esa perspectiva de siempre querer sacarte un poquito más y a mí eso me da bronca porque son una empresa (Apple) que vale un trillón de dólares. ¡Pueden incluirme el cargador en la caja! (risas). Tampoco les pido que me regalen un teléfono, pero no me vendan el cargador aparte. Me da bronca porque hasta la muerte de Steve Jobs era muy innovadora, pero me parece que se han quedado un poquito e igual son elegidos por un montonazo de gente cuando… ¡loco dale!

—Pero, ¿no te dan bronca también algunas cosas de Android? Por ejemplo, que al subir una foto a la historia de Instagram el procesamiento de la imagen sea peor que en algunos iPhones viejos

—Pero eso no es culpa de Android. Es culpa de Instagram, que está mal hecho

—Entiendo que Instagram tiene que gestionar su aplicación para miles de dispositivos Android, de cientos de marcas diferentes, y por momentos le cuesta lograrlo, pero muchos clientes tal vez se inclinan por Apple por esa diferencia

—Es que los productos de Apple son buenísimos. Pero lo que me da bronca es ese concepto de generar incomodidad en el usuario. Vos te comprás una computadora Apple, que vale el doble que una Dell, y tiene un puerto USB solo. Eso es de jodido, ¿entendés? No tiene justificación. Después tenés que ir y pagar US$ 40 por el adaptador para una computadora que te costó US$ 2.000.

—El tema es que el usuario promedio no se fija en esas cosas...

—Estoy de acuerdo. Pero vos, desde el punto de vista de la ingeniería, le podés poner un USB más y le ahorrás gastos al cliente, que ya te está pagando un montón de plata.

La decepción del chico, sin embargo, no se limita solo a las empresas, sino que aparece mientras describe al sistema político de Argentina, país que, entiende, tiene “todo para ser una potencia mundial”. 

“Decadencia” y “dinosaurios” son los términos que usa para simplificar el “problema” de una conducción que, en su opinión, arrastra años de estrepitosos fracasos y debería incluir, cuanto antes, a la tecnología. Como simple sugerencias propone: incorporar materias de programación desde el primer año de la secundaria, instalar códigos QR en las veredas o geolocalizaciones para saber cuánto se gastó en una obra o cuándo fue la última vez que la pasaron a limpiar, implementar blockchain en los trámites del gobierno y apelar a un Poder Ejecutivo “abierto”.

“El open government es fundamental. Que tengas en una app todo lo que hace el gobierno o todo lo que gasta ayuda a combatir la corrupción y, al mismo tiempo, a que todo esté montado sobre blockchain. Eso significa que ningún documento estatal es violable, modificable, ni destructible", indicó. 

Al ser consultado por el riesgo informático que eso implicaría, Salvatto insiste: “Tenés un montón de consideraciones atrás, pero podés asegurarte de que un documento público sea imborrable de la vida y creo que eso es lo más importante”, y asegura que con una “buena inversión en tecnología” sería “casi imposible” que suceda.

Para explicar su pensamiento, el paralelismo entre la dinámica de trabajo que sigue con Háblalo y el modo en que, cree, deberían manejarse los legisladores tarda pocos segundos en llegar. Así como él trabaja en conjunto con discapacitados para mejorar una aplicación que apunta a ellos, opina que los legisladores deberían actuar —desde alguna alternativa tecnológica— guiados por quienes lo eligieron y no por “percepciones personales”.

La espalda aún no le da para afirmar que se meterá en política en un futuro y mucho menos para asumir que está dispuesto a integrar un cargo. Aunque, consultado por Cromo, reconoce que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Tecnología lo seduce, pese a que siente que todavía no está preparado. 
“Servir pueblo es algo que a mí me gustaría. Pero hoy en día no te diría nunca que sí porque no creo que ningún pibe de 21 años esté capacitado para gobernar un ministerio. No me animaría a decirle a la gente páguenme un sueldo de $300 mil a mi edad. Me queda mucho por aprender todavía”.

Lo que sí es seguro es que su relación con la tecnología seguirá vigente por mucho tiempo, porque sin ella es casi imposible que Mateo Salvatto viva.
 

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