Opinión > EDITORIAL

Todo un país detrás del último ciclista

El mundo avanza a velocidades que dejan a Uruguay tan rezagado como al último ciclista

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22 de abril de 2019 a las 05:03

Con la llegada del último ciclista comienza el año. Es una de esas enunciaciones que por repetidas suenan ciertas y representativas de lo peor del ser uruguayo. La frase que hoy repetirán hasta el cansancio los locutores radiales y los informativistas de los noticieros es un fiel reflejo de una forma de sentir el Uruguay. No en vano los uruguayos eligieron a un presidente de la República que tenía como ejemplo a la tribu africana de los Kung San que se caracterizan precisamente por no querer trabajar.

Pero el año empezó hace varios meses ya. Que la Semana Santa haya caído tan tarde es una cuestión del almanaque, y que la temperatura en la bajada de abril parezca la del verano es un factor que incide en esa peligrosa sensación que representa el último ciclista. 

Lo cierto es que este no es un año cualquiera. Es bisagra para la historia del país. La campaña electoral ya corre por las venas y mientras los sectores preparan a sus candidatos para tratar de conquistar el voto de los ciudadanos, el mundo avanza a velocidades que dejan a Uruguay tan rezagado como al último ciclista.

Por lo escuchado hasta ahora ni los cuatro candidatos del oficialismo ni los más de 15 en la oposición envían señales de haberse dado cuenta de que el mundo no espera a nadie. La revolución digital está en permanente reinvención, la industria de los alimentos avanza a ritmo de vértigo, el cambio climático es un dato de la realidad, el futuro del trabajo ya llegó y acá se celebra al último ciclista. 

El mundo vive las revoluciones a una velocidad que tanto a la academia como a los gobiernos les cuesta seguir, pero en Uruguay nos vanagloriamos de que acá los cambios llegan… pero 20 años más tarde. 

Si hacemos un rápido paneo de los mojones en lo que va de la campaña electoral vemos el planteo superficial de los 100 mil puestos de trabajo de Juan Sartori, la campaña de Vivir sin miedo de Jorge Larrañaga, la austeridad que propone Lacalle Pou, los 136 liceos públicos modelo que plantea Ernesto Talvi o el inesperado retorno del octogenario Julio María Sanguinetti sin mucho que proponer más que experiencia de gobierno. 

El partido hecho a medida de Edgardo Novick se desinfló, el Partido Independiente sigue al mismo tranco de siempre pese a las turbulencias y la última novedad es la irrupción del ex comandante en jefe Guido Manini Ríos a tono con tendencias de polarización de la región.

Por el lado del FA, por ahora, ni una sola idea renovadora. Solo un eslogan simple: por un cuarto gobierno del FA. De sueños, desafíos, motivaciones que demuestren políticos insertos en el mundo y entendiendo lo que sucede afuera poco y nada en el debate. Una gran letanía uruguaya.

Detrás de ese último ciclista hay un país entero cada vez más consciente de que somos apenas un puñado de mojarras en un mundo de tiburones y que, más allá de las propias tensiones y disputas necesarias de cualquier democracia, debería existir un sueño común que permita a los uruguayos estar unidos en los temas esenciales. 

Lejos de celebrar la llegada del último ciclista, lo que deberíamos aprender de este deporte es el trabajo en equipo, donde con táctica y estrategia empujan todos para llegar al podio en el menor tiempo posible.

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