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Trenes bajo asedio sindical

Vázquez tiene que ser capaz, de una vez por todas, de frenar los excesos de la Unión Ferroviaria.

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06 de febrero de 2018 a las 05:00

Fiel a lo que viene haciendo desde que el Frente Amplio llegó al poder, el sindicato de AFE vuelve a trabar el mortecino sistema ferroviario, pese a que de su recuperación, junto con otras obras de infraestructura, depende el acuerdo con UPM para una necesaria tercera planta de celulosa. Esta nueva instancia empezó cuando Servicios Logísticos Ferroviarios (SLF), que comparte con AFE el manejo de lo que queda del tren, despidió a cuatro trabajadores bajo cargos de hurtos y ausencias en sus tareas. Como organismo público pero bajo el derecho privado, las atribuciones de SLF incluyen despidos.

La Unión Ferroviaria reaccionó ocupando los talleres de SLF y exigiendo la restitución de los despedidos. Para no paralizar los trabajos de los talleres, esenciales para que la ya escasa actividad no se interrumpa, SLF decidió que se realizaran en instalaciones de la estación Carnelli. El sindicato se negó, decretó un paro parcial y ocupó también la estación. Como si fuera poco, bloqueó el paso de un tren que llevaba técnicos chinos encargados de hacer un relevamiento del estado de vías férreas. Carlos Aramendi, presidente del gremio, anunció que se tomarán otras "medidas complementarias" y acusó a SLF de estar "presionando con un conflicto". Pero el conflicto es claramente generado por la Unión Ferroviaria, ya que la empresa tiene todo el derecho de prescindir de personal cuando comprueba que incurrió en irregularidades.

Este pequeño sindicato tiene una triste historia de colaborar eficazmente con la declinación del ferrocarril, sistema de transporte veloz y confiable en el mundo entero pero que décadas atrás sucesivos gobiernos dejaron caer y mantuvieron en el atraso. La primera administración del presidente Tabaré Vázquez estaba cerca de cerrar un acuerdo con un consorcio privado para recuperar el ferrocarril. La Unión Ferroviaria lo frenó. Lo mismo pasó con intentos del segundo gobierno frenteamplista. El entonces presidente José Mujica anunció como un hecho que empresas chinas vendrían a restablecer un sistema eficiente, proyecto que volvió a quedar en la nada. El gobierno actual se ha comprometido a hacerlo ahora como contrapartida contractual a que UPM invierta US$ 4.000 millones en otra planta de celulosa.

Los obstáculos al progreso que una y otra vez levanta la Unión Ferroviaria se repiten asiduamente. No hace mucho, técnicos de UPM que debían revisar el estado de las vías debieron volverse a Finlandia sin cumplir la tarea porque el sindicato de AFE lo impidió con otro de sus paros. La actividad ferroviaria, como ha sido inevitable, viene en picada desde hace tiempo, habiendo perdido en pocos años la mitad de la carga que solía transportar porque los productores huyen de la lentitud e inseguridad de los trenes. Actualmente está limitada mayoritariamente al llevar piedra para ANCAP, en tanto ha desaparecido virtualmente el transporte de pasajeros, excepto por alguna línea de corta distancia. Si la administración Vázquez quiere asegurar el renacimiento del ferrocarril no solo tiene que conseguir los US$ 1.000 millones que necesita para las obras de infraestructura. Tiene que ser capaz, de una vez por todas, de frenar los excesos de la Unión Ferroviaria.

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