7 de julio 2017 - 5:00hs

El inefable presidente estadounidense, Donald Trump, no tiene término medio y tampoco deja títere con cabeza cuando se trata de arremeter y decir lo que piensa, aunque no resulte políticamente correcto.

Apenas veinticuatro horas antes de su esperada reunión con su homólogo ruso, Vladimir Putin, con quien deberá ajustar algunas cuentas pendientes este viernes, al comienzo de la reunión de líderes del G-20 en Hamburgo, Alemania, el político republicano volvió a la carga esta en una visita previa a Varsovia. Y fiel a su estilo y su acostumbrada incontinencia verbal, que le ha jugado en contra en los últimos tiempos.

Además de Rusia y el G20 –en la que su posición en contra de una mayoría de países por el calentamiento global es ya una marca registrada–, el mandatario volvió a incluir a Corea del Norte en su lista de adversarios reiterados.

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Respecto a Rusia, deslizó sus críticas en primera instancia respecto al supuesto resquemor de ese país por la proyctada expansión de la Alianza del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a través de sus fronteras.

Pero no le alcanzó solo con eso y aludió al comportamiento "desestabilizador" de la administración Putin. En ese sentido, anunció que Estados Unidos debe trabajar codo a codo con sus aliados occidentales para oponerse a las acciones de Rusia y a su comportamiento desestabilizador".

Al mismo tiempo, el presidente volvió a la carga sobre una eventual injerencia rusa en las elecciones realizadas en su país en noviembre de 2016. Como ya sugirió en alguna otra oportunidad, Trump señaló que Rusia "pudo" haber concretado su interferencia en los comicios que le permitieron acceder a la presidencia tras ganarle a la candidata demócrata, Hillary Clinton.

"Creo que pudo ser perfectamente Rusia. Pienso que también pudo haber otros países. No seré específico. Pero creo que mucha gente interfirió", afirmó.

Luego diluyó el alcance de ese comentario al señalar que quizás no hubiese sido así, a juzgar por la información reunida por las agencias de Inteligencia de su país –a las cuales cuestionó con dureza en el pasado reciente– y en función de que estas se han equivocado antes, insinuó.

La denominada trama rusa, que puso al presidente Trump en el banquillo de los acusados, involucra a algunos de los principales miembros de su campaña electoral, entre ellos a su yerno y asesor, Jared Kushner.

Tanto una comisión del Congreso estadounidense como el fiscal especial, Robert Mueller, realizan investigaciones paralelas para establecer el alcance del nexo entre el entorno presidencial y Rusia.

En ese marco, hace algunas semanas declaró en el Congreso el exjefe del FBI, James Comey, a quien Trump había cesado a principios de mayo.

Buena parte de la controversia sobre este asunto se basa en un supuesto pedido del presidente a Comey para que cancelera una investigación sobre el exasesor de seguridad nacional, Michael Flynn, quien debió dimitir un mes después de ser nombrado por ocultar que mantuvo contactos con funcionarios rusos.

Otro de los frentes de conflicto que Trump tiene abiertos se vincula con el G20 y su decisión de quitar a EEUU del Acuerdo de París, que supone combatir duramente al cambio climático.

La canciller alemana y anfitriona del foro mundial, Angela Merkel, pareció marcarle la cancha al admitir que las negociaciones con Trump "no serán fáciles", ya que existen "divergencias de opinión en algunas cuestiones esenciales".

Pero este jueves, Trump volvió a arremeter contra Corea del Norte por su programa de pruebas nucleares al anunciar que Estados Unidos estudia una "respuesa dura" contra el régimen de Pionyang.

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