25 de abril de 2023 7:55 hs

Un miembro del MI6 británico, la agencia de espionaje exterior del Reino Unido, fue enviado a infiltrarse en un campamento talibán y, a su regreso, traumatizado por la experiencia, asesinó a su propio hijo. 

El hombre, que entonces tenía veinte años, fue examinado previamente por el Servicio Secreto de Inteligencia para determinar su idoneidad para el trabajo en el extranjero y produjo un informe que decía que su inestabilidad emocional obtuvo "la puntuación más alta posible que una prueba NEO (neurosis, extraversión y apertura) hubiera dado jamás".

El documento de evaluación –que se filtró a la prensa– decía que tenía más en común con una persona psicótica que con un miembro promedio de la población en algunos rasgos y corría el riesgo de sufrir un shock y un trauma severos.

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El hombre informó haber sido abusado sexualmente cuando era niño, tenía antecedentes penales y había sufrido un colapso mental cuando era un adulto joven. Anteriormente había trabajado para la agencia hermana del MI6, el MI5, tiempo durante el cual enviaron a su esposa a un albergue para víctimas de abuso doméstico.

Pese a estos informes, el MI6 lo envió a infiltrarse en una aldea en Waziristán, la región montañosa administrada tribalmente en la frontera de Pakistán con Afganistán que sirvió como base para los terroristas talibanes y de al-Qaeda.

Haciéndose pasar por un soldado yihadista, se vio obligado a lavar y enterrar los cuerpos desfigurados de los combatientes talibanes, fue testigo de la decapitación de una familia acusada de ser espía estadounidense y se vio obligado a sostener la cabeza de un niño decapitado.

A su regreso al Reino Unido, el MI6 registró que se encontraba en un estado de estrés extremo. Le costaba hablar, se enfadaba sin razón y sufría recuerdos vívidos y arrebatos violentos.

El espía mató a su hijo, quien fue encontrado muerto con numerosas heridas. El hombre, arrestado y acusado de asesinato, fue trasladado a un centro psiquiátrico de alta seguridad y fue medicado por alucinaciones auditivas y afirmar que “estaba en el cielo”. 

Durante su juicio, gran parte del cual se llevó a cabo en secreto, admitió haber matado a su hijo, pero dijo que había estado sufriendo una crisis nerviosa y teniendo arrebatos psicóticos. Un jurado aceptó que padecía una enfermedad mental, pero lo declaró culpable de asesinato.

El MI6 le dio al espía decenas de miles de libras en concepto de salarios atrasados y una compensación por el trauma que sufrió, pero nunca ofreció una explicación de su decisión de reclutarlo.

Por otra parte, misteriosamente, las actas del juicio “se perdieron”, según informó el Tribunal que lo juzgó y el gobierno, que tiene un informe de 74 páginas sobre el caso donde se investiga cómo se permitió que sucediera lo que sucedió, se niega a darlo a conocer.

El estudio de abogados Liam Kotrie, de Mary Monson Solicitors, que representó al espía durante su juicio, informó que "los servicios de seguridad no fueron obligados a rendir cuentas por tomar lo que, según sugiere la evidencia, fueron decisiones que ignoraron por completo su bienestar y el de quienes lo rodeaban".

“Era un hombre increíblemente vulnerable y su hijo quedó en las circunstancias más vulnerables, las que podrían haberse salvaguardado si se hubiera tenido más cuidado. Había cumplido su propósito y ya no era la preocupación de sus empleadores. Fue utilizado”, agregaron sus abogados.

Ante los pedidos del periodismo, un portavoz del gobierno dijo que "es un principio de larga data que el gobierno no confirma ni niega las acusaciones, afirmaciones o especulaciones sobre las actividades de las agencias de inteligencia del Reino Unido".

(Con información de agencias)
 

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