30 de septiembre de 2015 5:00 hs

Dentro de un salón de la escuela número 82 del pueblo de Valle de Solís, ubicada a 20 kilómetros de la ciudad de Minas, Lavalleja, hubo solo dos personas durante una parte de 2014: Adela, la maestra, y Lucía, su alumna, quien cursó la mayoría de su educación primaria sin otros compañeros. Esa soledad cambió súbitamente con la llegada de Evelyn, una nueva compañera. Ambas se encontraban en sexto, su último año como escolares. Una vez que finalizaran el curso, la escuela –ya sin alumnos– debería cerrar.

Ese último año de clases se volvió el tema central de La última escuela, un documental de la productora uruguaya DeAKá. La película comenzó a producirse a fines 2013 y se filmó a lo largo de 2014 con múltiples visitas al centro educativo, así como una serie de entrevistas a los familiares de las alumnas y otros habitantes de la pequeña localidad.

Desde Uruguay, DeAKá ha trabajado principalmente en programas televisivos de tinte periodístico para señales como National Geographic. Sin embargo, la inquietud por realizar una producción local independiente los llevó a buscar otro tipo de historias, según aseguraron a El Observador los realizadores Darío Klein y Pablo Sobrino, productor y director de La última escuela respectivamente.

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El encuentro con la historia de Adela, Lucía y Evelyn surgió de un interés generado dentro de la productora por un artículo sobre las escuelas rurales publicado en el suplemento Qué Pasa por el periodista Sebastián Cabrera, quien luego se sumó al proyecto documental como parte del equipo de producción. De acuerdo a Klein, esa relación cercana entre la maestra y las niñas se volvió la mirada personal de un asunto aún más grande: la despoblación rural en Uruguay.

En el país hay 1.100 escuelas rurales, la mitad de las instituciones con las que cuenta Uruguay, las cuales globalizan el 18% de la matrícula de alumnos. Según dijo el director del departamento en Educación Rural, Límber Santos, en una entrevista en El Observador TV, "cada vez hay menos niños en la escuela rural". En el caso de la escuela 82, la despedida de Lucía y Evelyn a fines de 2014 significó su fin.

Según contaron los realizadores, esa problemática sigue siendo una preocupación de los habitantes de Valle de Solís, en su mayoría familias de productores agrícolas. El egreso de ambas alumnas significó el cierre de la escuela, al menos hasta que aparezca un nuevo alumno, algo que no parece que sucederá pronto dada la edad y configuración de las familias en el pueblo.

Un pacto fílmico

De acuerdo a la presentación oficial de la película, en ella se puede ver cómo Lucía y Evelyn aprenden Matemática, Idioma Español e Historia, así como cocinan, miran películas y juegan competencias por ver quién corre más rápido por encima de un tronco en la entrada.

La llegada de Evelyn significó un cambio para la realidad cotidiana tanto de la institución como de Lucía. "Tras haber cursado toda su educación primaria sola, con una maestra que era como una madre , ahora tenía con quien jugar en los recreos y compartir las clases", indicó Klein.

El productor y periodista describió al documental como una obra más lejana de los trabajos televisivos de DeAKá y más cercanos a una película de ficción, con altos y bajos emocionales.

Por su parte, Sobrino explicó que uno de los momentos más llamativos del documental es cuando las alumnas, junto a su maestra, visitaron Montevideo por primera vez. Allí se las puede ver fascinadas por las escaleras mecánicas del Shopping Tres Cruces o las puertas giratorias en la Intendencia Municipal de Montevideo, así como con el agua del Río de la Plata.

"En un principio, era como un bicho", indicó el director al referirse al uso de la cámara para registrar el día a día de la escuela. "Poco a poco establecés un pacto fílmico con el 'documentado'. Tu relación es a través de una cámara. Hay que generar la intimidad y la rutina para que la cámara deje de ser un actor molesto", explicó al hablar sobre la naturalidad que cobraron las protagonistas con el correr del tiempo.

Sobrino, quien pasó varios días con su cámara filmando dentro y fuera de los rincones de la escuela –compuesta por un salón, una cocina, un comedor y un cuarto– la definió como parte de la identidad del pueblo. Sus habitantes más ancianos también fueron alumnos de la escuela 82 y hasta el día de hoy la siguen manteniendo.

La última escuela todavía no ha sido estrenada y, mientras entra en la etapa final de edición y posproducción (proceso en el que se ajustan los detalles más técnicos de una obra audiovisual), desde la productora se decidió acudir a la plataforma online Idea.me, para lograr la financiación colectiva. El llamado tuvo su plazo final ayer sin llegar al monto deseado. Por eso seguirán reuniendo fondos a través de la cuenta 55311 de Abitab, bajo el nombre "Recaudación La última escuela".

A futuro, el equipo responsable del documental –completado por los periodistas Mauricio Rabuffetti y Ángela Reyes– espera poder estrenar La última escuela en salas de cine, aunque tampoco descartan una exhibición en la pantalla chica. También preven un estreno para el 15 de mayo de 2016, en el Día de la Educación Rural en Uruguay.

Para Klein, la temática tratada en la obra aporta al debate sobre el estado de la educación en Uruguay, en uno de sus momentos más conflictivos. "Estamos hablando de la crisis en la educación, pero por otro lado tenés un Estado que no obvió a una escuela de solo dos alumnas. No sé si hay otro país del mundo en el que eso ocurra. Es la otra cara de una discusión más grande", señaló.

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