1 de julio 2023 - 5:00hs

Parecería que la solución a los problemas del país, según el Frente Amplio, pasan por convocar a un gran diálogo social, con participación no solo de los partidos políticos sino también de los actores gremiales, sociales y eventualmente empresariales.

Asi lo señaló recientemente Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio. Lo hizo en el mes de mayo con ocasión de la sanción de la reforma de la seguridad social,  a la cual la coalición de izquierdas se opuso frontalmente. Sostuvo Pereira que “de alguna manera, el 26 de marzo en el acto que se realizó en la Unión, supuso un compromiso muy grande del Frente Amplio. Que es comprometernos a que si el Frente Amplio gana la elección va a convocar al otro día que asuma el gobierno a un gran diálogo social en materia de seguridad social para construir junto con los jubilados, los trabajadores, los empresarios, (y) los partidos políticos, un proyecto que de alguna manera sostenga financieramente a la seguridad social, pero también la sostenga socialmente”

Esta semana, después de que una delegación del FA se reuniera en Torre Ejecutiva con el presidente Lacalle Pou para conversar sobre la crisis hídrica y presentar una serie de propuestas, Fernando Pereira declaró que la crisis "requiere un plan integral de abordaje para mitigar" los efectos. "De una crisis como esta no se sale solo con recursos económicos, son fundamentales las acciones y el trabajo dedicado y con un rumbo claro", al tiempo que reclamó por un "gran diálogo político y social".

Toda ocasión parece buena para reclamar un gran diálogo político y social. Allí es donde la izquierda se siente cómoda. Tiene gran capacidad de movilización tanto en los gremios como en las organizaciones sociales. Además no hace falta pensar cosas acertadas ni soluciones eficaces toda vez que tantas propuestas se tendrán que encuadrar en una sola. Lo importe es que hablen todos. Una suerte de gran catarsis. Eso sí luego de esa gran  asamblea nacional y social, será responsabilidad del gobierno de turno y de nadie más la toma de decisiones. Porque el diálogo es bueno y fructífero cuando es conducente a algo.

Veamos, por ejemplo el caso de la reforma de la seguridad social. Todos coinciden en que es necesaria una reforma pues con el crecimiento de la expectativa de vida y la baja de natalidad el sistema es insostenible a mediano y largo plazo. ¿Dónde está la discrepancia mayor? En quien financia la reforma. Todavía hay gente que piensa que piensa que se pueden poner más impuestos. En especial, impuestos al trabajo, que no otra cosa son los aportes patronales a la seguridad social. El frente Amplio, los bajó en la reforma impositiva de 2007. Ahora muchos quieren subirlos cuando todos saben que su mayor efecto será reducir la demanda de trabajo y más aún cuando estamos entrando en una impresionante revolución tecnológica -la de la robótica o de la Inteligencia Artificial- cuyos efectos aún desconocemos pero que serán muy disruptivos en el mercado de trabajo.

Es difícil pensar que de un gran diálogo sobre la seguridad social haya consensos importantes. Seguramente los representantes de trabajadores no quieren aumentar la edad de retiro y los de los empresarios no quieran pagar más impuestos. Tampoco parece fácil incluir en la reforma de la seguridad social todos los temas que tiene la izquierda -desde la cuna hasta la tumba- y que prácticamente son un programa de gobierno. Quizá el FA ponga esos tema en su programa de gobierno. Habrá que ver luego cómo se financia.

En cuanto al agua, estamos ante un problema esencialmente técnico. Es preciso diversificar las fuentes de agua potable y dejar de depender exclusivamente del Río Santa Lucía.

La represa de Casupá por sí sola no soluciona el problema aunque aumente la capacidad de reserva. Arazatí suena como el demonio a oídos de la izquierda porque intervienen manos privadas en su construcción. No se sabe por qué no se puede recurrir al financiamiento y construcción privado y dejando luego la gestión en manos de OSE (el agua sigue siendo nuestra) pero sí se puede hacer parques eólicos privados que venden energía a UTE. Una buena pregunta que formulaba Pedro Bordaberry en su columna del domingo pasado en El País.

Es que el tema va más allá del diálogo. Hay una notoria diferencia de concepción entre gobierno y oposición. Y si bien en nuestro país hay diálogo civilizado y no grieta -como lo demostró la propia reunión en Torre Ejecutiva- las posturas sobre el marco de acción del estado son bastante disímiles. Basta leer el documento del FA que habla del agua pero que se refiere a todas las empresas públicas. "En 2020 detuvieron el proyecto y el inicio de las obras de la represa de Casupá y tomaron la decisión de avanzar en una iniciativa de privados de una planta en el Río de la Plata con gestión de un consorcio privado. Las recetas que fracasaron y hoy están superadas como paradigma global, reaparecen en nuestro país de espaldas a la ciudadanía y favoreciendo a empresas privadas multinacionales”.

Ciertamente si hay algo que fracasó en materia de agua, fue la gestión de OSE en los últimos 15 años y la falta de políticas públicas respecto al agua por parte de los últimos gobiernos. Ni siquiera se le ocurrió a las tres administraciones frentistas (de 2005 a 2019) convocar a ese gran diálogo nacional sobre el agua que ahora se plantea.

Más que diálogo social, lo que hace falta son acuerdos mínimos a nivel político en aquellos temas que por sus efectos de largo plazo, necesitan acuerdos que vayan más allá de un periodo de gobierno. Allí está la ley de zonas francas, la ley de puertos, la desmonopolización de seguros, la ley forestal y la ley del marco regulatorio de UTE. Varias de ellas tuvieron oposición del FA y contra algunas se iniciaron recursos de referéndum. Pero sus frutos son positivos para el país aunque las plantas de celulosa “favorezcan a empresas privadas multinacionales”. A nadie se le ocurre criticar a Tabaré Vázquez por haber luchado para instalar UPM2. Aunque quizá, de un gran diálogo social, no habría salido un Ok para su instalación.

Más allá del diálogo, lo importante es la continuidad de buenas políticas, el buen diálogo y reconocer cuando uno se equivocó. Lo demás es un saludo para la tribuna. Y en eso podemos y debemos mejorar. Sobre todo, en el área tan clave de la educación.

Temas:

Reforma de la seguridad social

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