Opinión > EDITORIAL

Un planteo inoportuno

Las medidas del MPP son un canto a la demagogia 

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21 de marzo de 2019 a las 05:00

Por venir del Movimiento de Participación Popular (MPP) es necesario dedicarles tiempo a las 16 medidas presentadas por el sector para “defender la política” y “recomponer la confianza en el sistema político sin distinciones partidarias”.

El MPP que lidera el expresidente José Mujica es directo responsable de varias cosas que pasan hoy en Uruguay. Sin dudas la presidencia del Pepe será recordada como la más desprolija de la historia moderna y la que perdió más oportunidades para hacer los cambios que el país necesita y que él mismo diagnosticó. 

Cambios para los que hay consenso: educación, seguridad, política exterior, costo de vida, carga impositiva y gasto público. En todas las áreas mencionadas el país clama por modificaciones urgentes que solo pueden llegar de la mano de una buena gobernanza del Estado. Algo que es directa responsabilidad de los buenos políticos.

El Uruguay entero sabe que el gobierno liderado por el MPP gastó mucho, controló poco y gastó mal. Tan es así que comprometió seriamente el derrotero del tercer período del Frente Amplio en el poder. Entre otras cosas resultó determinante para enterrar políticamente a Danilo Astori, tornándole muy difícil la gestión al frente de la cartera de Economía.

Al amparo del MPP se multiplicaron los empleos públicos, se anunciaron proyectos faraónicos que nunca se concretaron –puerto de aguas profundas, planta regasificadora, Tren de los Pueblos Libres–, se fundió la empresa monopólica de combustibles (Ancap), y se despilfarraron millones de dólares. Además se instaló, gracias al ejemplo de Mujica, una soberbia despreciativa feliz sobre el ejercicio del poder. El MPP ayudó a que Uruguay tenga un Estado más gordo, pesado e ineficiente y que la seducción populista primase por sobre la buena política.

Por eso llama la atención que en el comienzo del año electoral sea justo el MPP quien pretenda distraer a los ingenuos con 16 propuestas para recuperar la confianza de la ciudadanía en el sistema político. Cuando tuvieron potestades plenas de hacerlo no solo no lo hicieron, sino que renegaron de la política. Repasemos algunas de las propuestas: ley general de sueldos para cargos públicos en la que el tope sea el del presidente de la República. Concursos para ingresar a cualquier dependencia del Estado. Impuesto especial del 15% para cargos políticos y de confianza. Topear en cinco adscriptos y un secretario a los cargos de confianza. Modificar el sistema de pases a comisión. Acotar viáticos de funcionarios públicos en misiones oficiales al exterior. Eliminar subsidios a cargos políticos y de particular confianza. Devolverle al Jardín Botánico el padrón que hoy pertenece a la residencia presidencial. Declaraciones juradas para cargos políticos y de particular confianza, etcétera.

El momento en que se presentan estas propuestas es inoportuno. Imposible no ver las dobles intenciones detrás de quienes las promueven. No solo son inoportunas sino un canto a la demagogia. Es evidente que el susto del déficit fiscal galopante y la ausencia de argumentos para defender el presente gobierno ponen nerviosos a varios sectores del oficialismo y algo hay que decir. Son gestos como estos por los que la política va generando descreídos y la que al final siempre pierde es la democracia. 

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