El gobierno y el Frente Amplio reaccionaron ofendidos ante las palabras del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sobre los tupamaros.
La Mesa Política del Frente Amplio emitió una declaración donde sostuvo que en el foro donde habló Rubio “se promovieron discursos de odio insultantes para actores de nuestra fuerza política, los cuales rechazamos en todos sus términos”.
El senador Daniel Caggiani, integrante del MLN-T, recordó en una entrevista con el streaming de El País que hoy los tupamaros son una fuerza política legal, que integra el gobierno.
El más categórico y ofendido fue el canciller Mario Lubetkin, quien dijo: “No admitimos que se trate a ninguna fuerza de este gobierno de esa manera”.
Rubio habló ante gobernantes y diplomáticos de decenas de países, Uruguay incluido, en un cónclave bautizado “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”.
Allí desarrolló una muy discutible tesis según la cual hoy el terrorismo islamista está superado o en vías de superación y el gran peligro para Occidente lo supone el resurgimiento del terrorismo de izquierda.
Puso ejemplo de atentados cometidos por grupos o individuos izquierdistas, casi todos ellos en países desarrollados: Alemania, Grecia, el propio Estados Unidos.
No nombró en esa línea ni al Uruguay ni a los tupamaros.
Cuando sí los nombró fue cuando habló del pasado, de décadas pretéritas.
Dijo exactamente: “Todos nuestros amigos aquí de las naciones del hemisferio occidental recuerdan las décadas de secuestros, atentados con bombas y asesinatos y ejecuciones, el terror violento de los Tupamaros, de los Montoneros, de las FARC, del ELN”.
En ese sentido, ¿qué es lo que se cuestiona de lo que dijo Rubio?
Los juicios del secretario de Estado en la conferencia pueden ser discutidos de mil maneras, pero en lo referente al pasado de los tupamaros, ¿cuál es el escándalo?, ¿qué es lo que ofende?, ¿dónde está el error?, ¿qué es lo que no puede admitirse?
Todos y cada uno de los ítems señalados fueron cumplidos en reiteración real por el MLN-T.
Secuestros, sí.
Atentados con bombas, sí.
Asesinatos, sí.
Ejecuciones, sí.
Terror violento, sí.
¿Entonces?
¿Se necesita que se recuerden los múltiples y penosos ejemplos que encajan en cada una de estas categorías o eso sería motivo de nuevos comunicados de repudio?
Hemos llegado a un punto donde la hipocresía política y periodística es tan grande que recordar hechos concretos y tangibles del pasado es promover “discursos de odio”.
Es una estrategia seguida en forma militante y continua por actores políticos, periodísticos y académicos para invisibilizar la parte de la historia reciente que no calza con el relato construido. Y también para borrar a las víctimas de esa parte de la historia.
Caggiani tiene razón: hoy el MLN-T es otra cosa. Tiene toda una camada de nuevos integrantes, cuya condición de demócratas no se discute y que son parte fundamental del actual gobierno. Algunos son muy jóvenes, otros ya no tanto. Todos ellos se sumaron a la organización mucho después de la fracasada y violenta revolución que su organización intentó en los 60. A ellos no se les puede pedir ninguna cuenta respecto a aquel pasado. Se les puede pedir, eso sí, un mínimo de honestidad intelectual.
Todos ellos saben bien que Marco Rubio no dijo nada falso sobre los tupamaros.