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Un plato mejor que el de Lindolfo: lo que Pintado y Lorenzo dijeron en aquella conferencia del 9 de octubre

A la luz de lo que luego se supo, los dos ministros quedaron muy mal parados

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21 de diciembre de 2012 a las 00:00

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El 9 de octubre, 8 días después de la subasta en la que Cosmo ofertó US$ 137 millones por los 7 Bombardier de Pluna, los ministros de Economía, Fernando Lorenzo, y de Transporte, Enrique Pintado, convocaron a una conferencia de prensa para “aclarar todo” el negocio. Hoy repasé aquella hora y media de los ministros frente a la prensa.

Es conocido el dicho de que no existe quien soporte un archivo. Pero en este caso todo es demasiado cercano en el tiempo, todo es tan sibilino, tan falso, que repasar aquella conferencia de prensa a la luz de lo que hoy se sabe, no deja de llamar la atención, sobre todo por cómo los jerarcas ocultaron más de lo que dijeron en una conferencia que nadie les obligó a dar.

Nada dijeron de que un mes antes de la subasta Lorenzo se había reunido con López Mena para definir cómo se haría el negocio. De esa reunión no hubo registro gráfico como sí ocurrió con el almuerzo que Lorenzo tuvo tras la subasta con el empresario Juan Carlos López Mena y con Hernán Sánchez, el presunto representante de Cosmo.

Lorenzo trató durante toda la conferencia de restarle importancia al tema de la garantía, presuntamente “perfecta”, cuando sabía que para que fuera concedida él había tenido que llamar al presidente del Banco República, Fernando Calloia, para que se la facilitara a Cosmo; y ni siquiera a Cosmo, porque hoy, a poco más de dos meses de aquella conferencia, nos enteramos de que el que terminó telefoneando al banco y habló con el funcionario encargado de redactar la garantía fue el propio López Mena, con quien el gobierno había arreglado toda la operación, todo a espaldas de la ciudadanía.

En algunas de sus intervenciones, Lorenzo sobre todo, dio a entender en aquella conferencia que había quienes intentaban entorpecer todo lo que el gobierno estaba haciendo tan bien por centrarse en ese tema nimio de la garantía. No es el tema central decía. Los malos que entorpecían, aunque no los mencionó, eran, obviamente, los periodistas, molestos periodistas.

Dos meses después de aquella conferencia donde se ocultó más de lo que se reveló, y cuando cada día que pasa nos enteramos de una nueva mentira, un nuevo ocultamiento, una nueva patinada, la afirmación del ministro sobre la importancia del aval se revela como un error de valoración. Él mismo lo está probando en carne propia, ya que está siendo indagado por la Justicia mientras que desde su entorno tratan de que la atención se ponga en Calloia que, como gato entre la leña, trata de salir del asunto como puede y, así, fue el primero en mencionar la cercanía de López Mena con todo el negocio, al punto de pedir que sea el dueño de Buquebus el que pague el aval.

Y si los hombres de gobierno, los que están obligados a la transparencia, los representantes de una nueva estirpe política de izquierda que llegaba para eliminar las viejas prácticas, si ellos pueden falsear la verdad como la falsearon, qué esperar de un empresario que está para hacer dinero.

López Mena les mintió a todos los legisladores de la oposición cuando les dijo que nada tenía que ver con el aval y siguió mintiendo luego cuando negó que desde el gobierno lo hubiesen presionado. López Mena tiene un negocio complicado: necesita estar bien con el gobierno porque del gobierno (del uruguayo y del argentino) necesita las habilitaciones para que operen sus barcos y sus aviones.

Aviones. Ese sería el resumen. Se creyeron aviones, negociadores de alto vuelo que se apartaban de la ruta en beneficio de la patria cuando la patria, si hay algo que está necesitando es creer, confiar. Nadie parece dudar de que los involucrados no se llevaron un peso de esta operación, pero si uno toma como referencia el caso Pluna, resultó que tras la caída del viejo régimen de los partidos fundacionales, nada nuevo hay bajo el sol: siempre hay un argumento -los intereses superiores de la patria- para descuidar la ética política lo cual hace que todos se parezcan un poco.

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