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Una ausencia lamentable

Que Alberto Fernández no venga a la asunción de Luis Lacalle Pou es lamentable, nos da una idea de qué tipo de gobierno tenemos enfrente y evidencia que Cristina lleva las riendas

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23 de febrero de 2020 a las 05:00

El presidente argentino, Alberto Fernández, anunció en un programa radial, después de haber dicho lo contrario, que no vendrá a la ceremonia de asunción del presidente Luis Lacalle Pou. Adujo como excusa que ese día se abren las sesiones del Congreso argentino y quiere estar presente.

Previamente incluso se había gestionado una posible entrevista con Jair Bolsonaro, para iniciar el deshielo entre las relaciones de Argentina y Brasil, que se congelaron de golpe con la victoria electoral de Fernández en Argentina.

Para quitar importancia al asunto, el presidente argentino dijo: “Tengo muchísima confianza de que si no puedo viajar ese día, proponerle otro día para verlo. Tenemos que poder coincidir todos. Sería lamentablemente para mí también porque me encantaría acompañar a Lacalle”.

Eso es lo raro y lamentable de este situación. Porque el 10 de diciembre pasado, cuando el presidente Tabaré Vázquez fue a la asunción de Fernández acompañado de Luis Lacalle Pou, todo fueron sonrisas, elogios hacia la civilidad política uruguaya demostrada en la visita de dos figuras de partidos opuestos. Incluso Alberto Fernández hizo gala de su amistad con Luis Alberto Lacalle de Herrera y con su señora Julia Pou de Lacalle.

El 10 de diciembre parecía el idilio perfecto. Hoy Alberto se lamenta que no puede venir porque se inician las sesiones en el Congreso Argentino el 1° de marzo. Pero eso no es novedad. Siempre las sesiones del Congreso se inician el 1 de marzo. Y un experto en política y en derecho como Alberto Fernández no podía ignorarlo.

Sabía también el presidente argentino que las sesiones del Congreso pueden cambiar el horario, si así lo dispone. Sabía que podía realizar un breve viaje a Montevideo para asistir a la asunción y luego retornar. Sabía, incluso, que puede delegar la presidencia de la apertura de las sesiones en la vicepresidenta (y mentora) Cristina Fernández de Kirchner. En definitiva, si tanto quiere estar Alberto Fernández en la asunción de Lacalle Pou, tiene muchas formas de arreglárselas para venir a Montevideo un par de horas, como hicieron en 2010 Cristina Kirchner y su esposo Néstor para la asunción de Mujica.

Obviamente que no le va a faltar  oportunidad de reunirse con el nuevo presidente uruguayo, aquí o en Buenos Aires el 2, el 3 o el 4 de marzo o en alguna de las muchas reuniones a las que asisten los presidentes de América del Sur.

Sin duda, algo pasó entre el 10 de diciembre y el 13 de febrero cuando Alberto Fernández dijo que difícilmente vendría a la asunción en Montevideo. Y que las sesiones del Congreso argentino son una burda excusa porque no son un hecho nuevo.

Lo que si pasó fueron algunas declaraciones de Bolsonaro, poco diplomáticas como es habitual en el, diciendo que quería ayudar a Argentina con el FMI, y a que no se convirtiera en otra Venezuela. Y esas cosas dichas por un presidente brasileño, a un argentino le duelen.

También está el problema del Mercosur donde Brasil, Paraguay y Uruguay van hacia la firma de tratados de libre comercio con la Unión Europea y eventualmente con Estados Unidos. Nuestro futuro canciller, Ernesto Talvi, fue muy claro esta semana en Buenos Aires, diciendo que los tres países van adelante con esos acuerdos y que el que no quiera, que no los vote. Lo cual es prácticamente el fin del Mercosur tal como lo conocemos.

También Alberto Fernández puede estar molesto con la idea de Lacalle de atraer argentinos a vivir en Uruguay. Sean 100, 50, o 10 mil, es algo que causa escozor en la vecina orilla porque implica que de este lado del Plata hay mejores condiciones fiscales y de seguridad para vivir. Y eso también duele. Especialmente a un país que va a su tercer default de la deuda externa en tres décadas. Debe ser récord Guinness. Y eso no es un problema de los acreedores sino de los propios argentinos que se endeudaron para vivir por encima de sus posibilidades. Esta vez, en vez de festejar el default en el Congreso, lo hacen con la bendición del FMI y están todos felices. Después de esto ¿habrá algun tonto que le preste plata a la Argentina, o que quiera invertir cuando no puede retirar dividendos? Dificil, pero si hay alguien será más más bien un “pirata con pata de palo” que un buen inversor.

Por último, me aventuro a sugerir una hipótesis acerca de la ausencia de Alberto Fernández el próximo 1° de marzo. Es una hipótesis pero muy plausible: la influencia de Cristina que cada vez manda más sobre Alberto, que le recorta las alas, que no quiere saber nada con Bolsonaro, que le interesa un pomo los tratados de libre comercio, que goza cuando logra hacerles quitas a los acreedores y que se las quiere hacer al propio FMI, aunque el estatuto de este no lo permita.

Sea como sea, la ausencia de Alberto Fernández el 1° de marzo es lamentable. Y nos da una idea clara de que tipo de gobierno tenemos enfrente: por más piruetas dialécticas que haga Alberto, resulta cada vez más evidente que Cristina lleva las riendas. Y ya sabemos como nos trató.

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