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Una ayuda tecnológica para los niños uruguayos con TEA

Un experto español llegó a Uruguay para contar cómo mejorar la calidad de vida de quienes viven con el trastorno

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11 de julio de 2019 a las 11:42

Por Matías Castro - Especial para Cromo

Con más de 11.000 descargas, el programa español de realidad aumentada Pictogram room se ha convertido en una herramienta tecnológica para asistir a quienes tienen el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Su gestor es Gerardo Herrera, un investigador de la Universidad de Valencia, quien visitó Uruguay para enseñar a profesionales locales cómo aplicarlo con niños uruguayos con esta afección. 

Dentro del TEA el panorama de los pacientes es amplio: puede incluir a quienes no tienen capacidad para hablar, a quienes lo tienen pero son incapaces de expresar sensaciones como el hambre o que no entienden el orden en el que ponerse la ropa.

“Lo que es universal en el autismo, y que se ha identificado desde 2013 como característica común, es tener dificultades en la comunicación y en lo social”, dice Herrera. “Estas se manifiestan de forma muy distinta en cada persona”, agrega. 

Hace un tiempo, Herrera mantuvo una charla con un fonoaudiólogo madrileño que fue la semilla de un programa que ya lleva siete años de funcionamiento. El profesional le confirmó que quienes tienen TEA presentan dificultades para entender los pictogramas. “Ellos no encuentran un significado compartido con nosotros (en las imágenes)”, afirma. “Lo que tú ves como un muñeco con un vaso de agua, ellos lo pueden ver como un círculo, un palito o un color. Con las figuras geométricas no tienen problema, pero con las figuras humanas sí”, agrega.

Así nació Pictogram room, que hoy se puede descargar gratuitamente desde su web. Para usarlo hay que instalarlo en una computadora conectada a una pantalla grande y a un Kinect, el dispositivo que detecta los gestos del usuario y los reproduce en la pantalla en tiempo real. En ella se ve el pictograma humano –el clásico fosforito que dibujan los niños en la escuela– que el usuario controla con sus movimientos.  Los personajes virtuales que el usuario controla son hechos con palitos y círculos, de la forma más simple y simbólica posible.

El programa posee 80 actividades pensadas para quienes tienen TEA, que buscan mejorar la autoconciencia, la atención, la imitación y la comunicación. Son ejercicios en donde trabajan el cuerpo y las posturas y además enseñan a señalar. En uno de los ejercicios, el usuario debe mover a su personaje para “tocar” baldes de pintura en la pantalla y pintar. 

El valenciano definió este programa  –o juego educativo– como una forma de asistencia que encaja con el modo de pensar de quienes tienen TEA. “Porque las actividades que tiene son predecibles, manejables y pueden personalizarse con las imágenes o las canciones que les gusten a los chicos. Eso les aporta una motivación extra que no les dan los estímulos sociales”, agrega. De todos modos, y aunque sea de descarga gratuita, se trata de una herramienta de trabajo para profesionales.

El Pictogram room surgió de una iniciativa del grupo que lidera Herrera en la Universidad de Valencia. Tuvo apoyo de dos entidades españolas que trabajan con el autismo, además de la fundación Orange y de universidades de Barcelona, Birmingham y Weimer. Esta última aportó el desarrollo de las figuras animadas que se ven en pantalla, la de Barcelona trabajó en el aspecto musical y la británica contribuyó al proceso pedagógico. Desde que está activo, el programa fue objeto de dos tesis doctorales.}

Más aplicaciones

Además del Pictogram room, su equipo creó un conjunto de aplicaciones para dispositivos móviles y computadoras, llamado Azahar. Estas apps emplean sonidos e imágenes, como por ejemplo las voces y las fotos de los usuarios o sus familiares para enseñarles acciones simples. Y además se pueden personalizar para el usuario con el objetivo de generarle un ambiente familiar en el que aprender.

 “Esto funciona con cualquier niño que tenga dos años”, dice Herrera. “Y cuanto más temprano sea su uso mejor serán los resultados. Pero no le ponemos un límite de edad porque para adultos es útil y funciona como un videojuego. Consideramos que es una asistencia para este tipo de procesos. Es complementaria, como muchas otras ayudas”, agrega.

Herrera explica que hay más de 400 apps confiables para trabajar con quienes tienen TEA. Las hay para trabajos con matemáticas, para ejercitar la lectoescritura y las que tienen tutoriales a los que llaman “video modelado”, para tareas como vestirse, atarse los zapatos e incluso realizar alguna receta de cocina simple. “Ese mismo sistema aplicado al ámbito laboral es muy útil para cuando tienen que desempeñar tareas de manera autónoma y productiva”, dice Herrera.

Su equipo en la Universidad de Valencia contribuyó a este panorama con las aplicaciones llamadas Hablando con el arte, que funcionan con cinco obras de cuatro museos de Madrid, el Prado, el Reina Sofía, el Arqueológico y el Thyssen. Con ellas se puede interactuar, jugar y personalizar con un sarcófago y obras de Goya, Franz Marc, Juan Gris. “Esto es para cumplir con el derecho de acceso al arte. Y sirve para facilitar la inclusión”, señala.

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