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Una economía estancada que requiere una postura más activa

Para retomar el crecimiento deseado, el gobierno deberá tomar una postura activa 

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08 de agosto de 2019 a las 05:03

Por María Paz Zufriategui1

Los últimos datos del PIB volvieron a mostrar a la economía uruguaya estancada. De hecho, en el período enero-marzo de este año la actividad económica se mantuvo estable respecto al trimestre anterior (en términos desestacionalizados), mientras que tuvo una leve caída en la comparación interanual (de 0,2%). Esto nos lleva a examinar brevemente algunos de los desafíos y desequilibrios macroeconómicos que enfrenta Uruguay.

En primer lugar, cabe destacar las persistentes dificultades en términos de competitividad. El desvío del tipo de cambio real con nuestros principales socios comerciales se mantiene elevado respecto a sus promedios históricos, en particular con los países vecinos.
A su vez, las exportaciones enfrentan un costo adicional por la falta de mayores acuerdos comerciales. De acuerdo con el Índice de Vulnerabilidad Comercial publicado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) en 2018, el 63% de las exportaciones uruguayas se realizaron hacia países con los cuales  no se cuenta con preferencias comerciales. En efecto, la falta de nuevos acuerdos y la mayor participación de China como destino de los productos uruguayos (país con el que no se tiene un acuerdo comercial) determinaron incluso un deterioro en este indicador que se situaba en 59% en 2006. Esta situación contrasta fuertemente con la de Australia, Nueva Zelanda y Chile (países comparables, entre otras cosas, por la variedad de productos que exportan) que tuvieron una postura más activa y firmaron acuerdos comerciales relevantes (incluyendo Tratados de Libre Comercio con China). En concreto, del total de las exportaciones de Australia y Nueva Zelanda solo 25% y 35% respectivamente, no se dirigieron a países con acuerdos comerciales, mientras que para Chile este valor fue de tan solo 11%. En este sentido los avances de las negociaciones con la Unión Europea resultan sumamente positivos. Uruguay debería continuar “aprovechando” la postura “más abierta” de Brasil y Argentina para concretar nuevos tratados que le permitan ampliar su mercado, reduciendo costos y vulnerabilidades ante posibles repercusiones de guerras comerciales donde medidas de represalias podrían afectar a aquellos países sin acuerdos preferenciales.

Por otro lado, en un contexto de boom de commodities y una demanda interna acelerada, el comportamiento procíclico de la política fiscal generó aún más presión sobre los precios internos, mientras que la necesidad de financiamiento provocó la entrada de capitales extranjeros, favoreciendo la apreciación de nuestra moneda. 

Asimismo, el aumento del gasto y su aparente rigidez a la baja ha generado un importante desequilibrio en las cuentas públicas que llevó a mayores impuestos y evitó una adecuación de las tarifas públicas y mejoras de infraestructura, afectando directamente la matriz productiva del país. A pesar de los intentos de una consolidación fiscal, la desaceleración de la economía (y su impacto directo sobre los ingresos del sector público) y el mayor gasto (acentuado por el comienzo del año electoral) determinaron que el déficit fiscal volviera a deteriorarse acercándose a 5% del PIB nuevamente en junio (quitando el efecto “cincuentones”). 

El país ha recibido varias advertencias de parte de las calificadoras de riesgo respecto a la necesidad de hacer una corrección a la brevedad, aumentando la posibilidad de perder el grado inversor de continuar por el camino actual. 

No obstante, cabe destacar que dicha correlación entre el gasto público y el ciclo económico no es un elemento nuevo en la economía uruguaya, por lo que una vez atendido el actual desequilibrio fiscal deberíamos dar un segundo paso para evitar volver a desviarnos del camino “saludable”. El ajuste debería ser seguido por una regla fiscal robusta que no persiga objetivos nominales sino un resultado estructural (ajustado según la fase del ciclo económico) que permita que la política fiscal recupere su rol estabilizador.

Claro está que nos enfrentamos  aún a más dificultades, como la creciente inseguridad o carencias importantes en educación, pero ellas merecerían columnas aparte. 

Sin embargo, el mensaje en esta oportunidad es evidente: el escenario actual apunta a que será necesaria una postura activa de parte del próximo gobierno para retomar el crecimiento deseado y como ciudadanos les pedimos a los actuales aspirantes que estén dispuestos a hacerlo.

1María Paz Zufriategui obtuvo el Primer Premio Academia Nacional de Economía en el año 2018.

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