La sensación es todavía palpable. Ese olor a transpiración, humedad y falta de limpieza del salón de maquinitas todavía persiste. Las fichas caras, los juegos increíbles, todavía lejos, muy lejos de las consolas portátiles. Entonces uno iba, ponía la fichita y jugaba. Y después, ese simple epitafio (“game over”) con un segundero que contaba hacia atrás. Comprá otra de esas fichas caras o chau juego, vuelta a la realidad.Comprá varias, porque si no, te va a quedar gusto a poco.
Una enorme maquinita virtual
La biblioteca de internet liberó gran cantidad de juegos de los típicos de Arcade, con los que a muchos les alegrará reencontrarse