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Una fábula para Wilmar Valdez

A veces el escenario mental no deja ver la realidad tal y como es

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02 de agosto de 2018 a las 04:45

Después del partido contra Rusia que Uruguay ganó 3-0, las cámaras de televisión captaron al entonces presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Wilmar Valdez, conversando alegre con Gianni Infantino, presidente de FIFA. Tras ganarle al país anfitrión por buen margen, fue un momento feliz para los uruguayos, aunque seguramente ninguno de los tres millones y pico de compatriotas lo estaba tanto como Valdez, quien en ese momento debe haber imaginado una vida en la cima del mundo, ocupando algún día un alto cargo en la máxima institución del fútbol, convertido en un nuevo Eugenio Figueredo o Julio Grondona, esto es, codeándose con la dirigencia privilegiada del más popular de los deportes.

De la misma forma que hoy debemos imaginarnos el contenido de la grabación con declaraciones de Valdez, podemos imaginar el escenario mental del mencionado tras el citado partido. Claro, Valdez seguramente no tuvo en cuenta que el ser humano imagina para sí el mejor futuro, pero la realidad puede traer lo contrario. Ahí está para recordarlo La lechera, la siempre vigente fábula de Félix Samaniego (1745-1801), la cual dice en uno de sus pasajes: "diciendo a todo el que lo advierte / « ¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»".

Los versos finales son una lección de sabiduría obligatoria, pero dudo que Valdez los haya tenido en cuenta: "No seas ambiciosa / de mejor o más próspera fortuna, / que vivirás ansiosa / sin que pueda saciarte cosa alguna. / No anheles impaciente el bien futuro, / mira que ni el presente está seguro". Cuando los aprendí en una clase de literatura en el liceo, los versos me quedaron grabados como si fueran instrucciones de uso de la vida. El siempre extraordinario Paco Ibáñez les puso música y voz, y también ahí la magistral lección suena inapelable.

A los pocos días del triunfo sobre Rusia, Valdez comenzó a mover las fichas para seguir al frente de la AUF, impaciente y ansioso por hacer realidad pronto "el bien futuro", y miren en qué terminó. El final de su historia, como el de la fábula, ya lo conocemos. Dejo que Samaniego concluya la columna de hoy: "Adiós leche, dinero, / huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. / ¡Oh loca fantasía! / ¡Qué palacios fabricas en el viento!"

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