Más allá del detalle de la hora de comienzo de la conferencia de prensa, que generó polémica, la decisión de Juan Ramón Carrasco de leer una carta y no brindar otras declaraciones sobre su alejamiento del club fue la medida más acertada e inteligente para anunciar que dejaba de ser el entrenador del plantel principal de Nacional. Carrasco, que enfrentó a los medios con una carpeta en la que tenía escrito lo que debía decir, evitó entrar en polémicas, se alejó de las estridencias y se ajustó a una bien elaborado discurso, con un tono medido y marcando su deseo de transitar por un camino que algún día le permita retornar al club o por lo menos para que no explote otra bomba en sus manos.
Responder a las preguntas de la prensa, por la forma en la que Carrasco suele afrontar los temas polémicos –como sin dudas es su salida del club– hubiera sido una gran comidilla para los medios y otro mojón nefasto en la carrera del entrenador, porque este viernes iba a estar más en la lupa que nunca. Por tanto, por decisión propia o por consejos de quienes le asesoraron en este caso, Carrasco tomó la mejor decisión en la instancia más difícil desde su llegada a Nacional en octubre del año pasado.
Está claro que en los ocho meses que Carrasco permaneció en el club, más allá de los buenos resultados deportivos que recogió y que le permitieron llegar al título, el entrenador fue minando el poco terreno fértil que le quedaban en Nacional, con decisiones que para el técnico son comunes y que para la media del fútbol uruguayo no. Solo se quedó con el apoyo del presidente y del gerente deportivo, que de todas formas fue suficiente para sostenerlo en marzo cuando tenía todos los votos en contra en la directiva, excepto el de Alarcón.
Se fue Carrasco tras adoptar la decisión más inteligente, la de hablar poco, decir lo justo y llamarse a silencio para cuidar las formas y evitar que sus palabras lo conduzcan a otra autoflagelación. El único aspecto negativo de la conferencia de prensa fue que comenzó unos minutos antes del mediodía y culminó a las 12, hora en la que estaba previsto su inicio, y algunos medios no llegaron a tiempo para cubrir el acontecimiento. Obviamente que es responsabilidad de los medios estar a la hora prevista y no con puntualidad uruguaya, pero por qué no esperaron unos minutos para empezar al mediodía exactamente para no generar una polémica.