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Elecciones 2019: ¡se mueve, se mueve; se juega se juega!

Ahora sí comienza el ciclo electoral 2019 con seis votaciones claves en Latinoamérica

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02 de febrero de 2019 a las 10:00

Ahora sí comienza el año electoral: un viento que sacude Latinoamérica y que derivará en nuevos gobiernos en seis países, como también pasó el año pasado. Uruguay es un enclave de esa fiesta de la democracia, en la que el oficialismo tiene el desafío de mantener una bandera de izquierda levantada en el continente, en tiempos en los que hay un repliegue de los partidos de esa tendencia.

De toda la “ola progresista” que se vivió con fuerza en los últimos tiempos, el Frente Amplio es el único partido que no ha sufrido una derrota electoral, porque la mayoría perdió el gobierno, y porque aunque el chavismo gobierna en Venezuela, ya perdió una elección nacional legislativa (6 de diciembre 2015) y aunque Evo Morales siga presidiendo en Bolivia, perdió el plebiscito para su reelección (21 de febrero 2016).

En ambos casos, los gobiernos de Venezuela y Bolivia desconocieron el resultado de las urnas.

El Frente Amplio pone mucho en juego, y estará bajo la atención de la izquierda continental.

Este domingo 3 comienza el circuito electoral 2019 con las elecciones en El Salvador, donde el Frente Farabundo Martí para la Liberación (FMLN), aparece desgastado por escándalos de corrupción y con la dura derrota de las legislativas del año pasado, frente al derechista “Arena”.  

Las encuestas muestran en primer lugar al partido conservador y de derecha popular “Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), seguido por la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y luego el FMLN.

El circuito seguirá en otros cinco países: Panamá (5 de mayo), Guatemala (16 junio-11 agosto), Argentina y Uruguay (27 de octubre y 24 de noviembre) y Bolivia (en octubre, pero sin definir el día).

El 2018 fue un año de agite electoral en la región, que comenzó con las elecciones en Costa Rica, con victoria del Partido Acción Ciudadana (PAC) pero pérdida de votos de la centro izquierda y la izquierda (4 de febrero), y siguió en Ecuador, con el referéndum que marcó fuerte derrota para el expresidente Rafael Correa (4 de marzo).

Luego fue Colombia con triple votación: legislativas (11 de marzo) y presidenciales de primera y segunda vuelta, con la victoria del derechista Iván Duque (27 de mayo-17 de junio), Paraguay con la victoria del derechista Mario Abdo Benítez (22 de abril), México con la victoria del centro-izquierdista Andrés Manuel López Obrador (1º de julio) y Brasil con el triunfo de Jair Bolsonaro (7 y 28 de octubre).
En el medio, pasaron las polémicas elecciones en Venezuela (20 de mayo) sin participación de la oposición y con un poder legislativo derrocado.

Antes, en 2017, habían sido las presidenciales de Ecuador (19 de febrero - 2 de abril) y Chile (19 de noviembre -17 de diciembre)
Ahora, en esta serie de seis elecciones, la de Uruguay no es una más. El Frente Amplio ganó las elecciones nacionales de 2004 y comenzó a gobernar en 2005 para iniciar un ciclo de por lo menos quince años, gracias a dos reelecciones y alta popularidad, pero llega a las urnas con desgaste político, cuestionamientos de opinión pública, pérdida de adherentes, y en desventaja frente a una alianza que se va entretejiendo entre partidos de oposición.

La campaña no ha entrado en la recta de la actividad proselitista en sí misma, pero el oficialismo va en el debate con una postura incómoda: a la defensiva.

En los dos primeros gobiernos, el Frente Amplio eligió el menú para todo el sistema, y como en su interna tenía incluso dos o más posturas sobre un mismo tema, lo relevante era lo que discutían y resolvían en el oficialismo. La oposición quedó al margen, con poca o nula chance de incidir.

Todos bailaban al ritmo que imponía la izquierda, pero eso cambió.

En la primavera de 2015, un tiempo clave para identificar cambios de tendencias económicas, políticas y de opinión pública, los dirigentes de los partidos Nacional, Colorado, Independiente y la Unidad Popular, tomaron la ofensiva, lograron sacar de foco al Frente, y ganaron protagonismo.

El discurso de la coalición de izquierda adquirió un tono defensivo, del que no pudo salir hasta ahora.
Siempre el ajedrez aporta ideas para pensar en estrategias políticas y en este caso, hay un ejemplo que viene de una época muy remota. Se trata del “Ataque Fegatello”, que parte de una defensa clásica italiana para convertirse en un ataque directo, arriesgado y difícil de contrarrestar.

Eso deriva de una movida que es desaconsejada para los que no comprenden realmente la teoría del fundamento del juego, porque pasa por mover dos veces la misma pieza. Giulio Cesare Polerio, gran teórico ajedrecista del siglo XVI, creó una variante a esa combinación de movidas, con un violento sacrificio del caballo. El ataque supone una ventaja decisiva para ganar la batalla.
A la defensiva, el Frente solo protege sus bases. Y se repliega.

La nueva campaña audiovisual de la izquierda es creativa y novedosa, estéticamente agradable y con un concepto interesante, que muestra que para adolescentes es normal determinados beneficios o derechos que para los mayores parecían inalcanzables. Pero sigue siendo defensiva.

Y en esa postura, tiene mucho para perder, porque sigue sin “marcar agenda” y queda respondiendo a la oposición.
Mientras, en charlas de quinchos veraniegos, dirigentes de oposición reconocen que no pueden hacer campaña pegando al gobierno sino proponiendo, lo que encaja en la lógica de campaña electoral.

Entonces hay dos desafíos complejos con sus riesgos: (i) la oposición precisa cambiar el libreto, pero el guión actual le da resultado y obliga al Frente a estar a la defensiva; y (ii) el oficialismo precisa recuperar iniciativa y hablar de lo que quiere y no de lo que otros quieren que hable, pero no le encuentra la vuelta a eso.

El continente estará observando con especial interés a este rincón del sur, donde hay una izquierda invicta pero en riesgo. Y aunque hoy parezca difícil por cómo va la campaña, el Frente Amplio tendrá la chance de apelar a la teoría de Polerio, para el “sacrificio” de “un caballo”, que le permita pasar de la defensa al ataque. 

 

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