Opinión > EDITORIAL

Una nueva hoja de ruta

Las acciones económicas encaradas por Bolsonaro presentan una oportunidad para la región 

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18 de enero de 2019 a las 05:01

Las ideas de liberalismo económico que impulsa el arrollador presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abren un ventanal de esperanza en la región y esperamos que más temprano que tarde se reflejen en políticas que contribuyan a un mejor desempeño de las economías. El ejemplo más reciente, y que nos incumbe a todos, surgió  de la reunión que el miércoles 16 tuvo en Brasilia con su par de Argentina, Mauricio Macri.

Luego del encuentro, el jefe de Estado brasileño dijo que el Mercosur necesita volver a su “tradición original de apertura comercial y reducción de barreras”. 

“Nuestro propósito es que el Mercosur tenga relevancia y sentido. Estamos de acuerdo en que es necesario concluir rápido las negociaciones que tenemos e iniciar nuevas con flexibilidad y creatividad para recuperar el tiempo perdido”, subrayó.
Macri fue más cauto y solo se refirió a “la necesidad de modernizar el Mercosur” y avanzar hacia un “espacio de integración que se adapte a los desafíos del siglo XXI”, dos conceptos que se prestan a diversas interpretaciones.

Lo relevante de la reunión es que los jefes de Estado de los dos principales países del Mercosur reconocen el mal funcionamiento del bloque comercial y coinciden en que se impone una profunda reforma para salir del letargo de las últimas décadas.
Una hoja de ruta para el Mercosur, ajustada a los desafíos económicos del presente –algo inédito por lo menos durante los gobiernos progresistas que priorizaron los acuerdos políticos mas no los económicos y se confiaron en el viento a favor de los precios de los commodities–, es algo muy favorable a Uruguay, que ha sufrido del corsé del bloque regional y que ha obligado al país a bajarse de muchos trenes. 

Es cierto que a lo largo de la historial del Mercosur  ha habido reclamos de varios países socios, sobre todo de Uruguay y de Paraguay, de flexibilizar las reglas del bloque que frenan el comercio. Incluso del gobernante Frente Amplio, pero siempre cayeron en saco roto.
Parecería que estamos ante una oportunidad histórica debido a la actitud proactiva de Bolsonaro y de las coincidencias de los gobiernos de Argentina y  Brasil sobre las bondades del libre comercio para el crecimiento de los países.

Seguramente que  Bolsonaro arrastrará al gobierno de Macri que necesita de Brasil, su principal socio comercial, para dejar atrás la profunda crisis argentina. Analistas han escrito en estas semanas que el éxito del programa económico reformista de Brasil podría impactar directamente en las posibilidades reales de Macri en las elecciones presidenciales del próximo octubre.

Pero es necesario que las declaraciones y comunicados no queden en la tradicional retórica a la que estamos acostumbrados y que la rapidez de Bolsonaro en implementar sus reformas domésticas también se refleje en el frente externo.

Todavía falta saber en qué políticas del bloque se traducirán las críticas de Bolsonaro y su equipo a la marcha del proceso de integración y las ideas en torno a “flexibilizar” el Mercosur con el objetivo de “tener libertad para volar más alto”.  De lo que no hay dudas es de que Uruguay también necesita volar más alto y que eso depende de la calidad de su inserción comercial en el mundo. 

 

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