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Una paciente que encontró su vocación en el hospital Español

Madeleine Korn llegó desde Estados Unidos y estuvo dos años viviendo en el hospital; gracias a ello descubrió el amor por la enfermería

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21 de abril de 2019 a las 05:00

De Estados Unidos al Español 

Todo estaba en calma en el hospital Español aquel jueves de 2017. No hubo ningún caso de emergencia y las enfermeras hicieron las curaciones de rutina. Sobre la media tarde esa tranquilidad pasó a ser un caos gracias a la llegada de una paciente que sufrió un Accidente Cardiovascular.

Según contaron en el hospital a El Observador, sus ojos estaban idos, su boca temblaba como queriendo decir algo que no era más que un ruido al aire. Las manos de Madeleine Korn golpeaban la silla de ruedas mientras los médicos comenzaban a preparar las cosas para frenar la crisis. Como delata su nombre, ella no es uruguaya y llegó al país con 75 años en busca de familiares que nunca aparecieron. Lo único que se sabe de su pasado es que tuvo mucho dinero gracias a un hostel en México, según relataron en el departamento de enfermería del Español. 

Korn estuvo dos años en el hospital. En febrero de 2018 dejó la institución gracias a que su situación se judicializó y la Justicia encontró una curadora para ella. Más allá del desenlace, que se celebró con una despedida en el propio hospital, en ese tiempo dejó de ser una paciente para ser “casi una amiga” de muchos enfermeros. Tan estrecha fue la relación que encontró el amor por la enfermería. Una vez que se fue, decidió realizar un curso básico, y si bien se desarrolló poco tiempo en este rubro porque su edad no se lo permitió, fue una de sus pasiones más grandes.

La norteamericana tenía cerca de 77 años cuando salió del hospital y aunque tenía una posición económica sólida optó por reencaminar su vida y buscar “nuevos horizontes”, dijo. 

Algunos integrantes del equipo de enfermería que conocieron a Korn dijeron a El Observador que jamás pensaron que después de salir de una situación “realmente complicada” tuviera fuerzas como para encarar una nueva vida. 

Las limitaciones físicas no fueron impedimento, y a pesar de que quedó con secuelas, decidió seguir adelante porque consideró que salir viva de aquel “calvario” fue una segunda oportunidad. 

Algunas enfermeras recordaron que cuando curaban a algún compañero de sala de Korn, ella prestaba mucha atención a cada movimiento. 

Una de las nurses del hospital, Silvia Rivero, contó que Korn habló luego de haber estado un mes internada: “Nadie supo qué quiso decir, pero estoy segura de que nos trató de advertir que no tenía cómo salir de allí. No me olvido más de sus ojos”, contó Rivero. Una vez que se enteraron de que Korn no tenía a dónde ir ni con quién, para el equipo médico del hospital fue un desafío comunicarse con ella porque, más allá de que no hablaba en ese momento, tampoco entendía español. Sin embargo, a medida que pasó el tiempo, los enfermeros lograron “comunicarse con gestos” hasta que de a poco, comprendió algo de español. 

Una de las nurses del hospital, Silvia Rivero, contó que Korn habló luego de haber estado un mes internada: “Nadie supo qué quiso decir, pero estoy segura de que nos trató de advertir que no tenía cómo salir de allí. No me olvido más de sus ojos”. 

Más allá del hospital 

La mujer participaba activamente de distintas actividades del hospital, como ser Corazones Contentos, donde la institución organizaba una comida entre todos los pacientes. “Ella pasó a ser una de las más conocidas, siempre estaba con una sonrisa de oreja a oreja”, recordó Rivero. Además, los alumnos del Colegio Sagrado Corazón organizan actividades en conjunto con el hospital y, según cuenta la nurse, Korn era conocida también entre los adolescentes. “Sin dudas era una más pero al mismo tiempo no, porque todos nos encariñamos mucho. Hasta ahora nunca tuvimos un paciente social que fuera tan arraigado con el hospital y con el personal”.

“Su carácter fue cambiando”

Al principio ella se resistía a tratar con las enfermeras y en ocasiones era difícil bañarla o cambiarla porque mostraba ser una persona muy testaruda. “Luego se fue soltando y su carácter fue cambiando”, contó Rivero. “Ella sabía el menú de todos los días, qué camas estaba ocupadas y cuáles no”, recordó la nurse. Durante sus días en el hospital logró dejar las cosas “menos importantes de la vida” de lado, para enfocarse en vivir el resto de su vida “a su manera”.

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