27 de mayo de 2011 19:23 hs

Desde hoy, Uruguay tiene como representante en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York (AMNH) a un embajador muy particular: la Ceratophrys ornata. Esta rana verde brillante que habita en pastizales y praderas, forma parte de la exposición Frogs: a chorus of colors (Ranas: un coro de colores) junto a otra veintena de especies de todo el mundo.

“Anaranjado brillante, azul luminoso, rojo deslumbrante: las ranas tienen una variedad asombrosa de colores. Esta vívida variedad de tonalidades muestra la gran diversidad que existe entre las especies de ranas que habitan en el mundo. Desde exuberantes bosques tropicales hasta resecos desiertos, las ranas se encuentran en casi todos los ambientes de la Tierra y sus estrategias de supervivencia oscilan entre lo sorprendente y lo extraño”, indica la reseña online de la muestra.

Ranas: un coro de colores ya había sido expuesta en el AMNH en 2004 pero, “por la demanda del público”, la muestra vuelve hasta enero de 2012, informó la institución.

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Preservación

Dado que el AMNH tiene proyectos de investigación en distintas partes del mundo para descubrir nuevas especies y detectar amenazas medioambientales, esta exposición no solo muestra a las ranas con vida, sino que además, todas fueron criadas en cautiverio para proteger a las poblaciones silvestres.

Según el AMNH, hay casi 5.000 especies de ranas en el mundo, pero los científicos estiman que existen unas mil más aún por describirse. Incluso hay evidencia de que estos anfibios están en la Tierra por más de 200 millones de años, por lo menos hasta la era de los dinosaurios.

“Gracias a las investigaciones más recientes estamos empezando a entender el papel de las ranas en la naturaleza”, dijo en un comunicado el curador de la muestra, Christopher Raxworthy.

Y agregó que con la exposición se busca “ofrecer una mirada al mundo de estos animales y a los últimos descubrimientos sobre ellos”.

Crisol de variedad

Para mostrar “la diversidad y el colorido” de estos anfibios, las especies escogidas van desde la ranita dorada de Madagascar, que mide unos tres centímetros, hasta la rana toro africana, que puede llegar a medir unos 20 centímetros de diámetro.

No obstante, la estrella de la muestra es un terrario con las llamadas “ranas veneno de dardo”. Su nombre se debe a que el grupo indígena colombiano emberá de la región Chocó emplea el veneno de estos animales en las puntas de sus flechas. De todos modos, estas especies fueron criadas con una dieta que no les permite desarrollar estos componentes venenosos.

En la exposición se explora de forma didáctica la evolución y la biología de los anfibios y las amenazas que sufren “en un mundo en el que los ecosistemas no paran de cambiar”.

La rana charrúa

La Ceratophrys ornata mide unos 18 centímetros y sus rasgos característicos son su enorme boca, que ocupa casi la mitad de su cuerpo, y sus dos pequeñas protuberancias en la cabeza, vulgarmente llamadas “cuernos”.

Se alimenta de ratones, lagartijas, pájaros, serpientes, insectos y otras ranas que incluso pueden ser de su misma especie. Es que estos ejemplares, que también habitan en el norte de Argentina y Brasil, tiene un apetito voraz. De todos modos, su forma de obtener el alimento no es cazando a sus presas. Por el contrario, se entierran en el suelo para mimetizarse y se abalanzan sobre los animales que pasan. Hasta en su paciencia y comodidad es una digna representante de los uruguayos.

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