En 1939, Hans Gaffron, un investigador alemán que entonces trabajaba en la Universidad de Chicago, observó que un tipo de alga verde, la Chlamydomonas reinhardtii, podía producir hidrógeno en lugar de oxígeno en determinadas circunstancias. Más de medio siglo después, en 1997, el investigador de la Universidad de California en Berkeley Anastasios Melis descubrió que era la falta de azufre la que provocaba un cambio tan radical en su forma de respirar. Desde entonces, los científicos han avanzado en la comprensión de la biología de la C. reinhardtii hasta convertirla en un prometedor método para producir hidrógeno, un combustible que podría sustituir a los derivados del petróleo.
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Las "C. reinhardtii", que también se utilizan para producir hidrógeno, muestran su potencial como campo de cultivo para medicamentos de diseño