The Sótano > THE SOTANO/ EDUARDO ESPINA

Uno entre varios billones

Cuántos de ustedes ha llegado ya a la conclusión de que la vida es vana

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22 de junio de 2017 a las 04:30

Cuántos de ustedes ha llegado ya a la conclusión de que la vida es vana, y que parece serlo cada vez más en estos tiempos de velocidades. Hasta los genios quedan olvidados, sobre todo aquellos que dedicaron su existencia a construirse un nicho para la posteridad.

El gran Groucho Marx, con su genialidad siempre filosa dijo en alguna parte: "Para qué voy a preocuparme de la posteridad, si la posteridad nunca se preocupó por mí". Carpe diem, recomendaban los antiguos, esto es, vivir al día. Lo único que tenemos es el presente.

El pasado ya quedó atrás y el futuro todavía está muy lejos. Además, eso de ir haciendo planes a cumplir en un lapso de tiempo futuro puede quedar interrumpido por infinidad de circunstancias, sobre todo porque la salud falla, es ingobernable. Por otra parte, vivir con el pie en el acelerador de la nostalgia puede ser fatal, como lo es la mayoría de las veces.

Creer que todo tiempo pasado fue mejor poco ayuda a mejorar el hoy, el cual para funcionar solo depende de sí mismo. Vivir pues, sabiendo que no somos nada, es tan peligroso como creer que disfrutaremos la posteridad después de habernos ido.

Comer, vivir y amar recomendaban los pensadores griegos, quienes, además, por las dudas, pensaban: uno nunca sabe cuándo la trascendencia puede aparecer. Claro está, estos comentarios ganan contexto si vienen acompañados de un dato -ayer lo encontré en internet por casualidad- que me dejó pensando y en cierta manera, también apabullado.

Según información provista por demógrafos, el número de seres humanos que hasta el año 2011 (última estimación) vivieron en la Tierra es de 107.602.707. 791. Somos, fuimos, seremos, demasiados. ¿Qué hacer para no ser una cifra más, para escapar del frío dato del cálculo que carece de metafísica? La filosofía y la religión dan diferentes respuestas, y no todas resultan complementarias.

Un día, lo recuerdo, un cura amigo me dijo, cuando yo tenía un pie en la adolescencia: "haz algo con tu vida". El imperativo me arruinó ese sábado y el siguiente, pues no sabía entonces qué era "algo". Su consejo regresa cada tanto produciéndome cierto escalofrío, porque uno quiere hacer "algo" para no ser solo otra cifra insignificante.

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