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Usarán reconocimiento facial para excluir a ludópatas de los casinos

Buscan identificar a los “autoexcluidos” de las salas de juego

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21 de julio de 2019 a las 05:00

La primera vez que Graciela entró en un casino se sintió incómoda por el ruido ensordecedor de las máquinas tragamonedas y los destellos constante de las luces de colores de los juegos electrónicos. 

Pero aunque hoy reconoce que aquella experiencia no le gustó, y que de hecho no estaba interesada en las apuestas, siguió visitando las salas de juego, primero como un entretenimiento ocasional, y después como una necesidad incontrolable. 

“El juego es algo que te atrapa. El querer ganar te atrapa. Perdés, pero pensás que la próxima vez sí vas a poder y entonces volvés a jugar”, reconoce Graciela (65 años), quien tras ir al casino todos los días durante diez años aprendió que, al final, la casa siempre gana.   
Al cabo de los años gastó todos sus ahorros. Hipotecó una casa y la perdió en los tragamonedas. Se endeudó. Tocó fondo. “¿Mamá, qué está pasando?”, preguntó su hija al ver las penurias económicas que atravesaba, y fue ahí que por primera vez le puso palabras a la adicción que ya era imposible ocultar. 

De aquel día hace ya seis años. Graciela se unió a un grupo de jugadores anónimos y se presentó ante la Dirección Nacional de Casinos del Estado para convertirse en una “autoexcluída”, una suerte de lista negra que se forma con los nombres de aquellos clientes que se reconocen como ludópatas y que piden que les prohíban la entrada a las salas.
Graciela llenó un formulario, entregó tres  fotos de su rostro, una de frente y dos por cada lado de su cara,  y se presentó en el sector de psicología del organismo.  Habló con una psicóloga del lugar, a la que le tuvo que reconocer su adicción. Se sintió con una “vergüenza horrible” , y se juró no volver a pisar un casino.

Pero no todos tienen la voluntad de Graciela, y aunque otros ludópatas eligen hacer el trámite para autoexcluirse de los casinos (en total hay unos 70 registrados), finalmente acaban eludiendo el impedimento que ellos mismos se fijaron con tal de volver a apostar. 

Óscar Coll, el psiquiatra a cargo del Programa de Prevención y Tratamiento del juego Patológico del Hospital de Clínicas, reconoció que el sistema de autoexclusión es “poco eficaz” porque es “imposible” controlar el ingreso de las miles de personas que día a día visitan las salas de apuestas.  “Hay algunas personas para la que esa herramienta es útil, pero en muchos casos se maquillan y se transforman para evitar ser controlados”, señaló Coll. 

Sin embargo, eso podría cambiar en tanto que la Dirección Nacional de Casinos del Estado explora la posibilidad de instalar cámaras de reconocimiento facial en sus salas con el objetivo de evitar el ingreso de los autoexcluídos, así como de personas con problemas de conducta y disuadir también a delincuentes. 

Según contó el director general de Casino, Javier Cha a El Observador, en setiembre se realizará una prueba piloto de seis meses con este sistema, y si el resultado es satisfactorio entonces se comprará la tecnología.

La empresa que participará de esta prueba será DDBA, la misma compañía que proveyó a la Asociación Uruguaya de Fútbol de las cámaras de reconocimiento facial que sirvieron para controlar a los hinchas violentos. 

Esta no es la primera vez que Casinos del Estado pretende adquirir esta tecnología. En marzo de 2018, Cha había dicho en el programa Así Nos Va de radio Carve que se encontraban realizando pruebas piloto con cámaras de reconocimiento facial. 

Sin embargo, en marzo de 2019 Cha dijo a  El Observador, que aquellas pruebas no habían sido satisfactorias y que por lo tanto se había descartado hacer aquella compra.

A juicio de Coll, un sistema que detecte el rostro de las personas “autoexcluidas”  podría servir para mantenerlas fuera de los casinos, por lo que sería una buena herramienta para los adictos al juego. 

El especialista contó que en el Hospital de Clínicas se atienden unas 100 personas con ludopatía, de las cuales 50% abandonan el tratamiento y vuelven al juego. 

“Muchos inician el tratamiento porque se angustiaron al perder dinero o porque se pelearon con su pareja, pero al final eso pasa y vuelven a jugar”, explicó Coll.  Según datos estimados por la unidad que el especialista dirige, en Uruguay unas 26 mil personas padecen esta adicción, y se estima que para 2021 esa cifra trepe a cerca de 40 mil.  

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