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Ventajas y desventajas de los allanamientos nocturnos

No son una panacea ni pueden tener un impacto significativo sobre las bocas de drogas, pero sí son una herramienta útil

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10 de febrero de 2019 a las 05:00

El hogar es un sagrado inviolable. De noche nadie podrá entrar en él sin consentimiento de su jefe, y de día, sólo de orden expresa de Juez competente, por escrito y en los casos determinados por la ley.

El artículo 11º de la Constitución es curioso. Decreta la inviolabilidad del domicilio, que establece el derecho a disfrutar de nuestra vivienda y vida privada sin interrupciones. Pero el término ‘sagrado’ resulta anacrónico porque es utilizado como un sustantivo. Antiguamente, ‘sagrado’ hacía referencia a un asilo o refugio inviolable para los perseguidos, como lo eran las iglesias. De hecho, es un superviviente de la primera Constitución de 1830 y es la única vez que aparece en el texto constitucional actual. Así las cosas, el pobre se encuentra perdido en el tiempo y en una constitución laica que además le da la potestad al juez de profanar aquello que consagra. 

La paradoja no es gratuita. En las próximas elecciones nacionales habrá un plebiscito en materia de seguridad que prevé, entre otras medidas, reformar la Constitución para habilitar también los allanamientos durante la noche. La propuesta surge de la campaña Vivir sin Miedo del senador nacionalista Jorge Larrañaga, pero no es la primera vez que se plantea. En 2012 lo hizo desde filas oficialistas el diputado Walter De León a través de un proyecto de ley que buscaba el mismo objetivo. Al igual que entonces, la medida desató polémica en el plano legal y político. Acá solo nos interesa su efectividad.

Aunque un allanamiento puede servir varios propósitos, en la mira de esta reforma están las bocas de droga. Porque como responde cualquier vecino entrevistado, “todos saben dónde están las bocas y la Policía nunca hace nada”. En realidad, las bocas no suponen un problema solo por la venta de estupefacientes, sino sobre todo por los delitos que generan a su alrededor. El tráfico de pasta base es más peligroso que el de otras drogas y la violencia envuelve rápidamente a traficantes, usuarios y vecinos. La convivencia y el ir y venir de adictos y narcomenudistas suele dar lugar a otros delitos en la vivienda, veredas o calles aledañas. Las peleas, los robos, las balaceras, la prostitución y la indigencia son solo algunos de los problemas que en poco tiempo asedian a toda la cuadra.

Es lógico que existan bocas. La actividad criminal precisa que converjan en tiempo y espacio delincuentes, víctimas potenciales y descuido. La noche y el interior de una vivienda suponen el momento y el lugar ideal para la venta de drogas, ya que tanto el vendedor como el comprador son beneficiados por un ambiente, un momento y un mandato legal que los ampara. Si es de día, el procedimiento habitual de la policía es la vigilancia, la compra encubierta y el allanamiento. Si es de noche, es posible acordonar la zona y allanar cuando amanezca. 

Como alternativa, los allanamientos nocturnos son útiles por varias razones. Primero, porque requieren menos tiempo y por tanto liberan antes a los efectivos policiales. Segundo, porque aumentan significativamente las probabilidades de atrapar a los delincuentes en el acto. Tercero, porque minimizan los riesgos de que los delincuentes escondan o destruyan evidencia o de que alerten a otros sospechosos. Cuarto, porque la hora proporciona una ventaja psicológica determinante a la policía, ya que quienes están en la vivienda suelen estar medio dormidos y desorientados. 

Pero los allanamientos también conllevan riesgos. En Estados Unidos, por ejemplo, los allanamientos nocturnos y sin aviso se tornaron sistemáticos y conocidos por la cantidad de muertes que generan. Sin duda, los allanamientos aumentan las posibilidades de una confrontación armada que quizás no se daría de otra forma. Ello se debe a que los delincuentes responden al asalto con fuego o porque son sorprendidos durmiendo y creen que están siendo atacados. A su vez, un error por parte de la policía puede llevar a una confrontación armada con vecinos que creen ser víctimas de un copamiento.

La pregunta más importante es si son efectivos. En Uruguay no contamos con datos. No sabemos cuántos allanamientos se hacen ni cuáles son sus resultados inmediatos y a largo plazo (elaborarlos debería ser una prioridad). Sin embargo, existe evidencia de otras latitudes y hay dos experiencias de Estados Unidos que me parecen especialmente interesantes. La primera sucedió en 1995, cuando un experimento en Kansas City concluyó que los allanamientos de bocas de drogas eran efectivos en la reducción del crimen, pero sus efectos eran moderados y no duraban más de dos semanas. La boca allanada era reabierta o sustituida por otra cercana al poco tiempo, y el crimen aumentaba de nuevo en la zona. La segunda sucedió a principios de los noventas en la ciudad de Pittsburgh y tuvo resultados similares, pero con un matiz importante: no todas las bocas allanadas se reabrían al poco tiempo, sino solo las que estaban en zonas determinadas.

Las zonas donde los resultados de los allanamientos eran revertidos al poco tiempo, eran aquellas en las que se daban dos tipos de factores de riesgo: Primero, barrios en los cuales el control social informal era bajo, donde familias y vecinos no actuaban como redes de contención y no ejercían control sobre el espacio público. Segundo, zonas que cuentan con espacios físicos bien dotados para la venta ilegal de drogas. Por ejemplo, barrios con viviendas abandonadas, con pasadizos y calles que dificultan el acceso. Tomando ambos factores en consideración, quizás sea esa la diferencia entre las bocas que allanaron en Cordón y las que allanan en Ciudad Vieja. Hay bocas que están insertas en contextos criminógenos, con factores de riesgo que propician la venta de drogas. Otras que no, y es en estas últimas donde los allanamientos aislados serán más efectivos.

En columnas anteriores analizamos la necesidad de encarar los barrios de contexto crítico a través de un enfoque multidimensional, haciendo uso de modalidades de policiamiento orientado a problemas (POP) y con la ayuda de otros actores institucionales. Y es que para disminuir significativamente las bocas debemos actuar sobre los factores de riesgo que las propician. Por eso, es probable que un grupo de agentes patrullando a pie la zona e interactuando con los vecinos tenga un efecto disuasivo mayor que un posible pero improbable allanamiento. Y probablemente sea más rentable también para los contribuyentes, un factor del que no hablamos lo suficiente.

¿Esto significa que los allanamientos nocturnos deben seguir estando prohibidos? Me inclino a pensar que no. Como vimos, los allanamientos nocturnos no son una panacea ni pueden tener un impacto significativo sobre las bocas de drogas, pero sí son una herramienta útil para tener en cuenta en casos concretos. De permitirse en Uruguay, tendrían que tomarse precauciones. Como indica la propuesta, debería usarse solo con orden expresa del Juez competente, por escrito y en los casos determinados por la ley. Además, tendría que ser llevado a cabo exclusivamente por comandos entrenados especialmente para estas operaciones, como pueden ser los Grupos Especiales de Operaciones (GEO) de la Guardia Republicana. Y al igual que en otras operaciones en las cuales pueden cometerse abusos, el uso de cámaras personales puede ser una garantía. Que el juez decida. 

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