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Violencia en Birmania, "ejemplo de libro" sobre limpieza étnica

ONU denuncia el ataque a miembros de la comunidad musulmana

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12 de septiembre de 2017 a las 05:00

Birmania, un país asiático de casi 53 millones de habitantes, se convirtió en inesperado centro de atención mundial en las últimas semanas, a partir de la persecución y muerte contra la minoría rohinyá, sin que desde el gobierno se tomen acciones para evitarles el exilio y las matanzas indiscriminadas.

Para intentar entender la realidad de una nación gobernada de facto por la remio Nóbel de la Paz, Aung San Suu Kyi, lo primero que debe señalarse es que Birmania es un país con marcada preeminencia budista, en el que los rohinyás son discriminados y considerados inmigrantes ilegales provenientes del vecino Bangladés.

Por otra parte –vaya paradoja del destino– ese es el país donde hoy buscan un sitio seguro donde vivir, aunque ya los refugios estén saturados.

Más del 90% de la población birmana es budista, mientras que menos del 5% es musulmana.

En ese contexto, los rohinyás, considerados extranjeros y que carecen de derechos civiles desde 1962, son verdaderos apátridas, mientras que los budistas extremistas, que exponen un discurso antimusulmán radical, se encuentran en un momento de pleno apogeo.

Estallido de violencia

La violencia en Birmania comenzó hace algunos meses, pero recrudeció a partir del pasado 25 de agosto cuando rebeldes rohinyás (del denominado Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan), armados con machetes y cuchilos, atacaron puestos policiales en distintos puntos del país.

Eso a su vez desencadenó la represión del ejército, lo que se tradujo en destrucción, muerte y abandono del país.

Los rebeldes afirman defender los derechos de la minoría musulmana, pero el gobierno no solo no reconoce a los rohinyás, sino que además los considera como"terroristas".

Desde que la violencia se hizo moneda corriente en Birmania, la ONU no para denunciar lo que considera atropellos del gobierno.

En ese sentido, el lunes fue más lejos todavía y advirtió que ese país configura "un ejemplo de libro de limpieza étnica", según dijo el alto comisionado de derechos humanos del organismo multilateral, Zeia Raad al Hussein.

El funcionario denunció una "brutal operación" de seguridad de los militares en el norte de Rakhine, un esttado en el que vive la mayoría de esa comunidad musulmana, cuyos derechos niega el gobierno de manera recurrente.

Informes de la ONU dieron cuenta de masacres, asesinatos de civiles –entre ellos niños y bebés– y violaciones sistemáticas. A su vez, el organismo desestimó la versión gubernamental de que son los propios rohinyás quienes queman sus casas y devastan a su pueblo.

Documentos y pruebas gráficas en su poder demuestran exactamente lo contrario. Mientras se suceden los pedidos internacionales para detener la violencia, los rohinyás siguen refugiándose en Bangladés, donde en dos semanas se instalaron unos 300.000; se cree que unos 600.000 están en ese país.

300.000 musulmanes

Rohinyás se refugiaron en Bangladés en poco más de dos semanas, según datos divulgados por la ONU, que denuncia un "ejemplo de libro" de limpieza étnica en Birmania.

LAS CLAVES

ONU. El alto comisionado de derechos humanos de Naciones Unidas denunció la limpieza étnica contra la comunidad rohinyá.

MINORÍA. Los rohinyás, a los que el gobierno birmano considera terroristas, constituyen una minoría musulmana, 5% de la población.

REFUGIO. Unos 600.000 rohinyás fueron a Bangladés.

Una premio Nóbel de la Paz inmutable

La premio Nobel de la Paz y líder de facto de Birmania, Aung San Suu Kyi ve como su imagen va cediendo terreno en el plano internacional, por su firme rechazo a defender la minoría musulmana rohinyá.

La dirigente birmana, que pasó 15 años en detención domiciliaria, está bajo presión internacional; incluso, un pedido para retirarle el Nobel de la Paz, que circula por internet, consiguió ya más de 364 mil firmas en los últimos días.

La enviada especial de las Naciones Unidas para Birmania, Yanghee Lee, también mostró su disgusto por la situación. "Me gustaría realmente ver que Aung San Suu Kyi muestre más compasión en este momento crucial" de la historia del país, dijo a la CNN.

La líder nada dijo hasta el momento sobre los abusos cometidos contra la minoría rohinyá.

"Al rechazar expresarse contra estos abusos, pierde una enorme credibilidad moral y política", consideró por su parte James Gómez, responsable de la organización Amnistía Internacional para el sudeste asiático.

Algunos de sus principales críticos suelen recordar ahora su discurso pronunciado en 2012 cuando recuperó la libertad y pudo acudir en persona a recibir tan preciado galardón.

"Donde sea que se ignora el sufrimiento, habrá semillas de conflictos, porque el sufrimiento degrada, amarga y exaspera", había señalado la dirigente birmana en aquella circunstancia.

Pero esta mujer, que alguna vez dijo no tener nada que ver con la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher ("La Dama de Hierro") y tampoco con la madre Teresa de Calcuta –"nunca dije que lo fuera"– sigue sin hacer alusión a la situación de la comunidad rohinyá. Recién el miércoles pasado habló sobre lo que denominó "crisis", pero en ningún momento mencionó a esos refugiados.

Hasta el momento, la posición de su gobierno ha sido la misma que la del ejército, acusado por los abusos.

La premio Nobel accedió al poder en el año 2015 y desde entonces concedió pocas entrevistas.





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