El próximo 31 de diciembre se cumplen 24 años del momento en el que el agente del servicio secreto, abogado, eximio nadador y artista marcial Vladimir Putin tomaba un puesto clave del Kremlin. En efecto, a los 47 años recién cumplidos, ese hombre nacido en San Petersburgo cuando en la era soviética se llamaba Leningrado asumía como primer ministro de Rusia.
Ucrania, invadida por las tropas alemanas en la Segunda Guerra, proveyó de muchos soldados y oficiales a las tropas invasoras alemanas. Tras separarse de Moscú, Kiev buscó su camino con eje en Berlín y Washington. Las revueltas del Euromaidán en 2013 y 2014 fueron un camino sin regreso hacia la decisión de Putin de invadir el este ucraniano el 24 de febrero de 2022.
¿Llegará a su fin la invasión rusa? ¿Querrá Putin llegar a las elecciones de marzo de 2024 con un conflicto que desangra a su país además de haber convertido a Ucrania en un país empobrecido y endeudado hasta el cuello con sus aliados occidentales?
Un extenso artículo de The New York Times (NYT) analiza con rigor y cautela las oportunidades que tiene Putin para intentar poner fin a la guerra que inició y que no ganó. Colaboraron con la nota cinco periodistas de ese diario. Uno de ellos, Anton Troianovski, es el jefe de la corresponsalía en Moscú. Troianovski ganó dos veces el Premio Pulitzer y tiene 20 años en el análisis de temas de inteligencia y seguridad en otros medios.
“Parece que la confianza del presidente ruso Vladimir Putin no tiene límites. Animado por el fracaso de la contraofensiva ucraniana y el escaso apoyo occidental, Putin afirma que los objetivos bélicos de Rusia no cambiaron. El 19 de diciembre, en un discurso en el que se dirigía a sus generales, el mandatario se jactó de que Ucrania estaba tan asediada que los soldados invasores rusos estaban haciendo lo que querían”, comienza la nota.
Lo significativo del extenso y medular artículo es que el jefe del Kremlin, en un reciente impulso a través de canales indirectos, ha estado enviando un mensaje diferente: está dispuesto a llegar a un acuerdo”.
“Desde septiembre, Putin envía señales a través de intermediarios de que está abierto a un alto al fuego que congele los combates en las líneas actuales, muy lejos de sus ambiciones de dominar Ucrania, según afirman dos ex altos dirigentes rusos cercanos al Kremlin y funcionarios estadounidenses e internacionales que han recibido el mensaje de los enviados de Putin”, añade el jefe de la corresponsalía en Moscú del NYT.
El artículo remarca el grado de improvisación de Moscú en esta guerra, pero también señala que en marzo habrá elecciones en Rusia y que Putin se presentará. Si se suman sus mandatos como primer ministro y presidente, en caso de ganar, sería el quinto. Y los analistas, más allá de consideraciones éticas y políticas, no ven competidores para arrebatarle el poder a este hombre que cumplió 71 años el mismo día en que Hamás atacó Israel y comenzó una guerra mucho más peligrosa que la que inició Putin.
El artículo del NYT dice que “Putin esboza mensajes sobre su deseo de declarar la victoria y seguir adelante. ‘Estamos dispuestos a negociar un alto al fuego’, afirmó un alto funcionario internacional que se reunió con altos cargos rusos este otoño”.
Sin embargo, “no hay indicios de que los dirigentes ucranianos, que prometieron recuperar todo su territorio, vayan a aceptar un acuerdo de este tipo. Algunos funcionarios estadounidenses afirman que podría ser un intento del Kremlin de despistar y que no refleja una voluntad genuina de Putin de llegar a un consenso”.
“Al mismo tiempo que prepara a Rusia para años de guerra, intenta dejar claro que está dispuesto a ponerle fin. ‘En realidad está dispuesto a detenerse en las posiciones actuales’, dijo uno de los ex altos funcionarios rusos al NYT, transmitiendo un mensaje que el Kremlin envía con discreción. Y añadió: ‘No está dispuesto a retroceder ni un metro”.
“Putin –según fuentes de la nota que mantuvieron el anonimato– ve una confluencia de factores que crean un momento oportuno para un acuerdo: un campo de batalla que parece estancado, las secuelas de la decepcionante ofensiva de Ucrania, su debilitado apoyo en Occidente y, desde octubre, la distracción de la guerra entre Israel y Hamás”.
En privado, sin embargo, Putin abrazó su papel como comandante en jefe con una determinación casi mesiánica durante estos meses, afirman las personas cercanas al Kremlin. Una de ellas afirmó el pasado mes de febrero que el presidente mantenía dos videoconferencias al día con oficiales militares que le informaban de los pormenores de los movimientos en el campo de batalla.
La muerte del caudillo mercenario Yevgeny Prigozhin, posible obra del Kremlin, fue para Putin una tranquilidad. Después de que el grupo Wagner saliera del campo de batalla, el Kremlin no tuvo doble comando. Y como la contraofensiva ucraniana no prosperó, el escenario es propicio para creer en algún alto el fuego. El contexto internacional quizá también favorezca a ello, salvo que la guerra en Gaza escale a niveles imprevisibles.
El artículo describe una escena que parece mostrar la confianza que se tiene el jefe del Kremlin. “Un sábado de octubre, Putin celebró su cumpleaños 71 con los líderes de Uzbekistán y Kazajistán, dos países de Asia Central que intentaron adoptar una postura neutral en la guerra. Cuando llegaron a su residencia en los suburbios de Moscú, Putin se puso al volante de una nueva limusina de fabricación rusa, mostrando una de las formas en que, según el Kremlin, Rusia se está volviendo más autosuficiente. Una vez en el interior, los tres dirigentes hablaron de un plan para vender gas ruso a Uzbekistán. Una persona presente recordó la serena confianza y el relajado lenguaje corporal de Putin. ‘No parece un hombre que esté librando una guerra’, dijo esa persona”.
Eso fue el 7 de octubre pasado, el día en que los gobernantes y la prensa del mundo miraban Medio Oriente y no Ucrania.
Desde un mes antes, según el NYT, “los funcionarios occidentales volvieron a captar señales de que Putin está interesado en un alto al fuego. Las señales llegan por múltiples canales, incluso a través de gobiernos extranjeros vinculados tanto a Estados Unidos como a Rusia. Emisarios rusos no oficiales hablaron con interlocutores sobre los contornos de un posible acuerdo que Putin aceptaría, dijeron funcionarios estadounidenses y de otros países”.
Un dato que no escapa al análisis de ese artículo es que “algunos analistas sostienen que a Putin le beneficia una guerra larga, y que quiere retrasar cualquier negociación hasta un posible regreso al cargo del expresidente Donald Trump, favorito para la nominación presidencial republicana en 2024”.
“Los antiguos funcionarios rusos –dice la nota– afirman que Putin preferiría llegar a un acuerdo antes, dada la incertidumbre inherente a la guerra. Dijeron que la propaganda de Putin podría fácilmente interpretar el statu quo como una victoria, celebrando un corredor terrestre hacia Crimea, un ejército que resistió la contraofensiva ucraniana suministrada por Occidente y la anexión reivindicada por Rusia de cuatro regiones ucranianas, ocultando el hecho de que Rusia no las controla totalmente”.
El momento ideal, “según una de las personas consultadas, sería antes de las elecciones presidenciales rusas de marzo. Putin tiene la certeza de que se asegurará otro mandato de seis años, pero le importan mucho las elecciones como indicador de su apoyo interno” consigna el extenso artículo del NYT.
Los interlocutores mencionados dicen que “el alto al fuego propuesto por Putin mantendría una Ucrania soberana con Kiev como capital, pero dejaría a Rusia el control de casi el 20% del territorio ucraniano que ya conquistó. Añadieron que, aunque Putin está mandando mensajes de que está abierto a un acuerdo de este tipo, está esperando a que le hagan una oferta más concreta”.
(Con información del The New York Times)