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Carlos Voituret habló de su vida deportiva con Referí

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Voituret: “La selección de 2002 tenía un líder que era bueno en el campo, pero no afuera: Paolo Montero”

En una charla con Referí, el exmédico de la selección, Carlos Voituret, recordó sus historias en el fútbol, el día que llevó a Fonseca a ver a un brujo y cuando Sanguinetti no lo dejó llegar a Peñarol

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06 de marzo de 2021 a las 05:04

Carlos Voituret tiene 76 años y aparenta muchos menos. Fue médico de varios clubes como River, Fénix, Wanderers, Sud América, Miramar, Danubio campeón de 1988, Bella Vista y ahora nuevamente en los de la Curva. Entre 1991 y 2002 fue el médico de la selección uruguaya y también trabajó en básquetbol en Atenas, Neptuno, Bohemios, Hebraica y 12 años con la selección con la que ganó el Sudamericano de 1981. Realizó más de 4 mil operaciones de rodilla y fue uno de los encargados de elaborar el proyecto sanitario de la AUF para que volviera el fútbol, el cual luego fue aplicado a otros deportes. En esta charla con Referí, recuerda su vida deportiva.

De niño era hincha de Nacional, pero con el tiempo, se hizo de Peñarol. Es que fue de los creadores de Peñarol Universitario en 1967 en la Facultad de Medicina. Un día fue a ver un clásico universitario. "Nacional tenía un cuadrazo con jugadores profesionales, pero ganó Peñarol 2-0", recuerda. Empezó a jugar en Peñarol Universitario al cual aún ama. Jugaba como lateral derecho, y luego fue técnico campeón en 1983. 

Carlos Voituret tiene una historia gigante en el deporte uruguayo

"Una vez jugábamos en Los Céspedes contra Nacional y yo era el técnico. Nos estaba mirando todo el plantel de Primera que se preparaba para jugar ese día ante Peñarol por el Uruguayo. El técnico era el Pichón Núñez con el que trabajé después en la Copa América de 1995, y su ayudante el Chongo Escalada. Nos ganaron el primer tiempo 3-0 y los jugadores de la Primera de Nacional se reían de nosotros. En el segundo tiempo, lo dimos vuelta y ganamos 5-3. El Pichón los agarró a los futbolistas de Primera y les dijo de todo: 'Vieron, ustedes se reían y eso pasa por sobrar. ¡No se olviden que esta tarde tenemos un clásico!'". 

Voituret, en su prolífica carrera, también trabajó 12 años en el fútbol de salón, entre Peñarol y 10 temporadas en la selección uruguaya, con la que vivió el Mundial de Australia.

¿Soñaba con ser futbolista?
Siempre fui muy tenaz, nunca me daba por vencido, pero no era muy hábil. Soñaba con ser médico. A los 15 años quise ser médico porque siempre pensé en la importancia que podía tener el aliviar el dolor ajeno. Ese fue mi modus vivendi por el cual me dediqué a la medicina.

¿Qué recuerda del Sudamericano de básquetbol 1981 que usted era el médico?
Primero hay que ubicarse en la época. Plena dictadura y costaba en ese momento la vida en este país. También los militares utilizaban mucho políticamente los triunfos deportivos. Me acuerdo que nuestro plantel era muy lindo. El básquetbol siempre fue más afectuoso que el fútbol, no era tan profesional, tenía más contenido amateur, entonces estábamos mucho más cerca. Viví cosas hermosísimas con el básquetbol. El partido decisivo, si Uruguay se lo ganaba a Argentina, era campeón. (Carlos) Raffaelli le pegó una piña al Fefo (Ruiz) y para nosotros era fundamental que a Raffaelli lo echaran porque era uno de los mejores del rival. Y el Fefo se quería levantar. Fue cerca de mí y entré a la cancha para levantarlo y la segunda piña al Fefo se la pegué yo: “Quedate quietito acá que lo echan”, y así sucedió. Fue algo realmente emocionante ganar ese título en ese Cilindro lleno de gente.

“Pocas veces vi jugar a un futbolista como O’Neill”

¿Tiene alguna anécdota de ese plantel?
Sí, pero no de ese torneo. Era un plantel muy unido y aguerrido. Fuimos a jugar la Copa William Jones en Taipéi, y de ahí íbamos a jugar un Sudamericano en Colombia. La Federación Uruguaya de Basketball nos llevó a un hotel como en el desierto, porque era lo más barato que había conseguido. Estaba lleno de polvo, no había un alma. Los jugadores bajaron del ómnibus, entraron a sus habitaciones. Cuando vieron lo que era eso, que era como estar en el oeste, lleno de polvo y telarañas, no dijeron nada. Bajaron sus valijas al hall y dijeron “acá no nos quedamos”. Los dirigentes se querían morir. Pirulo (Etchamendi) se quería ir, quería renunciar. Inmediatamente consiguieron otro hotel y nos mudamos. Cuando íbamos en el ómnibus se escuchó al Fefo cantando desde el fondo: “No te vayas papá, no te olvides de mí”, y ahí se quebró el silencio y todo el mundo se aflojó y terminó todo bien. Era un grupo maravilloso.

Voituret fue técnico de Peñarol Universitario en fútbol y lo sacó campeón en 1983

¿Y el Tato era el referente?
El Tato fue el primero que bajó las valijas al hall. Era el líder absoluto. Como jugador, impresionante, de lo mejor que hemos visto en este país y como persona también. Adentro de la cancha se transformaba y era insoportable para todos. Porque era jugador, técnico, dirigente, él mandaba y era un líder, un líder como hay muy pocos. Fuera de la cancha, un tipo encantador, es un amigo y lo quiero pila. Pero dentro de la cancha, había que soportarlo.

¿Qué puede decir de aquel Danubio campeón de 1988?
Que era un plantel precioso, un técnico (Ildo Maneiro) de pocas palabras que decía lo justo y que enseñaba muchísimo, no solo de fútbol, sino de la vida. Tuvimos una organización en el club que fue maravillosa. Yo daba charlas todas las semanas sobre aspectos de la vida, de la medicina, de cómo cuidarse, de esas cosas que uno no se olvida nunca. Nunca fue tanta gente a Jardines del Hipódromo como en 1988, siempre a estadio lleno. Nunca hubo un equipo que llenara –como lo hizo ese Danubio– el Estadio Centenario cuando enfrentaban a Peñarol o Nacional. Era un equipo que la gente lo seguía mucho porque daba gusto verlo. El mejor jugador de Danubio nunca era el mismo, eso es sintomático. Una vez era el Pompa (Borges), otra Eber Moas, otra el Polillita (Da Silva), es decir que había un plantel maravilloso, un grupo hermoso.

Así fue la definición de Danubio en Jardines, cuando ganó su primer Uruguayo en 1988.

¿Qué recuerda de la Copa Libertadores cuando jugaron en Medellín contra Atlético Nacional?
Me acuerdo que a las 2 de la mañana empezaron a tirar bombas alrededor del hotel y no podíamos dormir. El Pompa Borges se escondió debajo de la cama porque realmente en esa situación daba miedo, no sabíamos lo que pasaba. Después nos ganaron bien aquella semifinal y por goleada. El Canario Cabrera marcaba al puntero derecho, Albeiro Usuriaga, y no lo vio pasar en toda la noche, lo pasó por arriba. Y después fuimos a jugar con la selección contra Colombia y dijo: “¡Che, qué feo que es ese negro!” y los compañeros le gritaron: “Claro, si te comiste seis y no lo viste, le viste solo el número!”.

Usted comenzó como médico de la selección uruguaya en 1991, cuando se dio el tema de los “repatriados” contra el técnico Luis Cubilla. ¿Cómo lo vivió?
Fue una época muy difícil porque había una gran lucha entre algunos jugadores que venían del exterior, con el técnico y algunos no se hablaban. Algunos vinieron y tuvieron una reacción normal, hasta que el grupo pesado les dijo: “No, con fulano no podés hablar”. Fuimos a la Copa América de Chile 1991 que fue mi primera, con un equipo B de Uruguay, sin repatriados, justamente por todos los líos que había.

“Sanguinetti bloqueó mi llegada como médico de Peñarol”

¿Qué recuerda de la Copa América de 1995 que ganó Uruguay?
Fue otra vivencia lindísima. Como plantel, era muy unido, muy bueno, Pichón hacía que el ambiente fuera muy bueno. El profe (Tejera) era medio rígido, pero el Pichón era muy comprensivo, muy querible. Ahí tuvimos la desgracia de no poder utilizar casi a Rúben Sosa porque venía de una cirugía en Italia con una rodilla que no estaba bien. Tratamos de recuperarlo, pero casi ni jugó.

Una semana antes se lesionó Paolo Montero en el Tróccoli y se quedó sin la Copa América.
Sí, fue en un amistoso contra Lanús. Lo operé a los pocos días de una lesión de ligamento lateral externo de una rodilla y se quedó sin jugar la Copa. Y la final, nunca vi en un partido de fútbol tres lesiones graves: la fractura de Tabaré Silva, la luxación de hombro de Francescoli y la rotura de un menisco del Pepe Herrera que lo operé al otro día de la final.

Carlos Voituret entre el ayudante técnico de la selección ganadora de la Copa América de 1995, Fernando Morena, y Álvaro Gutiérrez, en la concentración uruguaya de Los Aromos

Pero Herrera jugó todo el partido.
A los 20 minutos hizo una maniobra con la rodilla y me di cuenta que tenía un menisco roto y le dije a Pichón: “Prepará un cambio porque el Pepe no va a aguantar todo el partido”. Siguió jugando y aguantó los 90 minutos (NdeR: no solo eso, sino que pateó y anotó un penal en la definición). Al otro día, lo operé.

¿Y Francescoli?
Se le luxó el hombro. Era la primera vez que le pasaba eso. Entré a la cancha y no se lo podía colocar. Lo teníamos que sacar de la cancha y yo no quería que saliera porque estaba por terminar el partido y estábamos empatados. El juez me dijo: “¡Tiene que salir!” y Enzo me pidió: “¡Carlitos, quiero patear un penal!”, y en la maniobra para sacarlo de la cancha para ver qué hacíamos con él, se le arregló el hombro. Y después pateó el penal y lo metió. Después le puse un cabestrillo para los festejos para que no se le volviera a salir.

¿Cómo sufrió desde el banco esos penales?
Muchísimo, como todos los que estábamos ahí. Además de ver a Alvarito Gutiérrez caminando hasta el punto del penal que era definitivo y que ninguno le teníamos confianza, estábamos temblando.
Imaginate. No me olvido de eso. Y después, cómo definió el Manteca (Martínez).

“Paco (Casal) rezongó a Púa por haber citado a Fonseca para el Mundial 2002”

Fue un trabajoso camino hacia el título.
Unos días antes de la semifinal se lastimó Fonseca. Lo revisé y no le encontré nada importante. Creo que era en la rodilla. Y faltaban seis días para la final y me dijo: “Carlitos, quiero ir a ver a fulano de tal”. ¿Quién era fulano de tal? El “Huesero” de Parque del Plata. Le dije: “No, Daniel. Acá tenemos todo para tratarte. No me parece correcto lo que me estás diciendo”. Se fue y enseguida llegó Enzo (Francescoli) –quien compartía habitación con él– y me dijo: “Carlitos, dejalo ir porque no lo aguanto más”. Entonces lo llamé a Daniel y le dije: “Bueno, dale, yo te acompaño”. Le pedí permiso al técnico y fuimos hasta Parque del Plata donde estaba este brujo. Siempre hubo brujos en el fútbol. Me acuerdo desde Quirino Machado en la calle Bahía Blanca a donde iban los jugadores para atenderse y hoy debe haber otros, gente sin mayor formación que ejerce esa habilidad. Tienen una ventaja que siempre reconocí: escuchan al deportista, que es una cosa que siempre me preocupé de hacer yo. Pero no todos los médicos escuchan al deportista y los brujos los escuchan y eso les hace sentir confianza. Vi trabajar al “Huesero” de Parque del Plata que no hizo nada especial, pero el hecho es que Fonseca volvió a jugar. De ahí para adelante perdí un poco ese orgullo que tenemos todos y entendí que lo que importa es que el jugador esté seguro, entonces muchas veces fui muy elástico para darle seguridad al jugador. Psicológicamente le sirvió. Fuimos a jugar la final y el profe Tejera decidió hacer una prueba en la mañana. Entró jugando y cada 10 minutos se pasaba estirando como que le pasaba algo. Terminó el primer tiempo y el Pichón lo sacó y puso a Sergio Martínez. Daniel terminó llorando en el vestuario y rengueando. Al final, le pedí a Pedro Larroque que trajera desde el vestuario un cabestrillo para Francescoli y me lo alcanzó. Terminó el partido y veo venir a Fonseca (se para y hace el gesto de renguera), mirando los penales al lado nuestro. Salimos campeones y salí corriendo al medio de la cancha para ponerle a Enzo el cabestrillo y al lado mío pasó Fonseca corriendo a todo lo que daba. (Se ríe). No me olvido más de eso.

Así fue la definición por penales de aquella Copa América de 1995

¿Qué significó trabajar con Passarella en la selección?
Fue un período lindísimo de la selección. Con Passarella pasé muy bien. Además, no era solo él, sino también Alejandro Sabella y el profesor Kohan. Unos tipos geniales, maravillosos. Daniel, un tipo muy especial, muy rígido, pero muy bien. Estuvimos muchísimo tiempo concentrados en la Posta del Lago. A veces era demasiado duro.

¿Por qué?
Jugábamos los partidos preparatorios para las Eliminatorias y el titular en el medio era Poyet. Recuerdo que en aquella época los clubes europeos cedían tres o cinco días a los futbolistas. Y Poyet en una nota dijo: “Yo los entiendo a los clubes porque si de 30 jugadores, 25 son de Europa, hay que darles la razón de condicionar la salida de los futbolistas”. Eso le calentó muchísimo a Daniel. Lo que decía Poyet era cierto, pero le faltó decir “pero yo quiero jugar en mi selección”. Entonces Daniel los reunió en la mitad de la cancha y sé que les dijo a cada uno su lugar en sus equipos, cuánto tiempo jugaban, si eran suplentes, etc. Y les comentó: “Si alguno tiene problemas, me lo dice acá y ahora que estamos solos. Yo voy a hacer el equipo que son 11 y hay otros que no van a jugar y si alguno tiene problemas, me lo dice”.  Nadie dijo ni una sola palabra. Todo eso fue para sacar a Poyet. Recuerdo que jugábamos contra Bolivia en el debut de las Eliminatorias, le ganamos 1-0 y Poyet había sido titular todos los partidos y Daniel puso a Fabián Coelho. Es más, lo puso cuando faltaba un minuto. Lo puso para tocarle el culo. Ese era Passarella, era duro.

El actual médico de Danubio estuvo muy cerca de ser contratado por Peñarol a pedido del Cr. José Pedro Damiani, pero una llamada de Marta Canessa, la esposa de Julio María Sanguinett, hizo que siguiera Alfredo Rienzi en su puesto

¿Nunca se lo dijo?
No que yo sepa. Yo hablaba con Gustavo, que es un tipo bárbaro y él lo superó enseguida: “Él es el técnico y sabe lo que hace”, me dijo. Al partido siguiente, fuimos a jugar contra Paraguay y ellos son famosos por anotar goles de pelota quieta. Y Daniel necesitaba que marcaran a Celso Ayala que había hecho muchos goles de cabeza. Entonces utilizó a Poyet, y nos ganaron 1-0 con un gol de Ayala. Porque además Poyet tuvo la altura de decir en una charla que estábamos Passarella y yo, “en Inglaterra marco a todas las torres y no me hacen un gol. No puedo creer que me haya comido un gol de este”. Ahí, contra Paraguay, Passarella le hizo la cruz y Poyet no jugó más.

En la gira previa al Mundial 2002 con Víctor Púa, Fonseca quedó afuera por una ampolla.
Creo que Púa quería contemplar un poco a Paco Casal y eso lo llevó a citar a cuatro suplentes para la gira previa. Me acuerdo de Diego Pérez, Eguren, Fonseca y otro que no recuerdo, que fueron a la gira previa. Fonseca no podía jugar, pero no por la ampolla, no podía jugar porque hacía como un año que no jugaba. Vino a Nacional y no funcionó. Lo llevó igual y no pudo jugar por una ampolla en un pie, y eso sirvió como excusa para sacarlo. Sé que después Paco rezongó a Víctor (Púa) por haberlo citado. No por haberlo sacado, sino por haberlo citado. Por eso digo que Víctor trató de contemplar a Paco Casal para que no se molestara porque no lo citaba y resultó que después Paco lo rezongó porque lo citó.

“En la Copa América de 1995, Fonseca fue a ver a un brujo para que tratara de curarlo; yo no estaba de acuerdo, obviamente, pero lo acompañé y me di cuenta de que los brujos tienen una virtud: escuchan a los jugadores”

Y en esa gira previa se lesionó O’Neill y se quedó sin Mundial.
O’Neill fue una pérdida increíble. Jugó contra Estados Unidos y ante China y ahí se lesionó el tendón de Aquiles. Nos fuimos a Corea y no se pudo llamar a otro futbolista para suplirlo en la lista.

¿Con Casal tuvo algún trato?
En ese Mundial, Tenfield colaboraba con la selección y dentro de la delegación tenía al Vela Yern que manejaba la ropa y era el que estaba cerca de todo el grupo. Una vez tuve una discusión, bueno no una discusión, él me increpó porque no infiltraba a O’Neill para que pudiera jugar. En la concentración, los periodistas entraban a ver las prácticas de tarde, y para que un jugador jugara, Víctor necesitaba que ese futbolista jugara en la práctica. Pero yo a O’Neill no podía dejarlo jugar, porque no estaba bien de la lesión. A Paco le dije que no podía hacerlo.

Voituret recordó que cuando era el médico de la selección en la Copa América de Uruguay 1995, Daniel Fonseca quiso ir a ver a un brujo por una lesión de rodilla; él se negó, pero a pedido de Francescoli, lo acompañó a Parque del Plata para dejarlo tranquilo y que se diera cuenta de que lo único en que lo podría ayudar el "Huesero", era en la parte emocional

¿Cómo vivió ese Mundial 2002?
Toda mi vida añoré estar en un Mundial, y durante el Mundial añoré no estar viendo el Mundial por televisión con mis amigos. El ambiente no era malo, pero tampoco era bueno. El mejor lugar era cuando estaban con Walter Ferreira, que era todo alegría y unión, pero el grupo no estaba unido porque no tenía líderes. Tenía un líder que era bueno en el campo, pero no fuera del campo que, era Paolo (Montero). No había unión. El Chino (Recoba) planteó que él quería estar solo en una habitación y se le concedió, para que jugara al Play, pero no había una buena cohesión. Después en la cancha, dieron lo que podían dar, nadie tiró para atrás. Pero no había una real unión como para que la sumatoria diera un resultado mejor.

Ya que nombró a Walter Ferreira, ¿qué recuerdos tiene?
Recorríamos las habitaciones juntos y si se tenía que quedar hasta las 3 de la mañana lo hacía. Siempre sonriendo, con muy buena disposición. Era de esos tipos que se subían al hombro a los jugadores, y que había pocos así. Era sumamente querible.

¿Cómo vivió el encarcelación de Figueredo?
Con Figueredo nos llevábamos muy bien. Después, ¿cómo viví cuando se descubrió todo ese embrollo que hubo con él y con todos los presidentes de las Asociaciones de América? Nos sorprendió y no nos gustó nada. Pero la etapa con él de presidente, fue una muy buena relación. Siempre suponíamos que en la Confederación Sudamericana las cosas se manejaban de alguna forma especial.

Para Voituret, Fabián O'Neill fue el mejor jugador que vio e Ildo Maneiro el mejor entrenador

¿Nunca tuvo chance de ir a un club grande?
Sí. El Cr. José Pedro Damiani era presidente honorario de Peñarol Universitario y un día me llamó para decirme que quería que fuera médico de Peñarol. Yo le dije que a mí me encantaría. Le presenté un plan de trabajo. El médico era Alfredo Rienzi en ese momento. Fue aprobado por unanimidad en la directiva. Pero luego de una semana, me llamó Damiani y me dijo: “Dr. usted va a ser el médico de Peñarol, pero tiene que esperar un poquito. Porque ayer me llamó Marta Canessa, la esposa de Sanguinetti y me pidió por el nene, el nene era Alfredo Rienzi, y yo no puedo decirle que no”. El que me bloqueó fue Sanguinetti a través de su señora y por eso no fui a Peñarol. Me acuerdo que Diego Aguirre que era el técnico, un día me dijo: “Nosotros estábamos esperándote”. La fuerza que tenía entonces el Partido Colorado en Peñarol, era muy grande.

“Con los repatriados, había una gran lucha entre algunos jugadores que venían del exterior con el técnico y algunos no se hablaban”

¿Pero cree que fue por un tema político?
No. Fue en defensa de Alfredo. No sé si no fue masonería, porque también ahí hay un peso muy grande. No sé si habrá sido por eso, porque yo no la integro. Pero sí pesa muchísimo en Peñarol.

¿Cuál fue el mejor jugador que vio?
Cuando fuimos a una gira por Europa, previa al Mundial 2002, con Osvaldo Giménez y Víctor Púa, fuimos a ver a O’Neill con Perugia, contra Milan y él jugaba de “5”. Pocas veces vi jugar a un futbolista como O'Neill en esa época. Por eso su pérdida para el Mundial de 2002 fue durísima, porque era el mejor jugador que teníamos, lejos. También Enzo (Francescoli), Ruben Sosa que lo conocí en Danubio con 15 años. Daba gusto mirarlos.

¿O’Neill era más que Recoba?
No te nombré al Chino, era espectacular. Pero en aquel momento, el mejor era O’Neill, un jugador sumamente completo. Recuerdo que previo a ir a Australia, el Chino se lastimó en el estadio y se quedó rengueando. Yo no lo quería sacar ni en broma porque era insustituible. Y se tiró al piso y Víctor Púa me empujó para que fuera a atenderlo y yo le dije: “¿Por qué no vas vos?”. Me calenté con él porque me empujó, y no lo fui a atender. Porque conociendo al Chino, si lo iba a atender, me iba a pedir para salir y yo no quería que saliera. Era un jugador espectacular.

"El grupo del Mundial de 2002 no era unido. El Chino (Recoba) pidió una habitación para él solo en la concentración de Corea para jugar al Play Station", recordó Voituret

¿Quién fue el técnico más importante con el que trabajó?
Maneiro, de quien tengo el mejor recuerdo. También me gustó muchísimo trabajar con el Bebe Castelnoble. He trabajado con más de 60 técnicos en todos estos años. El tipo que más me sorprendió por las cosas que decía y hacía, era Maneiro. Estaba tres jugadas adelantado.

¿Cómo vive este presente de Danubio, en el cual trabaja, que está muy cerca del descenso?
Es muy duro, lo vivo todos los días. Porque me acuerdo de toda la historia de Danubio y cuesta mucho. Espero que pueda levantar. Espero que no haya descenso y si nos toca bajar, porque todavía no hemos bajado, que nos toque volver rápido.

“Los militares utilizaron mucho políticamente el triunfo cuando ganamos el Sudamericano de básquetbol de 1981”

¿Tiene algún hobbie?
Sí, la cría de canarios, un muy buen criador de canarios. Son mi cable a tierra. Tengo un criadero chico en casa, pero hoy tengo 300 pájaros. Me encantan.

¿Cómo le gustaría que lo recordaran?
¡Pahh! Linda pregunta. Cada vez que cumplo años me encuentro con saludos de gente increíble que me recuerda. Quiero que me recuerden como el tipo que los ayudó, mi vida siempre ha sido ser solidario. Siempre intenté ser solidario y lo aprendí de mis padres y de todos mis amigos.

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