18 de marzo de 2015 18:44 hs

Hay un dicho en inglés que Hollywood está obligado a obviar. Al traducirlo al español, diría algo así: “Si no está roto, no lo arregles”. La máxima podría aplicarse a un sinfín de películas que han intentado adaptar clásicos de la historia del cine para audiencias más jóvenes, con la idea errónea de que, si funcionó una vez, puede hacerlo de nuevo con cambios.

Sin embargo, cada tanto surgen excepciones a esta regla y Cenicienta, dirigida por Kenneth Branagh y protagonizada por Lily James, es una de ellas. El filme es una nueva adaptación en “acción real” del cuento de hadas que popularizaron los hermanos Grimm y que luego Disney convirtió en una de sus películas más celebradas de la historia, con su versión animada de 1950.

Con un ensamble de actores de carne y hueso, el resultado de este nuevo emprendimiento cinematográfico es un filme que logra ser entretenido y que no se siente antiguo, pese a que mantiene la misma estructura narrativa que convirtió a la animación de Disney en un clásico.

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No hace falta repasar detalladamente la premisa del cuento porque está toda allí, hasta el último de los detalles. Está la odiosa madrastra malvada (Cate Blanchett) y sus hijas, las hermanastras envidiosas (Holliday Grainger y Sophie McShera), el anhelado Príncipe Encantador (Richard Madden), la divertida Hada Madrina (Helena Bonham Carter) y su carruaje hecho a partir de calabazas y animales, y hasta los pequeños ratones amigos de Cenicienta.

Parece que Branagh –quien ha protagonizado y dirigido varias adaptaciones cinematográficas de Shakespeare– y el guionista Chris Weitz entienden que, si desean aplicar algo de humanidad a estos personajes unidimensionales, deben acudir a varios recursos como narradores.

Por ello es que, por ejemplo, abundan las pequeñas cuotas de humor a lo largo del filme. Muchos de esos pequeños momentos son provistos por la madrastra que, encarnada por Blanchett, hace brillar su maldad frívola y codiciosa con suma gracia. Las hermanastras también aportan lo suyo en el plano de comedia.

De todos modos, es indiscutible que si no fuera por el trabajo protagónico de Lily James la película no funcionaría. La actriz de la serie Downton Abbey logra cargar con simpatía y con naturalidad su rol de la servicial huérfana, aunque por momentos parece pecar de excesiva bondad innata que viene atada con el papel de ser una “princesa de Disney”. Incluso lo mantiene estando en una situación de abuso y maltrato psicológico del que solo planea escapar cuando conoce a quien será el amor de su vida. Es por ello que cabe preguntarse si, en este nuevo filme de Disney, no hay una oportunidad perdida a la hora de construir una protagonista femenina que no necesite ser una damisela en apuros en busca de un príncipe que la rescate.

De todas formas, a medida que la película progresa, los personajes de Cenicienta, tanto buenos como malos, muestran una sensibilidad creíble, pese a que se encuentren inmersos en un mundo mágico, minuciosamente construido gracias a los ambientes que destacan por sus vestuarios y escenografías. No obstante, para los ojos más atentos, el encanto se esfumará brevemente cuando la película recurra al uso de la imagen generada por computadora. Así, hasta algo tan mundano como un ciervo parecerá un ser extraño y completamente falso.

Pero, más allá de esa anotación técnica, la magia y frescor de Cenicienta se mantiene intacta desde el “Érase una vez...” que inaugura la película hasta el dichoso “El fin” que cierra el relato y da pie a los créditos.

Próximamente será el turno de Bill Condon y la británica Emma Watson de traer a la gran pantalla otra versión actuada de La bella y la bestia. Si deciden continuar por el camino de Branagh y James, tienen el éxito asegurado.

Cenicienta, de Kenneth Branagh, es uno de los varios estrenos de esta semana. Conozca el resto aquí

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